Hoy claramente hay dos sectores: los nucleados detrás de la figura de la actual Presidente, llamados kirchneristas con su ahijados de La Cámpora y los demás, peronistas, no adheridos a ella aunque sin un líder que los agrupe. Son células independientes, cuyos líderes visibles son Duhalde, De La Sota, Das Neves, Reutemann y tantos otros.
La ciudadanía se enfrenta una vez más a elecciones para designar un nuevo Presidente y con él, un nuevo grupo de funcionarios para integrar los diversos estamentos gubernamentales que nuestras leyes disponen que administren la República. Muchas modificaciones introducidas a lo largo de los años han dispuesto disímiles sistemas electorales y ahora está transcurriendo un año muy complejo por la diversidad de sistemas en aplicación.
En primer lugar no hay fechas fijas y uniformes en todo el país. Si es bueno o malo, la experiencia se está construyendo, pero la inversión tanto del Estado como de los particulares, en estos incluimos a los partidos políticos, es mucho mayor que si todo fuera en una sola vez, como lo era anteriormente, con un resultado que aún creemos difícil juzgar. Pero este año se introdujo la figura de las “primarias abiertas y obligatorias” que en su teoría debían ayudar a decantar candidaturas que no tendrían en las urnas un apoyo que justificara su presencia en el ruedo electoral.
Estamos a dos días de esta ronda, que a esta altura muchos ya consideran como inútil. No nos aventuramos a tanto, pero en las próximas semanas se podrá valorar si el enorme esfuerzo humano y financiero que ella involucró era justificado. A priori, parecería que no, mientras que ese dinero pudo haber sido invertido en construir más escuelas u hospitales. Y no solo una, o uno…
En lo relativo a la nominación de un candidato para la Presidencia por parte de un partido o de una Alianza, tenemos una dura experiencia de fracaso, no tan lejana, a diferencia de alianzas o concertaciones que han tenido éxito en otros países para justificar la gobernabilidad por parte de más de un grupo ideológico que, compartiendo el deseo de un bien común, el desarrollo de su país y el bienestar de sus habitantes, han logrado trabajar exitosamente. Nosotros no lo hemos sabido hacer, y para peor, en estos momentos nos enfrentamos a dos soluciones.
Por un lado el kirchnerismo ha cimentado su poder en una amplia profusión de dádivas otorgadas a lo largo de estos años a un importante núcleo de la población, que le permite contar con un caudal importante de votos a la hora del sufragio. Además, está la destacada cantidad de extranjeros procedentes de países limítrofes, como Bolivia, que según se denuncia han recibido documentos de identidad que los habilitan a votar sin ser residentes ni nacionales. Hay denuncias, pero… Por otro lado no existe un partido opositor con claros proyectos que le permita a la ciudadanía una opción. Existen sectores agrupados alrededor de figuras políticas que han tenido diversas actuaciones públicas sobre cuya base ofrecen soluciones, generalmente poco fundamentadas, como lo eran antes los programas de gobierno que presentaban como opción a la ciudadanía los grandes y tradicionales partidos políticos.
En los años de gobierno kirchnerista el mundo nos ofreció un panorama de desarrollo inusual durante los cuales varias naciones que no integraban el universo de las desarrolladas crecieron a tasas que se denominaron “chinas”, en particular las naciones del BRIC resultaron ser compradoras “compulsivas” de productos de la agroindustria cuyos valores internacionales aumentaron sensiblemente y generaron de parte de un empresariado inteligente de nuestro país la oferta de cantidades de productos pocos años antes impensadas.
La Argentina se benefició de ingresos no previsibles diez años antes. Como resultado lógico de esta mejora económica la población en su conjunto aumentó sensiblemente sus inversiones en bienes y servicios, y toda la industria nacional se fortaleció al tiempo que también se importaban más productos que diversificaban y hacían más interesante la oferta. El gobierno vio la ocasión para aumentar sus ingresos y castigó a los productores introduciendo un régimen de “retenciones” que le trajo un caudal de imprevistos mayores recursos al Estado.
Toda nación en desarrollo, cuando recibe recursos en exceso de sus líneas habituales, busca concretar inversiones que mejoren la situación de sus habitantes en su conjunto. El kirchnerismo lo que buscó fue asegurarse el ejercicio del poder, disponiendo regalías que le aseguraran votos.
Así llegamos a disposiciones que favorecieron a ciertos sectores, con medidas no sustentadas en principios económicos sólidos y perdurables. En este orden debemos mencionar el régimen jubilatorio para personas que nunca trabajaron o que no habían aportado a las cajas de previsión. En todos los países existen las “pensiones” para los casos de personas que no tienen otros ingresos, pagos que se financian con partidas especiales que disponen los presupuestos anuales del Estado, pero jamás puede tomarse para su pago el dinero aportado por los trabajadores que constituye fondos de reserva con un fin específico. Ello trajo como consecuencia que no se cumple con el pago razonable y en tiempo de las prestaciones a los nuevos jubilados, ni se actualizan como la propia justicia lo ha dispuesto, sus remuneraciones.
Para peor, esos fondos aportados por los trabajadores y destinados exclusivamente al pago de las jubilaciones son usados permanentemente para otros fines, tomando el Estado partidas por las cuales emite certificados de deuda, con lo cual lo que debía ser un fondo de capital con reservas para ese fin específico, hoy son papeles firmados por el Ministro de Economía, que no rentan ni siquiera intereses paras su mantenimiento, en una época donde ya llegamos a una inflación cercana al 30% anual, únicamente similar en América Latina a la de los demás países que siguen también líneas populistas como Venezuela, Ecuador o Bolivia.
El otro gravísimo error de este gobierno ha sido su política de subsidios a servicios públicos. Se está destinando una fundamental parte de sus recursos a subsidiar tarifas de servicios, como los transportes o la energía. Es cierto, pagamos los usuarios tarifas hasta diez veces menores que a igual prestación se abona en países limítrofes. En le caso del transporte público, las empresas privadas que lo prestan ante cada boleto emitido por el cual se abonó $ 1,10 el Estado le entrega otros cuatro pesos para completar el costo de la explotación del servicio.
Una parte de la población ha pagado menos. Muy bien. ¿Hasta cuçando podrá mantenerse este engaño? Tenemos experiencia sobrada en devaluaciones y ajustes de tarifas que hubo que disponer luego de engañosos años de bonanza seguidos de inflaciones incontrolables. Ninguna nación pude soportar absorber esos costos, y este ajuste será una obligación ineludible que el próximo gobierno deberá afrontar, por doloroso que sea.
Pero paralelamente a este despilfarro, el gobierno ha realizado y realiza gastos que significan verdaderas estafas al erario público. Son harto conocidos los excesos en costos denunciados en diversas instancias que aún no han recibido la condena que la mayoría de la población exige, en causas cajoneadas durante años. Los casos de obras públicas, necesarias, pero cuyos costos no tuvieron relación con la realidad son abundantes. Skanska es un ejemplo. Los casos de concesiones a 20 o 30 años a amigos del entorno presidencial son numerosos y no permiten tener buen concepto de quienes los han autorizado ni de quienes de ello se han beneficiado.
Nuestro sistema de autonomía federal también está en crisis. El Poder Ejecutivo central, como recaudador nacional debe girar determinadas partidas de fondos a las Provincias según un sistema preestablecido, pero por abuso de su poder presidencial, la Provincia de Santa Cruz recibió 63 veces más fondos por persona que el gobierno de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, además de nunca haber rendido cuentas de los tristemente famosos fondos de regalías petroleras que esa Provincia recibió, cuando la gobernaba el Dr. Kirchner.
El caso de la empresa aérea LAFSA, estatal, que nunca tuvo aviones ni voló un kilómetro, que tiene presupuesto en sueldos en todos los balances anuales desde hace años no tiene justificación. El caso del desvío de fondos entregados a las Madres de Plaza de Mayo para la construcción de viviendas debería ser investigado a fondo para escarmiento de los culpables de un engaño de esa magnitud. Nadie duda de la necesidad de construir viviendas populares en todo el país, pero si se asignan fondos, lo que es totalmente acertado, es inadmisible que no se controle que ellos se utilicen en sus fines específicos y no para la compra de suntuosas mansiones, automóviles o yates de de lujo.
En un país que tiene comprobadas reservas de hidrocarburos, la ineficaz política llevada a cabo estos años obliga hoy a importar gas y gasoil. El gas a la producción local se le paga a un precio cinco veces menor al costo del gas importado. El Uruguay, país que no cuenta con petróleo en su subsuelo, importa gasoil igual como lo hacemos ahora nosotros, pero ellos pagan cerca de 20% menos por tonelada que la Argentina. Evidentemente hay una negligencia en las contrataciones de compra, o un desvío de fondos.
Todo esto ha provocado que, con un aumento muy importante en los recursos del Estado en estos ocho años, mas de la mitad de la población recibe sus salarios sin control estatal, sin aportes sociales. Cerca del 40% de la población total tiene ingresos por debajo de la canasta de ingresos mínimos que decentemente es necesaria para vivir. Los sindicatos señalan que la canasta mínima para una familia tipo cuesta cerca de cuatro mil pesos mensuales, pero más de la mitad de nuestra población percibe mucho menos que eso.
El Poder Ejecutivo nos informa que las reservas del Estado (desde el año 2007) son superiores a lo cincuenta mil millones de dólares, y que la economía ha crecido durante estos últimos a una tasa del nueve por ciento anual, con una base monetaria superior al 40%. Si todo esto fuera cierto, podemos preguntar: ¿Por qué las reservas permanecen estancas? La verdad es que hemos perdido la mitad de ellas, a valor real, debido entre tantas otras razones a que la salida de capitales, a razón de más de diez mil millones de dólares anuales, promedio, ha hecho trizas estas reservas.
Con todo este panorama, del cual lo relatado son sólo algunas de las tantas píldoras que son observables diariamente, ¿a quién debe la ciudadanía dar su voto en las próximas elecciones?
Ojalá todos tengamos ocasión de escuchar propuestas de todos los candidatos. Hay diez candidatos a ocupar el Poder Ejecutivo, y un total de más de 30.000 aspirantes a un cargo electivo. Entre ellos sin duda hay ciudadanos probos, honestos, que podrían enderezar este barco sin timonel. Barco que tiene una maquinaria poderosa, los recursos de nuestra agroindustria motorizadota de nuestra economía desde siempre, y una ciudadanía trabajadora, deseosa de un gobierno que le permita vivir decentemente, educar a sus hijos para que tengan la posibilidad de un futuro mejor, y que sobre todo, combata el narcotráfico, que mina sus esfuerzos, que combata la corrupción, que destroza la nación y la desprestigia cada vez más en el concierto de las naciones civilizadas y democráticas del Universo.
Amigos, piensen, analicen antecedentes, juzguen, y luego voten. Todos debemos expresar nuestra opinión a través del voto, del voto positivo. Todos debemos votar. No hacerlo, es seguir condenando nuestro futuro.
Hasta la próxima semana, amigos,
Alejo Neyeloff
alejo@neyeloff.com.ar