Y cuando vemos la realidad actual de la provincia de Jujuy, nos damos cuenta que ese cartel es otro producto más de la imaginación oficial a quien le gusta relatarnos cosas que no existen, o interpretar las situaciones de una manera diferente a la que la vivimos los argentinos “de a pie”.
En estas difíciles horas que vive la provincia, la Nación ha brillado por su ausencia. Es más, podríamos decir que la absoluta indiferencia que ha demostrado el gobierno nacional en este tema, pareciera decirnos que ni siquiera somos parte de la Nación.
Mientras en Jujuy morían jóvenes, producto de la necesidad y la miseria desesperada, el gobierno sigue, con cruel indiferencia, relatándonos cifras exitosas y su corolario obligado de cada discurso, la necesidad de profundizar el modelo.
Aquí, en Jujuy, la Nación no crece, y podríamos decir que el gobierno nacional ni existe. En el momento más difícil no hemos escuchado hablar de solidaridad desde la Nación ni de una solución que concurra a atender los problemas a los que nos ha llevado el que nuestro gobierno provincial, sea un “incondicional” del modelo. No hemos visto que el gobierno nacional acuda con la misma presteza que nuestro gobierno provincial cada vez que se lo convoca en la Capital.
De esto no se habla. Y así, nuestra provincia queda desarticulada de la Nación y postergada a un vínculo de frágil precariedad que la relega a un lugar secundario.
Aquí no crece la Nación y alguien deberá decírselo a la presidente, para que por lo menos deje de sonreír desde esos carteles que, hoy en Jujuy, se han transformado en una expresión utópica de deseos porque la Nación ni siquiera se ha hecho presente.
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