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Los AbZurdos fallos de Eugenio Zaffaroni

Redacción TN by Redacción TN
8 agosto, 2011
in Opinion
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 Es que aquel que se precie de buen ciudadano, debiera estar estremecido frente a lo que está ocurriendo con este juez (así, con minúsculas), dado en llamar Eugenio Zaffaroni.

Removiendo viejos papeles, éste Zaffaroni de trayectoria incuestionablemente cuestionada, supo ser siempre motivo de titulares de diarios, no tanto por sus logros jurídicos tanto como por sus actitudes paradójicamente reñidas con la Justicia que debe discernir.

Famosa fue la cuestión de no pagar los impuestos porque la ley lo amparaba y que hubo de tributar más por imperio de la presión social que por la justa causa que significan.

Su extendida trayectoria se pierde entre el humo de un porro cuya posesión para él no era delito mientras fuera para consumo personal, criterio muy subjetivo sin duda, pues, ¿cuánto es para cada quien el “consumo personal”? Si acaso hay que ir por la senda de la lógica, aquel que es capturado con un kilo de estupefacientes puede con todo derecho alegar que compró para todo el año. Tan absurdo ejemplo como el criterio para juzgar.

Sirva decir que estas teorías garantistas las explicaba Zaffaroni en sus manuales de derecho penal que fueron formando profesionales del derecho que hoy ya ocupan cargos en la Justicia, formados en el pensamiento de que el delincuente debe ser acariciado cuando acomete contra un ciudadano porque el perjudicado es culpable de la situación marginal de quien lo asalta. Palabras más o menos.

Revisando las viejas crónicas de los maestros griegos mientras me dejaba llevar por los sones de Carmina Burana, encuentro aquella devoción ya mística que nuestros padres fundadores de la Civilización que habitamos tenían por la Justicia y que se hace añicos frente a los fallos de este Zaffaroni.

Para aquellos inocentes, la Justicia en el Estado lo era todo, no sólo la ley, sino la exaltación de las virtudes en su más alto grado de pureza. Sin Justicia, el Estado no podría existir.

Así hemos visto a lo largo de estos años de qué manera a diario hemos leído fallos de este verdadero “gurka” del derecho cuya vida privada por lo menos sugiere dudas y no puede uno menos que sentirse amenazado por la inseguridad, pero no esa que representa al violento con el arma en la mano asaltándome; sino esa otra inseguridad que procede del relajamiento de la virtud en los funcionarios.

Porque, estimado lector, ¿qué se puede esperar de la sentencia de un individuo permisivo hasta la promiscuidad misma? Y vaya que no es que me suba al carro de la crítica fácil sino que hablamos desde la tribuna democrática que precisa de una Justicia limpia para que el hombre común se sienta seguro de que sus derechos y garantías serán respetados.

¿Cómo pensar en aspirar a esa Justicia cuando el Magistrado del Máximo Tribunal reconoce públicamente haber incursionado en actitudes hasta reñidas con el patriotismo? Y digo así porque este individuo acepta muy suelto de cuerpo que posee una cuenta en un banco suizo, ejemplo de manifiesta desconfianza en su propio país, donde se eleva como pedestal de la Justicia. En su descargo admite una parte ese dinero que repatriará será donado a la fundación de las “Madres”, ¿será en pago por la defensa de Hebe?

Pero es el costado moral de este sujeto el más preocupante. Si un rótulo debiera caberle sería aquel de disoluto, cuyos sinónimos lo pintan de cuerpo entero: libertino y licencioso. ¿Qué me he salido de la línea? ¡No, de ninguna manera!, pues si los jueces hablan por sus sentencias según indica el Derecho, éste magistrado de bazar barato ha firmado sentencias que son sencillamente escandalosas para el hombre de moral.

Sus fallos lo pintan de cuerpo entero a este personaje. En el Expediente que dice: C.N.Crim. Sala VI (Def.) – Elbert, Donna, Zaffaroni – (Sent. "S", sec. 23) / c. 17.415, TIRABOSCHI,J. / Rta: 26/4/89., (ver fallo) donde se ventila el caso de un degenerado que intentó abusar de una niña de tres años y fue descubierto, evitaré lo escabroso de la primera parte para reproducir sólo el párrafo siguiente: “ Teniéndose en cuenta que el único hecho imputado al procesado se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor, que no registra antecedentes, que confesó plenamente el hecho y que demuestra arrepentimiento, parece ajustado a derecho la pena de 3 años de prisión, de efectivo cumplimiento”. Invito a los lectores a buscar el fallo cuyos fundamentos arrasan mi barrera moral de lo permitido por educación y buen gusto, pero qué pensar de un tipo para quien una “violación con la luz apagada” no es tal.

Este es el mismo Juez para quien el robo de un auto en la vía pública tiene menor reproche jurídico porque el vehículo así estacionado parece un coche en situación de abandono. Cuando terminé de leer ese fallo, sinceramente, corrí a guardar mi  Audi A6

En los años ochenta cuando se reformó el Código Penal, fue de los primeros en apuntar la doctrina de la absoluta libertad, tergiversando el sentido del Artículo 19 de la Constitución Nacional, abriendo la puerta a una flexibilización inmoral de las penas. Con ese criterio partió en punta predicando que la tenencia de estupefacientes para consumo personal no constituye delito, como tampoco lo es tener algunas macetas con plantitas de marihuana.

No menos estremecedores son otros fallos, como aquel (C.N.Crim. Sala VI (Def.) – Argibay, Zaffaroni, Elbert – (Sent. "S", sec. 23). c. 17.782, CAMACHO, A. Rta: 29/6/89. ),  (ver fallo) donde un cargamento de mercaderías que los transportistas se birlan en el camino, no es una acción indebida pues hay que tener en cuenta que “el "debido tiempo" de la restitución estaba establecido por el tiempo del transporte y no era necesario fijarlo mediante intimación”. O sea, si se atrasa en llevar lo que le encargan, ya es suyo. Una alhaja

El listado es más largo, evidentemente, pero es dramático que no hayan sido estos fallos absurdos los que lo cuestionen sino el descubrir que en inmuebles suyos se ejerce la prostitución de alto vuelo, tan alto que él no se dio cuenta. Ese criterio del dicho juez nos llevaría a pensar que, o bien lisa y llanamente este personaje se ríe en la cara de todo un país, o bien obró con la imprudencia y negligencia debidas en algo tan elemental que uno bien puede dudar de su capacidad para estar ocupando un sitio en el Máximo Tribunal.

La reputación (que no son las primeras seis letras de esa palabra, como diría ese cantante guatemalteco), es un valor agregado sino el primer valor en un Magistrado. Pero veamos con qué lógica obra este falaz individuo, pues si una “violación con la luz apagada” no es tal; tener prostíbulos sin saberlo en inmuebles propios pero percibir el alquiler, lo excusa del cargo de proxeneta. Paradójica actitud de esta Zaffaroni que mientras la misma Presidente elimina el Rubro 59, él lo promociona sutilmente y al más alto nivel; hasta proponemos un aviso: “Dpto. de Magistrado. Vení que te movemos el expediente”.

Que teniendo tantos inmuebles, en uno se ejerza la prostitución, a cualquiera se le pasa el detalle; que ocurra en dos departamentos, es una casualidad; en tres, es mala fortuna. Pero en media docena y encima atendidos por conocida “pornostar” y publicitados en lugares top, esto ya hace que aquel caso del juez de tostado caribe en “Spartacus” se parezca a tomar el té en el Patio Bullrich.

Pero la culpa no es del chancho, dicen y tienen razón, porque cuando este sujeto ingresa a un teatro el público lo recibe con una ovación y reconocidos periodistas y artistas firman en su apoyo una solicitada diciendo que no se les “escapa el rol que cumple Zaffaroni en esta sociedad y en este momento de la democracia argentina"

No tiene desperdicio el párrafo que sigue: "Como abogado, jurista, profesor y doctrinario del Derecho, legislador y constituyente, ha sido siempre un fiel defensor de las garantías constitucionales, los valores democráticos, la protección de los más débiles” Garantías constitucionales son todo se puede, valores democráticos es la evasión impositiva y la fumata de alucinógenos y los más débiles son aquellos que nos descerrajan un tiro en la nuca porque ese día consumieron un “pako” en mal estado.

Esta movida a favor de un juez sospechado de andares por la banquina moral es más que sugestiva: ¿qué hubiera pasado si los departamentos hubieran terminado perteneciendo a Mauricio Macri o Francisco De Narváez?

Mi glándula pituitaria se estriñe cuando encima un pesudointelectual como Horacio González del autotitulado grupete “Carta Abierta” dice sin desenfado que  “quieren atacar "el núcleo ético" de la Argentina ", al criticar a Hebe de Bonafini, y Zaffaroni; la primera que incitó a tomar los Tribunales y el segundo no merece mayor análisis ético. Si ésta es la ética de la República, mejor voy pidiendo alojamiento en “El Porvenir”, la isla de Jücaro y de la cual dicen que haría palidecer al mismo Edén.

Sujetos como Zaffaroni hacen escuela, es cierto; por eso en Salta hay magistrados como el juez Sebastián Fucho que pasaba el tiempo librando cheques sin fondo mientras sus amigotes de la Cámara de Diputados entre dados y rula decidían su nombramiento. A cambio, él les firmaría luego algunos fallos favorables. Aunque ahora parece que todo quedó “bajo tierra”.

El abuelo repetía aquello de que Dios los cría y el Gobierno los amontona, y es cierto, pues ahora la “Madre putativa de todos los argentinos” (insistiré en aquello de las “primeras letras de esa palabra”), acaba de decir que si “cuestionamos a Zaffaroni, somos soretes” –y me disculpo por la mención tan soez de esta lechuza con pañuelo, pero en defensa de mi integridad moral digo públicamente, si estos son los jueces que me han de juzgar, entonces, prefiero ser un delincuente.

Pero qué va; digo, en un acto de defensa propia no puedo admitir que este “malandra”, que más parece el jefe de una “banda de ladrones”, que hace que la Suprema Corte parezca un “cónclave de rayados” y cuyos fallos son más una “estafa procesal” que una sentencia, represente la Justicia de mi país. Y puedo decirlo así, sin problemas porque no estoy más que amparándome en su propio fallo  (ver fallo) según el cual expresiones como las que acabo de utilizar no constituyen delito de calumnias e injurias. De donde estoy actuando lícitamente y de acuerdo a derecho, ¿O no?

También podría haberle aplicado Su Señoría los motes de ser un “cínico”, un re “piola”, o acusarlo de estar más “ido que Luis XVI”, pero si bien Zaffaroni dice que no constituyen en sí mismo injurias, podrían ser tomadas como tales si el destinatario tiene una susceptibilidad exacerbada; y no vaya a ser que algún comedido le acerque esta nota al Señor Juez, justo cuando no tomó la pastilla.

 Será Justicia.-

fuente elintransigente

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