
Sobre los ladrillos, pálidos de oscuridad, pólvora y el miedo de los años, se extienden luces nuevas con sonrisas de carnaval, la carcajada superpuesta al tamiz del letargo que en la Real
Fábrica de Artillería se respira. El grito remoto de un órgano resurge como si se tratase de un volcán. Que vuelve. Que nunca se ha ido. Que reaparece tras un apaciguamiento lento que al fin estalla como si fuera confeti. Rojos, verdes, azules, amarillos. Las paredes se manchan fugazmente de formas elocuentes. Círculos, cuadrados, rombos, cuerpos, abstracción. La música dicta el ritmo y las proyecciones armonizan, escrutando las posibilidades de los muros, ajados por el inevitable paso del tiempo. El único protagonista, en realidad, aunque haya toda una puesta en escena a su alrededor, golpes de percusión y voces, es la máquina sonora que ha creado la Fundación Alqvimia Musicae y que mostró en la noche de ayer por primera vez ante los espectadores en una exhibición bajo el título «Prometheum, la luz de las artes», en colaboración con el Ayuntamiento de Sevilla. Una experiencia audiovisual que parte, en el fondo, de la tecnología. El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, junto al delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo, Antonio Muñoz, asistió a la presentación en la que concluye y, de otra forma, empieza el proyecto de la Fundación Alqvimia Musicae, que transformó a través de un proceso de digitalización y restauración la antigua consola del órgano de la catedral, retirada en el 2003, hasta dar con algo más complejo que un instrumento: un órgano virtual con diferentes funciones, como la creación de atmósferas ambientales. A partir del mismo, han ideado una experiencia audiovisual. Abraham Martínez, fundador de la entidad y director artístico y musical, desde los teclado s, estuvo secundado por David Lagares (bajo-barítono), Alfonso Padilla (saxofón), Antonio Alcántara (percusión sinfónica), Álvaro Garrido (percusión étnica) y José Roldán (asistente órgano). Las artistas Beatriz Rivas y Lucía Núñez, por su parte, se hicieron cargo de las proyecciones. Y juntos construyeron una obra fugaz e irrepetible, tatuada tan solo en el aire de los vestigios más elevados de lo que fue una fábrica de cañones. Con una versión simplificada de este ejemplar, en el que se agolpan los ecos pregrabados de otros órganos, los miembros de la fundación tienen tiene un recurso más para emplear en sus conciertos. El próximo será, por ejemplo, en el Festival Internacional Ciudad de Úbeda. Con la propuesta de anoche se adentraron en las tinieblas con rugidos de altavoces y redobles disonantes, explorando un extraño universo donde todo parecía posible. Los dedos fueron deslizándose sobre las pantallas, ávidos de alcanzar al fin el brillo como meta de un viaje, mientras un camino de escalas, sintetizadores e imágenes volubles y cambiantes acompañaban a la audiencia. Aquello era la demostración de las posibilidades de lo inventado. La luz de Prometheum Aprovechando este encuentro con un público reducido, Abraham Martínez trató de explicar el nombre con el que ya han bautizado a la máquina, Prometheum, que a su vez fue el hilo conductor de las piezas sobre las que improvisaron: «Prometheum, Titán castigado por los dioses del olimpo por entregar el fuego a los hombres, y más tarde robar las artes a Atenea para también entregárselas a la humanidad, es el gran benefactor de las civilizaciones desde el punto de vista mitológico». A lo que añadió, mediante una carta, lo siguiente: «El fuego de Prometheum es esa luz tenue, parpadeante, que ilumina nuestras sombras y nos abre al misterio, permitiéndonos trascender. Las artes son la llave para acceder, a través de la belleza transformadora, a la iluminación». De antigua consola en desuso a instrumento innovador Este proyecto germina cuando la consola del órgano de la catedral de Sevilla, la cual fue fabricada por Organería Española S.A en la década de los 60, fue sustituida por otra de transmisión y electrónica más moderna en el 2003. Ya en desuso, el viejo artilugio que antaño llenó de melodía el templo mayor de la ciudad llegó a la Fundación Alqvimia Musicae, desde donde se resistieron a que quedara en una habitación atestada de polvo. Así entendieron la reinvención como única salida. Digitalizaron los teclados y registros de la consola para convertirla en un órgano virtual a través del software Hauptwerk, que permite una amplia variedad de funciones más allá de las más tradicionales; crearon una escultura que le sirve de armadura a la maquinaria y, con todo ello, idearon una puesta en escena con proyecciones de imágenes que se adecúan al espacio arquitectónico y a la obra que se interprete. Es decir, una exhibición efímera con un instrumento o, mejor dicho, una máquina sonora radicalmente única como protagonista. La restauración contó con el apoyo económico de las fundaciones Cajasol, La Caixa e ICADA, así como la colaboración del alumnado del Instituto Tecnológico ADA ITS, lugar en el que permanecerá el instrumento permanentemente tras esta presentación, experiencia sensorial que Alqvimia ya utiliza en sus conciertos.
FUENTE DIARIO ABC:
https://sevilla.abc.es/cultura/sevi-maquina-sonora-nacio-organo-catedral-202009040751_noticia.html
