
El Vaticano dejará de imprimir desde este miércoles su diario oficial fundado en 1861, L’Osservatore Romano, a raíz de la crisis originada por el coronavirus Covid-19.
Según una nota interna, el Dicasterio vaticano de las Comunicaciones decretó que este miércoles sea la última impresión “garantizada” del histórico periódico.
Así, desde el jueves, las 20.000 copias diarias actuales pasarán a ser “cerca de 10 en formato A3”, según la nota interna, por lo que su edición en papel quedará restringida al papa Francisco, al pontífice emérito Benedicto XVI y a un puñado de funcionarios de la Santa Sede.
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Los ejemplares impresos serán entregados por los bomberos del Vaticano y la suspensión de la impresión se dará “hasta próxima indicación”.
Si bien fuentes hicieron hincapié en la “crisis” derivada de la pandemia como el disparador de la resolución, el diario del Vaticano es el único periódico de circulación en Italia que decide permanecer únicamente en formato digital.
Vaticano cerrado, pontífice online
Papa a la distancia, durante una audiencia privada, este miércoles. / AFP
El virus ya había provocado otros estragos en la Santa Sede, vale decir: la dejó clausurada, sin misa, sin audiencia general, sin Angelus, y arrastró al Papa Francisco al mundo de la religiosidad online.
Se acabaron los abrazos y saludos desde el Papamóvil o las selfies y mates con los fieles.
La imagen de estos días es la del papa argentino asomado a la ventana del palacio pontifico para dar una bendición a una plaza de San Pedro completamente desierta, pero con cientos de miles de personas siguiendo el ángelus dominical por Internet.
El papa asomado a la ventana del palacio pontifico para dar una bendición a una plaza de San Pedro completamente desierta./ EFE
Incluso durante la Segunda Guerra Mundial, el 19 de julio de 1943, tras el bombardeo estadounidense sobre Roma, el papa Pio XII acudió al barrio de San Lorenzo, donde cayeron más de 4.000 bombas y murieron 3.000 personas y hubo más de 11.000 heridos, para abrazar a la gente.
Salió del Vaticano con su automóvil, llegó a la zona afectada y fue rodeado de miles de personas. Se cuenta que regresó con su túnica manchada de sangre.
Con todos los viajes anulados, la única salida de Francisco fue el 15 de marzo en una Roma vacía que no se enteró de que el pontífice caminó por la céntrica vía del Corso.
Acudió a la Iglesia de San Marcello para rezar ante el crucifijo de madera que quedó intacto en un incendio en 1519 y que tres años después fue sacado en procesión por los barrios de la ciudad para invocar el fin de la peste que la asolaba, por lo que se considera “milagroso”.
Previamente Francisco había acudido a la basílica de Santa María La Mayor para rezar ante el ícono bizantino de la Virgen “Salus populi romani”, muy apreciado por los fieles y venerado durante los siglos en tiempos de guerras, pestes o carestías.
El maldito virus no permite que Francisco, de 83 años, se acerque a los fieles, pero intenta ser cercano a ellos gracias a las tecnologías.
Son muchos las personas que han descubierto que la misa matutina de las 7.00 que el papa celebra en su residencia, Casa Santa Marta, y que estaba reservada a unos pocos, y ahora se emite en directo por el canal de la televisión vaticana y en Internet. Un consuelo para muchos católicos que ya no pueden ir a misa.
Con información de agencias
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Clarín
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