
A ellos dos, y sobre todo a sus seguidores, les gusta pensarse como el agua y el aceite. Dos bibliotecas separadas, con modos diferentes de analizar la historia argentina, detectar los
problemas de la actualidad y buscar soluciones. Dos maneras opuestas de ver la política y su relación con los factores determinantes de la economía. Pero hay algo que los une: al menos en el arranque de su gobierno, Alberto Fernández cosecha elogios similares que los que conseguía Mauricio Macri cuando llegó al poder.
En unos pocos días, Fernández consiguió fotos sonrientes y reuniones de camaradería con jefes políticos disímiles y con posiciones diversas como Benjamin Netanyahu, el Papa Francisco, Giuseppe Conte, Angela Merkel, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron.
Todos los europeos, y el argentino también, se pusieron a disposición de Fernández para ayudar, al menos nominalmente, con la renegociación de la deuda con el FMI y enviaron mensajes para que los escucharan los acreedores privados. La jefa del Fondo, Kristalina Georgieva, también se mostró receptiva a los pedidos de Martín Guzmán, y en el oficialismo calculan que muy probablemente el organismo de crédito terminará postergando los pagos para cuando la economía pueda arrancar.
Esas declaraciones de buena voluntad son lo que fue a buscar el Presidente en su gira boreal. Macri conseguía promesas similares de los jefes de Estado cuando viajaba por el mundo para pedir inversiones que lo ayudaran a salir de la postergación que le había dejado como herencia el populismo de Cristina Kirchner.
Macri se volvía con la valija llena de fotos pero las inversiones para la economía real no llegaban a Ezeiza. Por lo que se ve hasta ahora Fernández afronta una situación similar. Las sonrisas proliferan en el Vaticano, Berlín, Madrid y París, pero en La Plata Axel Kicillof no consiguió la aceptación necesaria para postergar poco más de tres meses el pago de 250 millones de dólares y en la Plaza de Mayo el equipo de Guzmán obtuvo la aprobación de sólo el 10 por ciento de los ahorristas para cambiar el Bono Dual por otros que vencerán el año próximo.
Eso puede cambiar, por supuesto. No son tiempos de agregar pesimismo a una situación que se impone como deprimente sin ningún empujón. Pero el encargado de despejar esas similitudes con su antecesor es el Presidente.
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Clarín
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