
Las minucias de campaña conviven con las batallas cósmicas que enfrentan, en plena crisis económica y en plena campaña, a actores permanentes del mismo escenario. Una de ellas es por las consecuencias del fallo de la Suprema Corte de Justicia en favor de la anulación del recorte de la coparticipación para bajar el IVA
. El Gobierno debió esperar este resultado, porque expresa una jurisprudencia que el tribunal ya afirmó en el fallo SanCor de 2015 —la demanda de Santa Fe, Córdoba y San Luis con la que debutó Macri presidente. Puede quejarse de la oportunidad, pero el momento expresa el poco respeto que le tiene la Corte al Gobierno, al que cree desprestigiado por su malandanza en las PASO, y ninguneado por sus funcionarios.
Querrían un mejor trato, aunque les limitase la libertad de acción. La Corte también ha pasado a ser un club de librepensadores. No está mal porque se le pide competencia técnica, pero eso de que el máximo tribunal tiene que actuar sin relación con la política, es lo que separa la gestión política de jugar al Estanciero. La reacción del Gobierno divide a las tribus oficialistas. Un sector, Marcos Peña, fomenta esa idea de ir a la Corte y pedir una audiencia, que revele ante el público las contradicciones del peronismo, que quería la baja del IVA en decenas de proyectos, y ahora se queja de que lo decida el Gobierno con cargo a las cuentas de la coparticipación, o sea, a pagar entre todos.
Otro lote del oficialismo, que en los debates internos de la semana representó un Federico Pinedo, promueve que Macri derogue los DNU y que se reponga el IVA sobre los productos desgravados. Peña sostiene que el Gobierno tiene que proteger el bolsillo e insistir en aclaraciones. Sus contradictores replican que cuando el público advierta que son los gobernadores peronistas que sostienen a Alberto Fernández quienes reponen el IVA, el Gobierno mejorará su perfil electoral. Hay para todos los gustos, pero es cierto que ir a una pelea en bloque con todos los gobernadores alineados frente al Gobierno, sólo ayuda a abroquelar a la oposición antes de las elecciones. Tenerlos a todos los peronistas juntos ha sido la desgracia para el oficialismo en las PASO; favorecer que sigan unidos no parece la mejor táctica. Es un tema abierto.
De un lado y del otro hay tanteos del terreno en medio de la noche, empero, y hay pocos technicals inamovibles que conviene retener para entender lo que puede pasar: 1) el público y el mercado ya descontaron la incertidumbre, porque el Gobierno ya adelantó las medidas que se temía que tomase un eventual gobierno peronista. Eso allana los tumultos ante cualquier resultado electoral. La guerre de Troie n’aura pas lieu (La Guerra de troya no ocurrirá), es el título de una obra famosa de Jean Giraudoux. 2) Los gobernadores peronistas son quienes la bajaron a Cristina de la fórmula. Por eso se entiende del abrazo de Alberto con ellos. Son el poder en el partido, y lo serán en el futuro. La polvareda en el horizonte no es Cristina que puede venir, sino Cristina que se va —cualquiera que sea el resultado de las elecciones. Macri tiene que aportar lo suyo: demora decir qué programa tiene para otros cuatro años de gobierno y, tan importante, qué hará si pierde las elecciones. Cambia todo si dice que se retira de la política, como dicen sus adversarios para esmerilarlo, o asumirá la jefatura de la oposición como presidente del Pro en un cargo VIP, por ejemplo jefe de Gabinete del gobierno de la Ciudad. Cuando Vladimir Putin no pudo ser presidente, se recicló como primer ministro de Rusia y recuperó el poder. Ese cargo quedará vacante a fin de año, pase lo que pase. Nadie quiere seguir a un caudillo que dice que si pierde se va a la casa, y más si está al frente de una UTE y no de una formación histórica como el peronismo o el radicalismo. Seguir será una muestra de voluntad de hacer política. Antes ha dicho que se retiraría después de 8 años, siguiendo el modelo de su ídolo José María Aznar. Pero éste se fue en gloria y majestad, como Putin. El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene, dictaminó Giulio Andreotti, que se nos fue pero aún nos guía.
Más lecciones de Mendoza
Cuando se sienta, en descansaderos del itinerario de campaña, Mauricio alza las manos con aire de desconcierto y pregunta: “¿Alguien me puede explicar lo de Mendoza?”. Lo de Mendoza es el giro en los resultados entre la aritmética de las PASO y los resultados electorales. Todavía hay que explicar en detalle que en esas alturas del poder, una cosa es una elección interna de un partido, en el que se validan e invalidan candidaturas, y otra la confrontación de partidos entre sí. En el primer caso, se registran y suman adhesiones; en el segundo, se excluyen opciones. La singularidad criolla es que en las PASO de cuño peronista, la simultaneidad produce monstruos, como los sueños de la razón de Goya. A nadie se le ocurre confrontar los resultados de las primarias de los Estados Unidos, que transcurren en fechas y lugares distintos, entre, digamos, Donald Trump y Hillary Clinton. Seguramente la dama convocó muchas más adhesiones, en números, que quien le ganó las elecciones —que además son indirectas y no importan los votos populares sino los sufragios electorales. La pregunta de Macri sirve para que los entornistas convoquen argumentos que para algunos son una promesa de ventura para el 27 de octubre —es decir que precipite un ballotage— y para otros son anabólicos que generan músculo, pero que pueden nublar la razón con optimismo ya tardío.
La oferta explicativa y los prejuicios
El debate interno en el oficialismo tiene un ardor pocas veces visto, y eso que Cambiemos ha sido, desde antes de nacer, una caldera del diablo. Hay hechos que contradicen los preconceptos que dominan en la oferta explicativa, en la prensa y el planeta de los gurúes, muy devaluado éste por el cataclismo de las encuestas, que es acá y en todo el mundo. Para quienes afirman que hay una ola, está el resultado de Mendoza del domingo pasado, en donde el radicalismo de Alfredo Cornejo — que es además presidente del partido nacional— dio vuelta, como les gusta repetir en el oficialismo, el resultado negativo de las PASO del 11 de agosto. Es un desacierto eso de “dar vuelta” porque el oficialismo conservó los apoyos de 2015 en las PASO de aquel año y, más todavía, aumentó los votos en 1,3 millones. De lo que debería ocuparse en todo caso el oficialismo es que no se le den vuelta esos votos en la primera vuelta de octubre. Un segundo anabólico contradice el prejuicio de que el voto joven es patrimonio de la oposición peronista-cristinista, los filatelistas de mesa de arena ofrecen el resultado de las elecciones en las universidades. Allí ha renacido un aire político ligado más al oficialismo que a la oposición. Es alentador para el Gobierno, aunque su marca no domine en la muchachada universitaria. Hay también una tradición de que el voto universitario ha ido muchas veces a contracorriente del resto de la sociedad.
Los aviones de la discordia o dónde está el piloto
El tercer anabólico es el que contrasta con el prejuicio de que el Gobierno perdió el control de la calle. La aparición de Macri cabalgando escenarios en Barrancas de Belgrano, Córdoba, Santa Fe y ayer en Mendoza, señalan una contraofensiva callejera que además muestra al candidato como que ha superado los efectos deprimentes de lo que él llamó el “palazo”. Creen que pueden empardar las manifestaciones del peronismo en actuaciones de Alberto Fernández con empresarios, o de Cristina en sus actos literarios, que exhiben el clásico aparatismo peronista. La exhibición aeronáutica de los gobernadores no ayuda mucho, como no lo ayudó en 2015 a Scioli aquella foto de la cumbre de Tucumán, que mostraba un catálogo de aeronaves. Los aviones inspiran respeto pero son un emblema de opulencia, que salpica a los peronistas que montan su programa en la defensa de los desposeídos. Los candidatos del oficialismo también los usan, pero huyen de la exhibición. Cornejo, el héroe de la semana, alardea de un hecho cierto: el gobernador de Mendoza no tiene avión y viaja en líneas comerciales. Elisa Carrió recorre el mapa del país en auto. Mario Negri iba este fin de semana de Capital a Pergamino, y de ahí a Santa Fe, también en auto. Axel Kicillof los copia, aunque hay pícaros que lo exhiben usando modelos de distinta gama según el camino que debe recorrer. Tanta aeronáutica también mete miedo porque se arriesga, con muchos vuelos, a la estadística de la precariedad. En estas hora escuché un diálogo entre dos dirigentes que debían trasladarse al sur del país. “¿Te llevó? tengo un avioncito”. “¿Qué tenés?” “Un monomotor” — omito mencionar la marca, para no dañar a nadie. “No, dejá, voy en auto, gracias”. Una costera criolla por acá.
La asistencia al voto, el corte y esconder o no a Macri
El capítulo mendocino sigue dando leche, constancias que el oficialismo y la oposición analizan como lecciones para el 27 de octubre. Una de ellas es el aumento de votantes entre las PASO locales de junio (gobernador), las nacionales del 11 de agosto y las generales que ganó el radical Roberto Suárez la semana pasada. Hubo un aumento paulatino, que todavía se está cuantificando en detalle, pero que benefició al oficialismo. Esa es una de las hipótesis anabólicas que alimenta el músculo para octubre. Ya en 2015 los expertos sancionaron que el salto en la participación del público entre PASO y generales benefició mayoritariamente a Cambiemos. Hay que demostrar que eso puede repetirse y mejorar la chance de precipitar el ballotage. La mirada se dirige a parroquias porteñas —Comunas— como aquellas en donde Macri ganó las PASO presidenciales por gran diferencia, pero donde hubo muy baja asistencia a las urnas. Mendoza también acerca reflexiones sobre el corte de boletas. En esa provincia confrontaron en las PASO locales el peronismo histórico y el cristinismo, que logró imponer a la candidata Anabel Fernández Sagasti. El corte la castigó de manera letal. Hubo distritos como San Rafael, en donde el peronismo había ganado con holgura la intendencia, pero esta vez recuperó el radicalismo, que quedó segundo a muy pocos votos. En Maipú el peronismo ganó esta vez la intendencia cómodamente, pero un corte fulminante lo hizo ganador a Suárez a la categoría de gobernador. Y también hay testimonios del no corte, una respuesta a quienes dicen que Suárez ganó porque lo escondió a Macri en la campaña. El candidato del Pro a intendente de Luján, Sebastián Bragagnolo, ganó por 30 puntos el cargo ante el peronismo. Bragagnolo es presidente del Pro mendocino, lo sucede en esa comuna al conservador Omar De Marchi y no lo ocultó a Macri en la campaña. También lo arrastró a Suárez a la victoria en la categoría a gobernador.