
Desde hace varios días, el kirchnerismo perimetral especulaba con la posibilidad de que Cristina Kirchner no fuera candidata a Presidenta en agosto y octubre. Pero ningún comentarista imaginaba ni siquiera en
sus sueños más lisérgicos la posibilidad de que Cristina decidiera competir como candidata a vicepresidenta.
Ese plan no figuraba tampoco en las proyecciones de las encuestadoras, que nunca pensaron en la voltereta que estaba creciendo en la intimidad más profunda de la familia Kirchner.
La jugada abre un camino, el del acercamiento del kirchnerismo con sectores del kirchnerismo que aborrecen a Cristina. Pero, con Cristina en la fórmula, ese camino es tan angosto que aún no se sabe si permitirá que camine alguien por allí.