La versión se robusteció esta semana cuando de manera my sutil, y según la interpretación no de la prensa que sigue de cerca esta zaga sino de funcionarios que tienen sus despachos en Balcarce 50, la presidenta entregó algunas señales.
Dijo durante un acto en Las Heras que “vamos a controlar que nadie se robe nada”. Y el jueves, parafraseando a Juan Domingo Perón, insistió en lo que parece ser una línea de acción sugerida por el líder de La Cámpora: “Los muchachos son buenos, pero si se los vigila son mejores”.
A Larroque, que tomó un protagonismo inusitado en el más cerrado entorno presidencial desde hace algunos meses, a punto tal de que habla con ella todos los días casi tanto como lo hace Carlos Zannini, no le vino un ataque de altruismo. Fue pura especulación política.
Por más que el relato intente taparlo, el hecho de que entre cuatro y cinco millones de personas (“de votantes”, corregiría uno de los confidentes oficiales) vean cada domingo el programa de Lanata, no ha pasado desapercibido en la cima.
Se reconoce en el gobierno, con papeles en la mano, que el escándalo que envuelve al empresario preferido de Néstor Kirchner, aunque no de Cristina Fernández, vuelven a poner las cosas en su justo término los responsables del off the record , le arrancó en dos semanas unos diez puntos en las encuestas de imagen. Justo cuando se recalienta la campaña con vistas a las primarias del 11 de agosto y las legislativas del 27 de octubre, y ella todavía no sabe quién será su candidato para encabezar la lista de diputados nacionales en la crucial provincia de Buenos Aires.
Ese golpe de timón en ciernes se completaría con lo que acaba de ocurrir en la Justicia: el fiscal Marijuan imputó finalmente a Báez y a su hijo por el delito de lavado de dinero.
Y sacó la causa del estado de farandulización a la que Cristina había ordenado en un primer arranque mandarla para desviar la atención no del empresario, sino de otros actores de esa historia de corrupción y dineros que se pesan en lugar de contarse, que empezó a salpicar las alfombras del despacho de Julio “Odio” (apodo que le puso Néstor) De Vido.
Es allí, cuando las esquirlas de la investigación periodística empiezan a caer cerca del arquitecto, que supuestamente Larroque toma cartas en el asunto y recomienda hacer algo antes de que sea demasiado tarde.
Conociendo cómo las juega Zannini con aquellos que se atrevan a cuestionar alguna coma del modelo y de sus protagonistas, no hay otra forma de interpretar sino por el lado de un repentino y estudiado interés del gobierno por entregar alguna cabeza célebre, que en este caso sería la de Lázaro, que Marijuan haya imputado al empresario con durísimas críticas añadidas a la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, y al organismo con nombre de brebaje medicinal, PROCELAC, que ella creó para que todo quedara en investigar perejiles como Fariña, Elaskar, Rossi y Pérez Gadín.
En una interpretación casi de manual, los confidentes del poder dirán que el fiscal “recibió un guiño”. ¿De quién? El secretario de Legal y Técnica tiene a su servicio un influyente abogado que suele recorrer los despachos de Tribunales con recomendaciones y sugerencias a jueces y fiscales amigos o temerosos del castigo divino acerca de cómo deben direccionar sus investigaciones y sus sentencias.
Larroque está persuadido de que soltándole la mano a Báez, la presidenta va a recuperar imagen pública y podrá posicionarse nuevamente en una carrera que claramente viene perdiendo, aunque ella no sea candidata a nada, pero que del éxito de sus candidatos dependerá mantener con vida o sepultar de una vez por todas el sueño de la “re-re”, se sabe.
A fin de cuentas, según una caprichosa interpretación que entregaba el viernes aquel autor del off the record, para los amigotes de Néstor, Cristina “no enviudó, se divorció”.
Y en tal circunstancia no deberían esperan de ella la más mínima compasión ni ayuda. Menos si hay peligro de que todo termine por mezclarse ante los ojos de un fiscal que extrañamente hizo en menos de 24 horas al frente de la causa más que lo que los fiscales puestos a dedo por Gils Carbó hicieron en tres semanas.
Es probable, al mismo tiempo, que “El Cuervo” no tenga sugerencias ni respuestas para los otros dramas que afronta la presidenta, empezando por la disparada del dólar “blue”, el retiro de inversiones claves para la economía, la batalla por salarios que acaban de declarar hasta los gremios afines nucleados en la CGT de Antonio Caló.
Y por si faltase algo, un mayor aislamiento internacional desde que la Organización de las Naciones Unidas puso la lupa crítica sobre el desastroso plan oficial para acomodar a su gusto y placer el formato de la justicia nacional.
Así y todo, nada es tan preocupante como el calvario que la presidenta atraviesa en la provincia de Buenos Aires. Una señal, como aquella vez que debió tragarse el sapo y soltarle a Daniel Scioli los fondos que necesitaba para pagar aguinaldos, ocurrió en estos días y marcó una interesada tregua con el gobernador, producto de sus peores rencores y desvelos.
Las segundas líneas del área económica terminaron de anudar una autorización para que Scioli tome endeudamiento por mil setecientos millones de pesos, que se trabajaba en las sombras desde hace tiempo para no incordiar al famoso “relato”.
Se hizo a la par de nuevos mensajes enviados a La Plata para saber si el gobernador estaba dispuesto a hacerles algún favor en octubre, habida cuenta de que la presidenta sigue sin tener candidato firme en la provincia.
Que Alicia Kirchner no levanta, ni al parecer levantará, en las encuestas, que Florencio Randazzo más por su interés que por el de su jefa, que Gabriel Mariotto si finalmente necesitan que alguien se ponga al frente de esa batalla de final más que incierto.
Nada parece dar resultado. Para colmo de males, Sergio Massa coquetea con unos y otros montado en un impresionante caudal de aceptación popular. Pero siempre les corre el arco. Que lo resolverá esta semana, que a mediados de mayo, cuando no con mensajes según los cuales “jamás” será candidato ni aportará nombres a una lista del cristinismo puro.
La tregua duró lo que un suspiro. Scioli desbarrancó una vez más cualquier ilusión cuando avisó que su única meta es ser gobernador de la provincia hasta diciembre de 2015. Y que ni sueñen con la posibilidad de hacer jugar a su esposa, Karina Rabollini, de buena aceptación social y conocimiento popular en su territorio según varios sondeos, en alguna candidatura para octubre.
Cristina no esperó para hacerle sentir su encono profundo por esa respuesta. Lo sentó a su lado el jueves en un acto en la Casa Rosada solo para destratarlo en medio de las risas socarronas de los aplaudidores oficiales. “Preguntale a Karina, seguro que ella las conoce”, le disparó cuando contó que la justicia italiana había descartado en primera instancia que Cristina haya hecho un tour de compras por la joyería Bulgari, entre otros negocios, durante un viaje a Roma. La cara de piedra del gobernador fue indisimulable.
Componedor hasta el hartazgo, siempre dispuesto a poner la otra mejilla, Scioli se fue de la Casa Rosada dejando en manos de un importante interlocutor un último mensaje. Está dispuesto a no intervenir de ninguna forma en el proceso de octubre, lo cual ya es un alivio para el cristinismo porque significa que no jugará en contra.
Pero quiere a cambio la garantía de que podrá meter varios de sus candidatos en las listas de legisladores provinciales, de manera de asegurarse la gobernabilidad en la provincia. Ese, dijo, será desde ahora el núcleo central de cualquier negociación con el kirchnerismo. Siempre mantendrá en vilo, avisó también para no traicionar, la chance
de trabar acuerdos con el sector de Francisco de Narváez.
La más fresca incógnita que los laboratorios oficiales no logran descifrar, pero que deberán hacerlo dado que aunque siempre bajo cuerda la doctora quiere saber de qué se trata y cuáles los daños que puede recibir, es el primer intento serio desde 2009 a la fecha que ha encarado el peronismo disidente en su conjunto para presentar una alternativa de gobierno en 2015, con escala previa de exploración en las legislativas de octubre.
Todo el peronismo federal pareció estar en aquella foto de Córdoba convocada por José Manuel de la Sota, aunque sólo cuatro o cinco de ellos (el propio gobernador, Lavagna, Moyano, De Narváez, Jorge Busti) hayan aparecido en el cuadro. No es poco.
Y no lo es porque también por primera vez plasmaron sus coincidencias en un documento que tiene todas las pretensiones de ser una plataforma de gobierno para cuando Cristina Fernández deje el poder dentro de 30 meses.
Fuente lanuevaprovincia