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El 7D, el relato y la gobernabilidad

Redacción TN by Redacción TN
2 diciembre, 2012
in Jorge Raventos
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En rigoir, si el gobierno no lo ha hecho hasta ahora es porque, por interposición de la Justicia, no puede usar la ley justamente allí donde pretende: sobre el grupo de medios cuyo vértice es Héctor Magnetto.
 
Para poder darles un alegrón a sus seguidores (y una muestra de poder al resto del universo) el gobierno no dudó en apelar a todo tipo de presiones, en la Justicia, en el Consejo de la Magistratura y –de hecho- sobre la misma Corte Suprema. El presidente del máximo tribunal había exhortado a los jueces a resistir las presiones (las políticas y las corporativas): la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal ratificó esta semana la preocupación de Ricardo Lorenzetti en una nota firmada unánimemente por todos los magistrados que la integran y dirigida a las juezas Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay, que constituyen la Comisión Permanente de Protección de la Independencia Judicial  de la Corte.
 
La nota de los camaristas pone en conocimiento de ellas “la situación de notable excepcionalidad por la que atraviesa este Tribunal  y que afectan la independencia de esta jurisdicción Civil y Comercial Federal”. Enumeran allí las sucesivas denuncias penales contra los magistrados de esa Cámara iniciados por el Poder Ejecutivo o por su inducción, las “actuaciones administrativas iniciadas contra los miembros de este Tribunal por ante la Comisión de Disciplina y Acusación del Consejo de la Magistratura, que se basan en actos ejercidos por la Cámara en uso de funciones propias” y también las “recusaciones planteadas contra casi todos los miembros del Tribunal en causas que enfrentan como litigantes al Estado Nacional contra el Grupo Clarín o empresas del Grupo Clarín”. El resultado conseguido por el gobierno con esas operaciones fue el apartamiento de diez jueces de esa Cámara para evitar que intervengan en el pedido de inconstitucionalidad  de dos artículos de la ley de medios planteado por el Grupo Clarín.
 
“Mi reino por un caballo”
 
Después de semejante estropicio, se supone que el gobierno buscará presentar el  7D un trofeo notable. Ahora bien, se sabe que “es más fácil decir las cosas que hacerlas, a menos que se sea tartamudo”. La Corte Suprema declaró esta semana que la falta de un fallo sobre el fondo de la cuestión de constitucionalidad  planteada por Clarín equivale a negación de justicia y reclamó al magistrado de primera instancia que terminó a cargo del caso un pronunciamiento urgente. ¿Estará ese fallo listo y notificado antes del 7D? ¿Actuará el gobierno en esa fecha sin contar con ese fallo (o en contra del mismo, en caso de que diera la razón al Grupo Clarín?
 
Esta semana el sitio La Política on Line publicó algunas ideas que estaría evaluando la Presidente. “La estrategia que analiza Cristina –señaló-  sería avanzar sobre licencias del interior de Cablevisión, preferiblemente en provincias gobernadas por el kirchnerismo, donde la justicia local esté consustanciada con el poder local. Se trata de un movimiento de pinzas, de la periferia al centro, que busca ir apagando la extension nacional del grupo para reducirlo al area metropolitana”.
 
Aunque plausible y hasta “realista”, la conjetura implicaría una decepción para el kirchnerismo duro y un resultado pobre para las ambiciones épicas con que se ha mostrado el 7D como una circunstancia inaugural. Ese día  “pasará todo” había prometido el ideólogo oficialista Ernesto Laclau. ¿Quedarse  con algunas licencias de Cablevisión en Formosa, Santiago del Estero o Tucumán sería “todo”?
 
“Vamos por algo”
 
Aunque no tiene nada que ver con la aplicación de la Ley de Medios, el gobierno podría quizás poner en ejecución contra la empresa Papel Prensa la recién aprobada ley que regula el mercado de capitales y que, merced a una cláusula incorporada entre gallos y medianoche por el oficialista Roberto Felletti, permite intervenir empresas privadas y “separar a los órganos de administración de la entidad en cuestión por un plazo máximo de 180 días”, medida sólo “recurrible en única instancia ante el ministro de Economía y Finanzas Públicas”.  Quizás hasta podría intentar administrar la misma medicina a Cablevisión. Medidas de esta naturaleza sí confirmarían el perfil intervencionista que pretende el ala más termocéfala del oficialismo y estarían teñidos de los rasgos legendarios que el oficialismo predica de sí mismo. Habría, eso sí que lidiar con las consecuencias.
 
El gobierno se esfuerza por sostener en pie su “relato” en condiciones de retroceso. El fallo de la Corte de Nueva York que suspendió los efectos de la sentencia del juez Thomas Griessa le permitió evitar la cruel encrucijada  que le imponía depositar 1.330 millones de dólares en aquel juzgado (para garantizar el pago a los tenedores de bonos que posteriormente decidiera la Justicia actuante) o disparar de inmediato un default “técnico”.  Ahora bien, el tiempo de tregua otorgado por aquella Corte (hasta fines de febrero) está condicionado a que el estado argentino se comprometa a pagar a esos acreedores –“los fondos buitres”- a quienes hasta anteayer el gobierno se jactaba de no dedicarle “ni un solo dólar”. Para exhibir su  actual voluntad de pago, el Poder Ejecutivo deberá pedir al Congreso que apruebe una norma que anule la actual, que precisamente clausuraba la posibilidad de un pago a quienes no hubieran aceptado los canjes de 2005 y 2010.
 
Los poetas y filósofos de la Corte trabajan ya para explicar en cuerda épica  que lo que se pintaba como malo y “cipayo” (buscar un arreglo para cancelar las deudas que se había decidido ignorar) se convierte ahora en algo bueno y triunfal. Cuando pulan esos argumentos podrán emplearlos también para otros compromisos que el gobierno omite cuando enarbola la bandera del desendeudamiento. Por ejemplo, los fallos negativos del comité de arbitraje del Banco Mundial.
 
La fragilidad del gobierno no se mide sólo por los cráteres que se abren en su  relato interpretativo de los acontecimientos, sino en planos menos literarios. Antes de cumplir un año este gobierno, el peronismo ya está discutiendo quién será su candidato en 2015. La hipótesis de la re-reelección con la que el oficialismo pretendió reemplazar el  creativo artefacto inventado por Néstor Kirchner (el continuismo conyugal a repetición), se ha evaporado. Hasta quienes todavía la mentan lo hacen sin convicción y, de inmediato, sugieren algún Plan B. Julio De Vido, por ejemplo, insiste con la re-re de la Presidente pero por si acaso tira otros nombres. Curiosamente, los nombres que propone (los de Julián Domínguez, Miguel Angel Pichetto y Agustín Rossi) parecen destinados a  promover aquel que dice rechazar, el de Daniel Scioli. Es obvio que los peronistas leen encuestas y saben que aquellos no tienen ni para empezar a competir con el gobernador bonaerense.
 
 
“Se prueban la pìlcha que vas a dejar”
 
Justamente el avance de la figura de Scioli como candidato presidencial en el 2015 es uno de los hechos que subrayan  el debilitamiento político de la Presidente. Que un hombre como el gobernador cordobés José Manuel De la Sota, que siempre buscó mantener distancia del gobierno central, esté ya trabajando por su propia candidatura en 2015 podía ser algo esperable. Pero que Scioli, que siempre apeló a la cautela, el estilo y los silencios para diferenciarse, ahora actúe  (y aliente la actuación de sus seguidores) autorizando su proyección presidencial es una señal de que la situación de “pato rengo” (la pérdida de peso de los presidentes que no pueden reelegirse, que suele producirse al promediar su último mandato) ya, muy anticipadamente, se ha iniciado. Como en el clásico verso de Discépolo, son muchos los que ya “se prueban la pilcha que vas a dejar”.
 
Varios de la decena de  dirigentes de partidos liberales y conservadores con quienes Scioli se reunió esta última semana aseguran que el gobernador –pidiéndoles discreción, naturalmente- les aseguró   que en 2015 será candidato a la presidencia.
 
El tigrense Sergio Massa, desde su exitosa intendencia y con su  notable performance en las encuestas de opinión pública, no descarta que el 2015 lo vea también como postulante presidencial y no (como la mayoría descarta) como candidato a la gobernación bonaerense. En cualquier caso, él está convencido de que para encontrarse con alguno de esos destinos, el año próximo deberá encabezar una lista de candidatos a diputados en la provincia de Buenos Aires. Una lista que puede contar con kirchneristas, pero que no será kirchnerista.
 
¿Habrá en tal caso una lista del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires? ¿Quién la encabezará, cuál será su destino y cuántos diputados podrá aportarle al gobierno central para garantizarle una escolta en su última etapa?
 
Son interrogantes que aluden a las dificultades políticas que enfrentará el gobierno para atravesar los tres años y monedas que aún le restan. Combinadas con un estilo de confrontación permanente y ocultamiento de la realidad  que el gobierno no abandona, esas dificultades pueden transformarse en problemas de gobernabilidad.
 
El reciente documento de los obispos –despectivamente comentado por voceros tan ilustres del oficialismo como Aníbal Fernández y Amado Boudou- alude con trazos marcados a los riesgos que afronta la Argentina y, fundamentalmente, a la amenaza de la división.
 
Un hombre calmo como el ex gobernador santafesino, el socialista Hermes Binner también parece experimentar las consecuencias de una forma de gobernar excitada. Binner sintió esta semana el impulso de decir que “todo hace suponer que se termina una época, una forma de gobernar” en el país. Y agregó, en relación a la Presidente: “No queremos que se vaya, queremos que gobierne”. Por lo cual le aconsejó que se tomara unos días de descanso en Calafate y se tranquilizara.
 
El comentario de Binner articula los conceptos de fin de ciclo, desasosiego, excitación y debilidad de una Presidente a quien exhorta al reposo y la calma.
 
En ese marco de preocupación y conjeturas sobre lo que vendrá deben interpretarse las palabras del más añejo y experimentado de los magistrados de la Corte Suprema, el doctor Carlos Fayt, cuando, tras elogiar la conducta de Ricardo Lorenzetti, Presidente del máximo tribunal, agregó: “”Hasta podría ser un excelente Presidente de la Nación”. Con forzado candor, algunos comentaristas  se preguntaron cuándo lanzaría Lorenzetti su candidatura. Simularon ignorar algo que el constitucionalista Fayt  no olvida: que el doctor Lorenzetti está en la línea sucesoria.
 
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Tags: El 7Del relato y la gobernabilidadJorge RaventosOpinión
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