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Un oido indiscreto infiltrado en el cumpleaños de Peron

Redacción TN by Redacción TN
9 octubre, 2012
in Opinion
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“Bienaventurados los que creen sin ver, porque de ellos será el Reino de los Cielos”
Jesús
 
La voz de Evita se oía estruendosa como cortina de fondo. “Vos no entras tres carajos, ya me trajiste bastante líos allá abajo. Te fuiste de La Argentina porque eras un oligarca gorila, y después les pudriste la cabeza a los pibes que se confundieron peronismo con marxismo y lo enfrentaron al propio General matando a nuestros propios dirigentes”. De nada sirvieron las palabras conciliadores de John William Cooke, que le señalaba que este era un día especial para el Che, porque se cumplían 45 años de su muerte. La Jefa Espiritual del Movimiento fue taxativa, y sus últimas palabras no son necesarias de reproducir.
 
“Negrita, no te me pongas chinchuda. Esta noche tenés que ser abierta. Si vienen los Kennedy, vienen los Kennedy; si vienen los rusos vienen los rusos…Ponete uno de esos lindos vestidos que usaste en la gira por Europa y mostrales quien sos”. Acomodándose el rodete, Evita, no del todo convencida, como siempre, le dio un beso y fue a cumplir su rol con la Historia.  
 
Perón, estrenando un “pochito” con la inscripción “Para un Argentino no hay nada mejor que otro Argentino”, le guiñaba el ojo a don Ricardo Balbín, comentándole cómplice “hay, con las mujeres no se puede”, mientras Néstor, con una prudencia que asombraría a muchos de los que trabajaron con él, hacías un mutis por el foro, no fuera cosa que la ligase de rebote. Balbín aprovechó para enfrascarse con un interminable discurso, decorado con la gestualidad del caso, relatando como en 1958 tenía su casa de La Plata “repleta de choripanes para festejar el triunfo presidencial. No les puedo explicar las cosas que me dijo Indalia apenas se supo que ganó Arturo. Creo que comí chorizos por un año”.
 
El fundador del Justicialismo ya se había acercado a otro grupito que monopolizaba Frondizi, y del que se habían separado Rogelio Frigerio y Álvaro Alsogaray para pelearse a solas como en toda la vida terrenal. Con su talento intacto y sus clásicas gafas, el desarrollista explicaba él porque de la crisis energética de La Argentina actual; en casi 50 años no aprendieron nada. “¿No aprendieron de sus libros o de sus hechos”, lo toreo Oscar Alende recordando que Don Arturo hizo en el gobierno todo lo contrario de lo que había sostenido antes. Es que hay rencores de la Tierra que no se van con sus protagonistas.
 
De hablar de petróleo a hablar de Chávez hubo un solo paso, sobre todo con las urnas todavía calientes. “Vio general  -le decía Cámpora tras ofrecerle unos bocadillos en la bandeja que parecía soldada a su mano-  usted era un visionario, se adelantó décadas a hablar de la unidad latinoamericana, otra que el Mercosur, el Unasur y todas esas siglas modernas. Usted la tenía clara”.
 
Un tanto saturado de la obsecuencia del odontólogo, al que nunca terminó de perdonarle su entrega a los Montoneros, Perón lo mismo se sintió obligado a decir algo. Raúl Alfonsín, Lorenzo Miguel, Abelardo Ramos, Vicente Solano Lima, Simón Lázara y hasta Alfredo Palacios hacían círculo. “Yo hablaba de otra cosa Camporita, de otra Latinoamérica”.
 
“En ese época había un mundo bipolar y yo impulsaba la tercera posición, la equidistancia, la independencia económica. Latinoamérica era un reservorio humano y de riquezas. Hoy existen un montón de potencias, está China, La India, los Tigres del Asia. En nuestra América lidera Brasil y hasta Uruguay vende más carne que nosotros. Nosotros con Chávez somos furgón de cola; no es esto lo que soñaba”, se lamentó.
 
“Pero Chávez lo toma como ejemplo”, espetó tímidamente un obsecuente. “No se equivoquen muchachos, no se equivoquen. Chávez está más cómodo con Fidel, no une al capital y el trabajo sino que lo enfrenta, divide para reinar eternamente. Yo ya aprendí muchachos, soy un león herbívoro, me gusta el frentismo, el consenso y hasta el disenso. Néstor, vos deberías recordarle a Cristina que yo gané con todos los medios en contra y me echaron con todos controlados. El odio no nos sirve para nada. Ya vimos que no nos sirvió para nada”.
 
Para cortar el hielo, Perón se acercó al grupo que para él siempre fue la columna vertebral del Movimiento. En el centro, con una típica camisa, José Ignacio Rucci conversaba con Saúl Ubaldini, Diego Ibañez y hasta el mismísimo Augusto Timoteo Vandor. “yo le decía José –se dirigió el General a Rucci agarrándolo por el hombre- que sólo la organización vence al tiempo. Tardaron muchos años los argentinos en reconocerlo, pero mire que ahora usted convoca al peronismo más que ningún otro y va a ser un símbolo clave en la unidad”.
 
“Pero General, mire a la CGT como está dividida”, se quejó el ex líder metalúrgico. “Muchacho, están divididos algunos dirigentes que no están a la altura de la Historia, pero los trabajadores está unidos y siguen siendo peronistas. No se va a preocupar por Caló, que preside una UOM renga (ni en Córdoba ganó) y que no tuvo el valor de ir a su homenaje”, lo consoló a quien fuera su mano derecha hasta que lo asesinaran los Montoneros.
 
En ese instante llegó Jorge Luis Borges y hubo un gran revuelo, pero Perón salió solicito a guiarlo entre las mesas. El  célebre escritor se sentó en un sillón y comenzando a balancearse apoyándose en su bastón. “Mire general –comenzó a explicar con su voz casi inaudible- usted con los años corrigió la frase de que ‘para un peronista no hay nada mejor que otro peronista’ por la que tiene en el gorrito: ‘para un argentino no hay nada mejor que otro argentino’. Yo también vengo a enmendarme. Cuando dijo ‘los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles’, debía decir ‘los argentinos son los incorregibles’.
 
Perón lo ayudo a levantarse y se estrecharon en un abrazo, reflexionando para sí: “lástima que esto pase en el Cielo y no allá abajo”. “General –respondió el escritor-, allá  abajo siguen incorregibles y encima cada vez mas soberbios y sordos”. “Sí Borges, sí, de `la vida por Perón’ pasamos a ‘la militancia por un cargo millonario”.
 
“Vamos Evita, para algunas cosas ya parece muy tarde”.   
 
fuente punto uno de Salta
Tags: OpiniónUn oído indiscreto infiltrado en el cumpleaños de Perón
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