Voy a empezar disculpándome, soy liberal, con perdón de la palabra. Y para que le quede claro a qué me estoy refiriendo, le transcribo la definición del DRAE, liberal (6° acepción): partidario de la libertad individual y social en lo político, y de la iniciativa privada en lo económico.
Este amigo que piensa parecido a lo que pienso yo, me escribe que la oposición no sirve, que todos juntos no hacen uno, que nadie es confiable y me descoloca completamente cuando se queja, porque no encuentra una persona providencial que pueda encaminar este desastre, hacia el que nos dirigimos irremediablemente.
Y ahí está el problema. Y el problema es serio. No necesitamos una persona providencial, iluminada, excepcional, extraordinaria, un estadista fuera de serie, necesitamos un SISTEMA. Un buen sistema. Y lo increíble es que el sistema existe y es bueno y es la Constitución Nacional. La ignoramos.
No la usamos. No la conocemos. Al no conocerla, no sabemos de nuestros derechos y garantías, ni de nuestras obligaciones. Por lo tanto no exigimos las primeras y no cumplimos las segundas. Resultado, la Argentina de hoy.
Si alguien que se supone liberal (y no me venga con eso de “neoliberal”, que no sé qué es, y de hecho no existe, porque se es un liberal nuevo o un liberal viejo, o no se es liberal), espera el milagro de un personaje milagroso para salir a flote del mar de disparates en el que nos estamos hundiendo, estamos muy, pero muy mal.
Argentina, como cualquier otra nación organizada, necesita un sistema simple, directo, y que se cumpla a rajatabla. Un sistema tal, que no dependa de las personas, sino de las instituciones. Un sistema a prueba de seres mediocres, hasta de seres tontos o decididamente incapaces, un sistema que sobreviva un mal gobierno.
Necesitamos una división de poderes real, efectiva. Que el poder ejecutivo no ocupe el lugar del legislativo y del judicial. Hoy, con mayorías en las cámaras, el ejecutivo hace pasar las leyes que quiere sin siquiera permitir que se discutan. Y en cuanto al poder judicial, lo ha vaciado de justicia.
Necesitamos un sistema en el cual los 3 poderes sean igualmente importantes y se controlen entre sí. Necesitamos un sistema donde el estado de derecho sea una piedra fundamental del andamiaje del gobierno de turno. Que las reglas de juego no se cambien y los contratos se respeten.
Necesitamos instituciones sanas, fuertes, a prueba de malos gobiernos. Porque los brillantes estadistas, son difíciles de encontrar. Aparecen alguna vez, con suerte, a lo largo de un siglo. Mientras que buenas personas, bien intencionadas, razonablemente inteligentes, o mediocres, abundan. Y lo más probable es que los gobiernos estén formados por esa clase de personas. Y la nación debe conformarse.
Por eso es tan imprescindible tener instituciones que aguanten la mediocridad. Que sobrevivan la matonería guaranga de un secretario de comercio mesiánico; la ideología derrotada hace ya mucho tiempo, pero enarbolada por tantos funcionarios actuales, y el incomprensible rumbo, si que hay un rumbo más allá de eternizarse en el poder, de esta presidente, que el 54,11% de los argentinos ha elegido.
Cuando este gobierno termine en el 2015, votemos por las instituciones, no por las personas. Votemos por la Constitución Nacional. Dígale no a la demagogia populista y al nacionalismo barato. No busque estrellas, Argentina no hace un casting de cantantes de rock, Argentina necesita un gobierno serio. Y ojalá ese gobierno tenga muchas mentes brillantes, pero de no tenerlos, basta con que las instituciones lo contengan dentro de la ley. No hace falta más.
No a las personas providenciales, si al sistema a prueba de mediocres.
*En 1992, James Carville, estratega de campaña de Bill Clinton, fue el autor de “Es la economía, estúpido”, frase que según los analistas, ayudó a Clinton a ganarle las presidenciales a George Bush padre.
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