El porcentaje de votos obtenidos entonces por la Presidente (54%), que ella y los suyos interpretaron como un satisfecho aval “al modelo”, no consiguió infundir confianza en ahorristas e inversores que se lanzaron a cambiar sus pesos por dólares y cancelaron sus plazos fijos en esa moneda para guardar sus ahorros en el colchón. Así, la Presidente tuvo que inaugurar su segundo período antes de tiempo lanzando a su mariscal multiterreno, Guillermo Moreno, a comandar una operación de control de cambios, que sigue vigente.
A juzgar por lo hecho y dicho en vísperas del 10 de diciembre, la señora de Kirchner no quiere que se vaya un dólar del país, ni que ingrese un tornillo. El secretario de Comercio, convertido en un híbrido de SuperMoreno e Inspector Clouseau, se hace cargo de esa misión. Si la cumple con misma eficacia con la que salvó al Instituto de Estadísticas y derrotó la Inflación quizás la Presidente lo impulse para la sucesión en 2015, habida cuenta de que la Constitución le prohíbe a ella un nuevo intento.
Un perfeccionamiento institucional
El anuncio presidencial de que Moreno ocupará una Supersecretaría –el mismo sábado 10, ante la Asamblea Legislativa- reveló lo obvio. La novedad, en todo caso, reside en una suerte de perfeccionamiento institucional: hasta ahora, como se explicó con insistencia en esta página, Moreno era formalmente Secretario de Comercio pero en los hechos se movía como una fuerza de tareas multifunción. Ahora se le diseña una cobertura legal más amplia, un cargo casi a medida, para que se ocupe de lo mismo. Con su nueva ubicación en el organigrama del gobierno, intervendrá en áreas de la Cancillería (quizás termine recuperando la Secretaría de Comercio Exterior, que pasó a Relaciones Exteriores al inicio de los años ’90, por iniciativa de Domingo Cavallo y Guido Di Tella), en el ministerio de Producción de Deborah Georgi y hasta en el de Planificación Federal de Julio de Vido. En rigor, intervendrá donde le plazca. Porque, para decirlo con claridad, ni su teórico jefe inmediato (el recién nombrado ministro de Economía, Hernán Lorenzino) ni Juan Manuel Abal Medina, el también flamante “jefe de gabinete” (el título real es más modesto: Ministro Coordinador), están en condiciones de subordinarlo. Moreno es un mosquetero a las órdenes de Su Majestad.
Boudou, inocente; Lorenzino, una coartada
Que Hernán Lorenzino fuera designado en el puesto que deja Amado Boudou fue interpretado por algunos analistas como un logro del actual vicepresidente y, en general, como un signo de que el gobierno se encamina, al fin, a la negociación con el Club de París. Es probable que ni una cosa ni la otra sean exactamente así. Boudou no está, en las últimas semanas, en condiciones de respaldar exitosamente a nadie ante la Presidenta. La señora de Kirchner y su hijo Máximo lo tienen en penitencia. Según versiones que circulan en el gobierno (y hasta en torno al propio Boudou), escuchas telefónicas del sistema de inteligencia habrían detectado expresiones indiscretas del ex ministro referidas a la Señora. Otras investigaciones, referidas a ciertas operaciones comerciales, habrían agregado leña a ese fuego.
Boudou empieza su nueva gestión con el pie izquierdo. En cualquier momento Horacio Verbitsky entona para él una estrofa de despedida de la misma calidad que la que, en vísperas del sábado 10, cantó a capella en honor de Julio Cobos.
Es probable, sí, que Lorenzino haya sido designado porque, junto a Boudou, fue la cara argentina durante dos años de negociaciones infructuosas y frustrantes. Al ascender Boudou a su nuevo cargo, quitar a Lorenzino hubiera dado una muestra de desinterés incompatible con las recientes conversaciones de la Presidente con Barack Obama. Allí se mencionó que Argentina tiene deudas y compromisos que deben ser cumplidos.
Lo que es dudoso es que Lorenzino pueda avanzar con la tarea de acordar con el Club de París si debe hacerlo en un marco de rigidez como el que insinúa la consagración de SuperMoreno combinada con la creciente sequía de la caja. Con la auditoría del Fondo Monetario Internacional el acuerdo con el Club de París sería coser y cantar: se podría financiar el pago de los alrededor de 9.000 millones de dólares de duda (reconocidos por Boudou a principios de este año) a plazos cómodos. Sin pasar por el Fondo el arreglo se hace más exigente y más corto. Pero Argentina acordó con el FMI corregir la falla de sus estadísticas y esa tarea está en veremos. Además, la Casa Rosada resiste ese paso. Por lo demás, hacer la pata ancha y evitar al Fondo se hace más difícil ahora, cuando –a raíz de la sostenida desconfianza- el Banco Central ya no cuenta con reservas de libre disponibilidad y Argentina tiene vencimientos por más de 5.000 millones el año próximo. De modo que es posible que Lorenzino sea más una coartada que un funcionario con posibilidades de cumplir la misión que se le asigna.
Clarín y Moyano
La señora inicia formalmente su segundo mandato concentrando más el poder, designando en cargos importantes a funcionarios jóvenes (y también a algunos más maduros) que cumplen con la condición de un firme disciplinamiento a su jefatura. La postergación de Julio De Vido (el más experimentado de sus ministros, a quien se palpitaba como ministro coordinador) es una señal doble: De Vido siempre fue más próximo a Néstor Kirchner que a ella; es, además, un peronista que negocia y dialoga con muchos sectores con los que la Presidente prefiere tener poco contacto. En segundo lugar, pero no con menor importancia, la postergación fue una respuesta a los medios, que daban (inclusive los peor vistos por la Casa Rosada) como un hecho (y uno que generaba expectativas) la designación del ministro de Planeamiento como Jefe de Gabinete.
Más allá del tono moderado con el que se propuso tranquilizar a la sociedad durante la campaña, la Presidente parece preparada para pelear. Tiene en la agenda al Grupo Clarín al que, pese a todo su poder centralizado, no ha conseguido aún aplicarle las cláusulas más letales de la Ley de Medios que hizo aprobar con ese fin dos años atrás.
También tiene en su agenda a Hugo Moyano, porque quiere mostrar que su poder está en condiciones de dominar los arrebatos autonómicos del secretario general de la CGT. El 15, en el estadio de Huracán, Moyano va a producir una demostración de fuerza. Quiere exhibirla para no tener que usarla; quiere convencer a los oídos receptivos del gobierno de que pretender ponerle techo a las paritarias en 18 por ciento es un delirio y que ignorar los pedidos de incremento del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias equivale a provocar respuestas duras cuando los trabajadores observen cómo se les rebanan los sueldos. “Esperen a ver lo que pasará con los petroleros en La Patagonia”, avisó el dirigente camionero.
Para el gobierno los enemigos principales son esos. Y uno más, que explica la proyección de Guillermo Moreno y sus repetidas batallas estadísticas, comerciales, cambiarias. Ese tercer enemigo es la realidad.