Cuando la Presidente aún no soñaba con ser reelecta, dispuso que el día de hoy fuera feriado “puente” para asegurarle a la industria del turismo y sus actividades conexas un ingreso importante en vísperas de las festividades de fin de año y los gastos que ellas imponen: pago de aguinaldos, regalitos, etc. En este caso, a la fiesta se sumó Tata Dios, dándonos un clima envidiable para mejor solaz de los afortunados, calculados en unos dos millones de personas que alteraron su ritmo habitual de vida y viajaron a distintas regiones del país.
Pero algunas dificultades afloraron. Por ejemplo para poder recargar los tanques de combustible de los automotores. Por un lado, hay cada vez menos estaciones de servicio. Por otro lado se está haciendo habitual que sólo se ofrezca nafta especial, de la más onerosa. Nafta común generalmente no hay, siendo importante la diferencia de su precio unitario. Cuando las empresas proveedoras eran todas extranjeras, al menor intento de aumento de precios se las sancionaba (recordemos la pretensión de detener al Presidente de SHELL), pero ahora que hay amigos del poder en la gestión de dos de las importantes distribuidoras, los aumentos de precios se registran casi todos los meses.
A ello debe agregarse que este fin de semana se produce el recambio de autoridades, en lo nacional, y en muchos casos en lo provincial y municipal. Este recambio en toda nación civilizada o que se precie de serlo, es una festividad cívica muy importante. Significa la reafirmación de procedimientos democráticos y constitucionales que hacen a la vida de todo país independiente.
En la Argentina ésta vez no hay recambio a nivel nacional. Hay reafirmación de un modelo de gestión que según todo lo visto en los últimos meses deberá ser ajustado o modificado. El Poder Ejecutivo, desde el día de su indiscutible victoria electoral, comenzó a emitir señales de que algunas cosas deberán ser modificadas, como en primer lugar la errónea política de subsidios a los servicios que fue su caballito de batalla en los últimos años. Su nuevo discurso nos hizo recordar la tristemente célebre frase del Presidente Menem cuando a poco de su asunción al poder declaró, muy suelto de cuerpo, que si hubiera dicho antes de las elecciones lo que pensaba hacer, el pueblo no lo hubiera consagrado vencedor en los comicios.
Acá todos sabíamos que la política de subsidios era suicida. En un presupuesto del orden de los 500 mil millones de pesos anuales, es impensable que se pueda tolerar desembolsar unos 75 mil millones ( o sea un 15%) solamente en esa gestión. Hoy sabemos que esa fiesta se acaba. Lo que nadie sabe es como se distribuirá la nueva torta y quien pagará más por esos platos rotos, si bien, una vez más se mintió descaradamente. En declaraciones públicas los Ministros De Vido y Boudou anunciaron esta eliminación pero dijeron textualmente que ello no afectaría las tarifas que pagan los usuarios. Sólo pasaron pocos días para que el propio gobierno lo desmintiera.
Reiteramos que le recambio debía ser un respiro de aire fresco, peor constatamos que el inexistente Consejo de Ministros es casi el mismo; que las relaciones con el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que parecían inicialmente encarrilarse en el sendero de la colaboración, en bien común, siguen marchando por vías separadas. El Poder Ejecutivo Nacional quiere que el Gobierno de la Ciudad se haga cargo de la explotación del servicio de subterráneos, servicio que siempre debió haber sido de su gerenciamiento. Pero lo entrega con un balance deficitario que lógicamente el gobierno comunal no quiere absorber sin la pertinente partida presupuestaria.
La ciudad es asiento del gobierno Nacional, y por tanto no son solamente sus residentes los que deben soportar el costo de su funcionamiento. Todos los problemas que se derivan de la existencia en su radio de oficinas gubernamentales y diplomáticas recaen en ellos. Si tuviéramos una Capital Federal fuera del radio de esta Ciudad de Buenos Aires, aquí no deberíamos soportar los piquetes de sindicatos o protestadotes profesionales que entorpecen diariamente las actividades económicas de todos los residentes. ¿Cuánto nos cuesta económicamente la pérdida de tiempo y energía de estas interrupciones a la libre circulación de personas y mercaderías?
Dijimos que debían ser fechas de festejos. Pero el kirchnerismo ya nos anticipa algunas de sus metas para las próximas semanas, además del ya comentado tema de la eliminación de los subsidios. En el Congreso, se pretende avanzar rápidamente, antes de fin de año para sancionar algunas leyes consideradas clave: el control de la producción y distribución de papel para diarios o la aprobación a libro cerrado del presupuesto nacional. Una vez más la libertad de prensa y la libre expresión de la ciudadanía, amenazadas.
Pero lo grave de la situación presente está también fuera del país. En estos momentos están reunidos los jerarcas de las naciones económicamente mas poderosas del mundo, intentando resolver una crisis mundial casi sin precedentes. Europa de alguna manera resolverá su presente y encarará su futuro, pero es prácticamente seguro que la economía en el mundo sufrirá un enfriamiento, que provocará un menor consumo en países como los EE.UU. que arrastrará a la producción de los países asiáticos, como China y la India, quienes a su vez, comprarán menos soja y ésta bajará su precio internacional. ¿Donde termina esta espiral? Pues claramente en Argentina y Brasil, que verán mermar el precio internacional de este “yuyo maldito” y por ende, entrarán menos ingresos para los productores y menos divisas a las arcas fiscales.
Hace meses venimos afirmando que el año 2012 será de muy difícil desarrollo para nuestra economía, considerando la política del actual Gobierno. Dijimos que la salida de casi 20 mil millones de dólares del país en este año 2011 significa un retroceso muy difícil de compensar, pues se agrega a la falta de inversiones genuinas en la producción con le consiguiente el encarecimiento de los intereses por el capital que nuestras disminuidas industrias necesitan para evolucionar. No alcanza con que tengamos industrias ensambladoras, al estilo de las “maquila” mexicanas, pues no otra cosa es el hoy próspero polo industrial creado hace unos años en Tierra del Fuego. Nuestras verdaderas industrias, petroquímica, cemento, maquinaria, están hoy en su mayoría en manos extranjeras y sólo subsisten para mantener líneas de producción que justifiquen el trabajo de sus plantas, pero no crecen ni se desarrollan.
A que se debe todo ello? Pues sencillamente que la Argentina no tiene políticas de Gobierno y sigue siendo considerada un país de riesgo. Contra la citada cifra de salida de divisas, el Brasil aumentó la inversión extranjera directa en 2010 en un 87%. En índices internacionales, la Argentina ocupa un puesto deshonroso entre las naciones donde la corrupción es generalizada, donde el lavado de dinero no es analizado ni perseguido. A modo de ejemplo recordemos que esta semana nuestra propia Cámara Federal denunció a la Unidad de Información Financiera, el organismo nacional que debe perseguir el lavado de dinero, ante una presunta “falta de ética” en su actuación en una causa judicial. Triste ejemplo que fue comentado en las columnas especializadas de medios de todo el mundo.
Mientras tanto los organismos de gobierno, dominados por el actual partido gobernante, continúan su escalada de aumento de asignaciones, como por ejemplo, ocurrió esta semana con e presupuesto de la legislatura bonaerense, donde para 92 diputados provinciales la legislatura tiene un plantel de unos 4000 empleados con sueldos, incluyendo gastos varios, que en general, significan unas diez veces más de lo que cobra mensualmente un maestro de escuela por cada uno de esos dependientes.
Para cerrar otros dos tristes ejemplos. Esta semana estuvieron en la Argentina dictando conferencias el Premio Nobel de Economía Stiglitz y un representante del Nodo de investigación global denominado “El Proyecto del Milenio”. Sin abrir opinión sobre sus informes pero destacando la importancia de la opinión de ambos, señalamos que en ninguno de los dos casos escuchamos que sus opiniones hayan sido al menos escuchadas por jerarcas del Poder Ejecutivo. No puede el país desperdiciar la abultada información sobre el desarrollo del mundo que ambos manejan. El Gobierno sabiendo de sus llegadas debió haber convocado a sus principales funcionarios, aquellos que manejan las decisiones económicas y políticas del futuro nacional a foros de debate con ellos. Sabemos que en Brasilia ocurrió todo lo contrario, y esta es una prueba más de la decadencia de los dirigentes de nuestro país. Por eso Brasil crece y nosotros lo miramos desde afuera.
La semana pasada finalizamos nuestra columna diciendo que queríamos seguir viviendo acá, y disfrutando de lo mucho que tiene la nación para ofrecernos. ¿Algún día tendremos un gobierno que entienda cual es el bien colectivo para todos?