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Leer NotaDesde el Instituto Patria sobreactuaron que no quieren a Rafecas, pero más importante que el nombre elegido es cambiar el método de la elección para tener controlado al nuevo procurador.Por Héctor Gambini
El cargo de procurador general se ha convertido en la madre de todas las batallas. Quien lo conquiste alcanzará la llave de oro del sistema de justicia que viene, el sistema acusatorio: allí son los fiscales quienes impulsan, congelan o desechan causas. Entre los amagues de la retórica difícil que venimos escuchando, la cuestión central es muy fácil: como los fiscales tendrán control de las causas penales, hay que controlar a los fiscales.
El sistema acusatorio llegará a la justicia federal porteña en cuanto asuma el procurador nuevo, porque depende de una comisión del Senado que maneja Anabel Fernández Sagasti, que es como si la manejara Cristina Kirchner, para quien ir por los fiscales es ir por todo. ¿De quién, sino de Cristina, es la voz omnipresente del senador Parrilli, obsesionado con este tema desde hace semanas?
El procurador actual, Eduardo Casal, es interino. Cristina no quiere sacarlo porque es provisorio sino porque no le responde.
¿Y por qué impulsan un proyecto de ley para que el nuevo sea elegido por mayoría absoluta del Senado (37 votos) en lugar de los dos tercios (48 votos) que hacen falta? Porque a 48 votos no llegan y, a 37, sí.
¿Y por qué el cargo pasaría de ser perpetuo a durar 5 años? Porque si el procurador se porta “bien” con el gobierno, y éste sigue, lo puede confirmar en el cargo. Y sino lo puede sacar y poner a otro.
Independencia cero: habrá control político de las causas que incomoden a los políticos.
Se sabe que el candidato del presidente Alberto Fernández es Daniel Rafecas, pero cerca de Cristina hicieron trascender que a ella no le gusta porque fue el juez que ordenó allanar a Boudou, en lo que significó la primera imagen pública de su gobierno asociado a la corrupción. ¿Será realmente así?
Tras aquella acción de Rafecas contra Boudou, el juez fue a juicio político y, mientras su caso estaba en el Consejo de la Magistratura, resolvió desestimar a la velocidad del rayo la denuncia de Nisman contra Cristina por encubrir a los sospechosos de volar la AMIA.
Rafecas recibió la denuncia de Nisman el 4 de febrero de 2015 -Nisman había sido hallado muerto sólo 17 días antes- y la desestimó el 26, pese a que el fiscal Gerardo Pollicita le había solicitado 90 medidas de prueba.
Rafecas lo hizo apenas tres días antes de que Cristina inaugurara las sesiones ordinarias en el Congreso, el 1º de marzo de 2015. Así, Cristina pudo hablarle al país con la denuncia de Nisman desestimada por un juez federal.
Rafecas “limpió” rápido a Cristina y, casualidades del destino, aquella denuncia en su contra en la Magistratura no prosperó.
Ahora, alimentar la versión de que la designación de Rafecas sería un triunfo de Alberto y de la oposición -Carrió salió a pedir por Rafecas bajo la teoría del “mal menor”- sería, a los ojos de algunos observadores de tribunales, un Caballo de Troya del cristinismo para obtener aquella llave de oro fingiendo una derrota que no será. Ganar sin entregar nada.
Primero, nadie cree que Rafecas le patee en contra a Cristina: ya le anticipó al diario Página 12 que si es procurador va a impulsar un “estudio exhaustivo” del sistema de arrepentidos, que es el tronco rector de la causa Cuadernos.
Segundo: una vez que saquen a Casal, importa más el modo de elegir y el mandato del nuevo procurador que su nombre, porque sea quien sea será un blanco móvil del poder político.
Si se cambia la ley, ése será el verdadero triunfo del Instituto Patria.
Ayer la Comisión Beraldi -integrada por el abogado de Cristina- tuvo su primera gran coincidencia con ella: le recomendó al Presidente elegir al nuevo procurador con el mismo método de votos que alcanzan propuesto por el proyecto de ley avalado por Cristina.
Fuente Clarin