
El terraplanismo es un movimiento que lo que dice, básicamente, es que la Tierra no es redonda, pese a la evidencia que así lo indica. Pero ese movimiento también puede ser
una metáfora de algunas cosas que suceden con frecuencia en nuestro país, y en particular en este nuevo comienzo fallido de clases.
Sabíamos hasta ahora que para el ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, la paritaria nacional no existe porque “la Nación no tiene escuelas”. Se le escuchamos decir en varias oportunidades como argumento de por qué su ministerio no discute salarios. Lo que no sabíamos era que desde el ciclo lectivo 2019, tampoco existen los paros nacionales.

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El argumento que esgrimió para formular esa afirmación en Clarín es el mismo, que la Nación no tiene escuelas. Aunque hay una diferencia conceptual entre una situación y otra. La paritaria nacional no existe, de hecho, porque el Estado se niega a convocarla desde hace por lo menos tres años. Antes sí existía. Pero efectivamente no sucede, o sea, no tiene lugar y la proposición de Finocchiaro queda impecablemente contrastada con la realidad.
En el caso del paro no funciona de la misma manera. El mayor gremio del país, CTERA, convocó a un paro de 72 horas (incluída la jornada de huelga por el Día de la Mujer) y el ministro aseguró que “el paro nacional no existe”. La diferencia en este caso es que los hechos contradicen al funcionario.
Con mayor o menor adhesión de los docentes, el 57% de los alumnos del país se ven afectados desde este miércoles por la huelga convocada por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, y que cada distrito decide acatar más o menos según la realidad local. Sólo 6 provincias, hasta el momento, acordaron la pauta salarial de 2019.
De Finocchiaro para abajo, el voluntarismo “terraplanista” también se expande. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, dijo la última semana en la apertura de las sesiones de la Legislatura: “Las clases ya empiezan en la ciudad mientras en el país se discute si empiezan o no empiezan”. Se basó en que la mayoría de los gremios acordó con su gobierno, con la salvedad de que el mayoritario, UTE, no lo hizo. En la mañana de este miércoles, la ministra de Educación Soledad Acuña ya no negó el paro, pero se animó a presagiar que no tendría un gran acatamiento.
La estrategia de los sindicatos también es incomprensible y da cuenta de que, pase lo que pase, el paro será una fija, por más antipático que eso resulte para las familias que siguen apostando por la educación pública y que son, en definitiva, la razón por la que los maestros están al frente de las aulas.
La oferta oficial de este año es infinitamente superior a la de 2018. La cláusula gatillo cambia la negociación y la pelea pasa por el recupero de la pérdida de poder adquisitivo por la inflación del año pasado. Esa es una discusión que podría continuar sin la necesidad de cerrar la paritiaria ni de tomar decisiones drásticas en el inicio del ciclo lectivo.
Más allá de las motivaciones políticas de los gremios para realizar este paro desmesurado, es extraño que la respueta oficial sea el ninguneo. Porque de esa manera no existe diálogo posible y lo único que se hace es reproducir ad infinitum un mecanismo infalible de los últimos años: que la mayoría de los alumnos se queden sin escuela tanto en el arranque del año como, luego, en buena parte del mismo.