
Una pelea salarial, solo la punta del iceberg de un conflicto mayor. En esta síntesis se podría describir la crisis en el sector marítimo, que encuentra de un lado al SOMU
(Sindicato Obreros Marítimos Unidos), y del otro a la FENA (Federación de Empresas Navieras Argentinas); aunque la pelea va mucho más allá de estos dos actores.
Este martes, las partes se reunirán en la secretaría de Trabajo para encaminar una discusión que ya lleva en el haber un paro de cinco días por tiempo indeterminado que, según denuncia la FENA, produjo 10,5 millones de dólares de pérdida con 70 buques varados. A raíz de eso, corre desde el jueves una conciliación obligatoria que vence en 24 horas, aunque puede ser prorrogada otros cinco días hábiles más.
El SOMU quiere que se actualicen los salarios: ya cuentan con una recomposición salarial del 30% y quieren un 15% más hasta marzo. Denuncian que las cámaras empresarias “quieren discutir salario contra convenio y eso es algo que no queremos ya que son derechos laborales consagrados por los que nosotros no vamos a arriar esas banderas porque sería vergonzoso”, apunta a Clarín Raúl Durdos, secretario general del SOMU.

Lo que tenés que saber hoy | Las noticias más importantes del día para leer en diez minutos
Recibir newsletter
Desde el sector empresario sostienen que “ya se cerró en diciembre con otros seis gremios del sector el ajuste al 30% para rediscutir recién en marzo. Con el séptimo sindicato, el de Capitanes de Ultramar, se acordó subir salarios un 45% pero se reajustó el convenio”.
Sigue la misma fuente: “El SOMU no está en ninguno de los dos grupos. Cobra el 30% y quiere rediscutir ahora por el 45% pero no quiere poner en debate el convenio”, resumen. Y agregan, sin ingenuidad: “En este sector no hay informalidad y los marineros ganan entre 80.000 y 100.000 mensuales”.
Sintetizando son tres los puntos del convenio: el personal embarcado trabaja 30 días y tiene 24 días de franco y cada día se paga al 95%. Los empresarios proponen mantener esa compensación de días, pero pagar el franco al 80%. El segundo punto es que en los “anexos” de los convenios figuran “trabajos no específicos” con su correspondiente tarifa, como podría ser el caso de que una máquina se descomponga en el mar y haya que arreglarla. Esta tarea que hoy por hoy se paga como un adicional se buscará que no sea más así erradicando el pago de horas extras por trabajos específicos.
Finalmente, aquellos marineros embarcados en buques que transportan petróleo o gas, y por ende es carga combustible, cobran un 25 y 30 por ciento adicional en la parte del sueldo que llaman “operativo”. A esos porcentajes se los quiere reducir 10 puntos a cada uno.
Durdos dice que “estamos abiertos a discutir convenios a la baja pero para tareas nuevas como puede ser el transporte en la Hidrovía como para competirle a Paraguay; pero no vamos a discutir a la baja sobre derechos ya ganados. Si quieren venir navieras nuevas a invertir en trabajos que no realizamos también estamos abiertos al diálogo”.
Desde el sector empresario argumentan que “el sector está en crisis con buques amarrados y despidos y que esta discusión con el SOMU ya se dio con los Capitanes de Ultramar y que gracias a ese entendimiento se le pudo dar más productividad al sector para poder competir con los camiones”.
Justamente en esta última definición se empiezan a ver los pliegues de esta discusión en la que lo salarial es solamente la punta del iceberg. Y acá empieza a jugar la política: el mismísimo Mauricio Macri viene pidiendo bajar los costos logísticos; lo que se lee un mensaje directo a los Moyano.
Lucas Aparicio, el secretario de Trabajo, se reunió, sobre finales de diciembre, con Hugo Moyano para instarlo a sumarse a la mesa logística que pregona el Gobierno para estudiar alternativas que bajen los costos buscando competitividad. El camionero, por lo que reconstruyó este diario, se negó rotundamente a avanzar en tocar convenios.
También basta recordar otro rubro, otra cruzada: la que lleva el Gobierno con los gremios aeronáuticos.