
Desde que se conocieron, hace unos cuatro años, comparten amistad y un objetivo: utilizar la palabra como herramienta para construir la convivencia rota en el País Vasco.

“Al principio te encuentras con una persona que crees que es tu enemiga, y estás expectante. Pero luego empiezas a hablar y te das cuenta que es más lo que te une que lo que te separa”, explicó Rosa a Télam, al rememorar su primer encuentro con Josean a fines de 2013.
Ambos habían sido convocados por el alcalde de un pueblo para una charla que pretendía abordar el conflicto del País Vasco, con la intención de avanzar hacia un proceso de paz. La organización separatista llevaba ya dos años sin matar, tras haber anunciado el cese de su actividad armada, el 20 de octubre de 2011. Antes de ese anuncio, algunas víctimas de ETA y ex reclusos ya comenzaban a participar de los llamados “encuentros restaurativos”, con el fin de curar las heridas, pensando en un futuro de convivencia.
Pero Josean no había mirando nunca cara a cara a una víctima y Rosa era la primera. “Tenía mucho respeto a la reacción que podría tener, pero decidí que debía conocerla a solas. Me causó una impresión totalmente positiva, porque es una persona cercana, agradable y fraternal. No observé ningún gesto ni actitud que me hiciera sentir mal, todo lo contrario”, sostuvo el ex etarra, quien fue excarcelado en 2006.