No les preocupa aparecer desinformados. Aunque los consultados integran la cúpula del oficialismo, se jactan de manejar información privilegiada. En cambio, el escaso disenso en las filas del oficialismo aflora cuando se le pregunta a cada interlocutor: ¿y qué creés que hará? La especulación política, el cálculo estratégico y la expresión de deseos entregan un manojo de perfiles, antagónicos, complementarios, disímiles y hasta inverosímiles, de la futura ex presidenta. De todas maneras, hay al menos seis posibles Cristinas que el kirchnerismo imagina:
Cristina, jefa política: es el rol que el núcleo duro kirchnerista no duda que ejercerá, sin importar si tendrá un cargo. Dicen que su liderazgo seguirá marcando el próximo ciclo, cualquiera que sea el futuro presidente. Obviamente, el sciolismo no se suma al pronóstico.
Cristina, líder espiritual: los más rancios peronistas y varios precandidatos del Frente para la Victoria (FPV) afirman que ése es el sitio que ya se ganó por su vínculo con los sectores más postergados y lo ejemplifican con una frase: “Cada vez que vamos a los barrios más pobres, lo que más escuchamos es «Cuídenla a Cristina»”. Los autores buscan que sea una nueva Evita que dé sustento simbólico a la nueva gestión, pero sin capacidad de marcarle el rumbo. El altar antes que una banca.
Cristina, legisladora del Parlasur: le permitiría demostrar que tiene más votos que cualquier dirigente de su espacio. Si encabezara la lista al Parlamento del Mercosur, en las PASO no tendría rival y sumaría todas las adhesiones al FPV. Los presidenciables, en cambio, se dividirían los sufragios. Como para que al aspirante a sucederla no le quede más remedio que soportar el torturante estribillo: “Los votos son míos, míos”.
Cristina, diputada: un lugar con el que algunos kirchneristas puros se ilusionan para preservar el relato y oponerse a desviaciones del dogma, si el presidente saliera de su espacio, y resistir toda política contraria a sus postulados si el presidente fuera un adversario.
Cristina, gobernadora de Santa Cruz: aunque suene inverosímil, en la Casa Rosada dicen que se ha empezado a especular con la posibilidad. El cargo le daría control territorial, poder formal y distancia suficiente para vincularse o presionar al sucesor.
Cristina, abuela jardinera: regar sus rosales y cuidar de los nietos es una alternativa que reúne menos votos que Ivo Cutzarida, aunque ambas funciones las tiene aseguradas.
Tanta disparidad es menos producto de la estrategia que de la estrechez y el hermetismo del círculo que rodea a Cristina. Por eso son pocos también los que se animan a decir si ya asumió que su mandato termina el 10 de diciembre y que deberá dejar la casa que habita, el helicóptero y los aviones en los que se traslada desde hace 12 años, la protección que una presidencia todopoderosa otorga y la adrenalina que provoca la conducción absoluta de un país.
fuente lanacion