La creciente polarización política en Egipto provocada por las últimas y controvertidas decisiones del presidente, Mohamed Morsi, amenaza con arrojar al país árabe a un baño de sangre. La mañana del miércoles, frente al palacio presidencial, se produjeron enfrentamientos violentos entre partidarios y detractores del rais islamista que se saldaron con más de doscientos heridos. Mientras tanto, los representantes políticos de la oposición y de los Hermanos Musulmanes, el movimiento al que pertenece Morsi, intercambiaron duras acusaciones. Así las cosas, parece difícil que prosperen las apelaciones al diálogo lanzadas por el vicepresidente Mahmud Mekki y el primer ministro Hisham Kandil. Tres consejeros de la presidencia dimitieron en señal de protesta por los enfrentamientos. Se trata de Amr el Leithi, Seif Abdel Fattá y Ayman al Sayad.
Los altercados estallaron a primera hora de la tarde, cuando varios centenares de manifestantes islamistas se acercaron a las inmediaciones del palacio presidencial en El Cairo, donde estaban acampados desde la noche anterior unos 300 activistas laicos. “Me recuerda cuando el Ejército nos echó de Tahrir en julio del año pasado. Solo que esta vez es la milicia de los Hermanos Musulmanes”, escribió en su cuenta de Twitter el activista progresista Tarek Shalaby. Según varios testigos, en la refriega los grupos islamistas golpearon a algunos periodistas y les quitaron las cámaras fotográficas.
Ya entrada la noche, los militantes salafistas y de la Hermandad empezaron a contarse por decenas de miles, y armados de palos, navajas y piedras consiguieron destrozar las tiendas de campaña, y expulsar a los activistas opositores, algunos de los cuales recibieron palizas y fueron atendidos en las ambulancias. En la batalla campal, se oyeron algunos disparos y explosiones, probablemente causadas por el lanzamiento de cócteles Molotov.
Hasta ahora, los Hermanos Musulmanes habían rechazado convocar sus marchas en los mismos lugares que la oposición. Por ejemplo, el pasado sábado renunciaron a manifestarse en Tahrir ante el temor a posibles choques. Sin embargo, tras el cerco que sufrió la noche del martes el palacio presidencial, los líderes de la Hermandad cambiaron de opinión y llamaron a sus militantes a dirigirse al palacio de Ittahadia para “apoyar la legitimidad” del rais.
Aunque estas refriegas eran inéditas en la capital, durante los últimos días, las tensiones entre partidarios y dectractores de Morsi se habían desbordado en varias ciudades del Delta del Nilo, como Damanhur y Majala, provocando al menos un muerto y docenas de heridos. A falta de diez días para la celebración del referéndum constitucional, existe suficiente combustible para provocar nuevas conflagraciones violentas.
De hecho, los máximos responsables de ambos bandos ya han anunciado nuevas protestas en la capital para mañana, mientras intensificaban su particular guerra dialéctica. En un comunicado público, las principales organizaciones políticas islamistas denunciaron los “actos de vandalismo” cometidos por la oposición el martes, y reafirmaron su intención de dirimir la disputa a través de las urnas. “Las actuales divisiones solo se pueden resolver a través de las urnas, no saboteando el país y su economía”, rezaba la nota.
En declaraciones al periódico Al Ahram, un representante del Partido de la Libertad y la Justicia, la marca electoral de la Hermandad, llegó a acusar a sus adversarios de “conspirar contra el presidente electo”. Una denuncia parecida llegó a la mesa del Fiscal General a través de una demanda interpuesta por el abogado Hamed Sadek. El recurso acusa a varios líderes de la oposición como Mohamed el Baradei, Hamdin Sabahi y Amr Musa, de participar en una “conspiración sionista” para deponer al rais basándose en una presunta reunión secreta entre Musa y Tzipi Livni, la antigua jefa de la diplomacia israelí.
La oposición también reflejó una escalada en su acritud. “Un régimen que no es capaz de proteger a su gente, y se pone del lado de su grupo y de matones, es un régimen que ha perdido su legitimidad y lleva Egipto a la violencia y a un baño de sangre”, declaró en una rueda de prensa El Baradei, que denunció los “ataques viciosos y deliberados” contra manifestantes pacíficos. “Ahora vemos un sistema que no es mejor en nada, y puede ser peor al anterior”, apostilló el veterano exdiplomático, elegido hoy coordinador del Frente de Salvación Nacional (FSN), una coalición que agrupa a los principales partidos opositores.
En mitad de este bronco debate, tan sólo el vicepresidente Mahmud Mekki apeló a una solución negociada al conflicto desatado después de que Morsi se arrogara poderes cuasi absolutos el pasado 22 de noviembre. Mekki, un célebre juez reformista, ofreció a la oposición la posibilidad de negociar antes del referéndum constitucional, previsto para el 15 de diciembre, y consensuar la modificación de aquellos artículos del borrador de la nueva Carta Magna que suscitan más rechazo.
También desde el exterior llegaron llamadas a la contención y al diálogo para abordar la crisis. “Se necesita diálogo en las dos direcciones”, declaró la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, en línea con la neutralidad y cautela expresada hasta el momento por Washington. Pero, lo más probable, es que sus palabras caigan en saco roto. El FSN renovó su exigencia al rais de que retire de inmediato su declaración constitucional, cancele el referéndum y forme una nueva Asamblea Constituyente más equilibrada. Mientras los dos Egiptos se encaminan a un tenso duelo en las urnas, el Ejército guarda un prudente silencio. ¿Intervendrán los generales si se desmadra la situación?