El senador Miguel Ángel Pichetto y el diputado Jorge Landau, apoderado del PJ nacional, acordaron ayer la estrategia K: se opondrán a elegir a las autoridades de la bicameral y se limitarán a pronunciarse sobre los dos últimos decretos firmados por Cristina Fernández de Kirchner, el Fondo del Bicentenario y el veto parcial a la reforma política. La oposición intentará elegir a uno de los suyos como presidente de la bicameral. Algo que el kirchnerismo resistirá. La presencia de un integrante provisorio puede darle los argumentos necesarios para dilatar la definición. Algo que finalmente no desvela a los opositores. Por eso ayer, el senador radical Gerardo Morales aseguró que “si el miércoles no se resuelve la cuestión de las autoridades, esto se hará en los plenos de cada cámara”.
Ése es otro punto de enfrentamiento entre oficialistas y opositores. Para el kirchnerismo, la próxima sesión es algo que lo hace pensar en marzo, cuando se inicie el nuevo período ordinario. Para la oposición la próxima sesión puede ser algo más cercano. Por eso ayer Morales recordó que “hechos los dictámenes debe convocarse a las cámaras para su tratamiento”. Por cierto que la convocatoria sigue siendo una atribución de Fellner. No serán pocos los opositores que comiencen a lamentarse por haber renunciado a la posibilidad de presidir el cuerpo, como finalmente hicieron el 3 de diciembre. La oposición intentará que el plenario de Diputados elija al presidente de la bicameral. El presidente no sólo desempata, sino que también regula el funcionamiento y los tiempos de la comisión. Patear el tema para adelante es parte de la estrategia kirchnerista. Por ahora, el tiempo corre a favor del Gobierno. Eso explica que haya levantado todos los puentes de negociación con la oposición y que ayer sus principales voces salieran a reclamar la titularidad de la comisión.
Fue precisamente Landau, el diputado que el kirchnerismo propondría como presidente, el que dijo que “el oficialismo no está dispuesto a entregar la presidencia”. Además de presentar a su bloque como mayoritario, Landau arriesgó una interpretación, un tanto alambicada, sobre el rol de la comisión. “La oposición dice que es un organismo de control, pero nosotros decimos que no, que es una comisión de gestión”, aventuró. Lo hizo después de la publicación de un cable de noticias en el que un kirchnerista había dejado entrever que podrían ceder la presidencia. También Pichetto declaró que el puesto “le corresponde a un legislador del oficialismo”. Fuera de los micrófonos, diputados y senadores K se señalaron mutuamente como los autores de las declaraciones reservadas en las que se deslizó que abandonarían la lucha por la presidencia.
En diálogo con este diario, Morales rechazó que la bicameral sea una comisión de gestión, como afirmó Landau. “Es claramente una comisión de control. Los decretos son algo excepcional y esta bicameral tiene que monitorear el uso que hace de ellos el Ejecutivo”, destacó el senador jujeño. Con esa caracterización también coincidió el diputado del Peronismo Federal, Felipe Solá. Al hablar con Crítica de la Argentina, Solá recordó que “el kirchnerismo no tiene el 50 por ciento de la cámara. Con aliados llega a lo sumo a un tercio del cuerpo. Como diría Borges, el kirchnerismo está preso de las estadísticas. No pueden poner cuatro miembros. Uno de esos lugares deberían ocuparlo sus aliados. Sería bueno que el MPN, o los bloques de centroizquierda, o los de la Concertación, se pronuncien”.
El empate podría paralizar a la comisión. Algo que no preocupa en demasía al kirchnerismo. En ajedrez se diría que ambos contendientes están en situación de zugzwang, como se denomina a la posición en la que cualquier movimiento conlleva a empeorar la situación y eventualmente a perder la partida.
Fuente: Critica