En efecto, teniendo en cuenta el sondeo que de manera exclusiva realizó Poliarquía Consultores para LA NACION, hasta ahora el Pro predomina ampliamente en las preferencias de los electores, casi duplicando a su más inmediato competidor (Frente para la Victoria) y más que triplicando al siguiente (Proyecto Sur). Luego se apilan una gran cantidad de candidaturas "de culto", ninguna de las cuáles parece en principio contar con los recursos y la estructura como para modificar sustancialmente el esquema vigente. Si los apellidos Macri, Filmus y Solanas se reemplazaran por Fernández de Kirchner, Alfonsín y Duhalde o Binner, la configuración político-electoral de ambos distritos es prácticamente idéntica.
No es el único aspecto en el que la política nacional y distrital tienen fuertes similitudes. Por el contrario, los desacuerdos entre los principales líderes y la carencia casi absoluta de mecanismos civilizados de diálogo y deliberación también constituyen rasgos comunes. Nótese, por ejemplo, que los principales candidatos no pudieron ni siquiera concertar cómo realizar un debate por TV. Vale la pena recordar que hace cuatro años al menos eso había sido posible (sin que existieran condicionamientos respecto de alguna señal de cable en particular), aunque es cierto que eso no alteró el curso de las respectivas campañas: Mauricio Macri era el claro favorito, lo cual quedó ratificado tanto en primera como sobre todo en segunda vuelta.
Tal vez los debates no sean tan significativos en el devenir de las campañas. Pero en las democracias modernas dichos debates están institucionalizados como una práctica habitual que permite evaluar las fortalezas y debilidades de quienes compiten por el poder. Son los ciudadanos los más beneficiados pues en un par de horas pueden conocer los principales planes, ideas, valores y visiones de quienes aspiran a gobernarlos.
Pues bien, nuestros dirigentes no pueden acordar lo mínimo. ¿Están acaso en condiciones de acordar cuestiones más complejas, como políticas estratégicas de desarrollo que contribuyan a construir una sociedad más justa, equitativa, inclusiva, democrática, transparente y dinámica? ¿Habrá acaso uno o varios debates televisados entre los candidatos a presidente? ¿Y en la provincia de Buenos Aires? En este sentido, la ciudad es también un triste reflejo del patético estado de las instituciones, los procesos políticos y también el liderazgo a nivel nacional.
La abulia
El devenir de las campañas puede alterarse como resultado de cambios significativos en el entorno o exógenos (escándalos de corrupción, fuga de capitales, crisis energéticas o desabastecimiento). También los eventos propios de la competencia electoral o endógenos pueden hacer una diferencia (una publicidad original, sorpresas en anuncios o denuncias, graves errores por parte de algunos candidatos). Por eso, es de esperar que de aquí al 10 de julio seguramente habrá algunas novedades, rompiendo la abulia que caracteriza a este proceso eleccionario.
En principio, sin embargo, es evidente que Mauricio Macri tiene el terreno bastante despejado para volver a ser elegido jefe de gobierno. Son sus competidores los que deben esforzarse por cerrar la brecha. La campaña del Frente para la Victoria podría utilizar la relativa buena imagen que tiene la Presidenta para mejorar sus chances, aunque eso puede implicar un eventual desgaste si Daniel Filmus vuelve a ser protagonista de una doble derrota (en primera y en segunda vuelta). Por su parte, Pino Solanas ya tenía dificultades para establecer credenciales creíbles en términos de gestión, cuando sus peleas con Hermes Binner han generado aún más dudas en torno a su carácter y a la estabilidad y sustentabilidad de su coalición.
Probablemente, el mayor interrogante que despierta esta elección en la ciudad de Buenos Aires no sea quién será su ganador sino cómo influenciará en la dinámica política nacional. ¿Habrá de afectar la supuesta invulnerabilidad de la Presidenta, si en efecto ratifica su candidatura? ¿Servirá para que las fuerzas de oposición entiendan que siempre la fragmentación favorece al candidato mejor posicionado, sobre todo cuando la distancia es tan significativa? Una y otra vez, la política argentina ha demostrado una legendaria incapacidad para aprender de sus propios errores. Nadie debe sorprenderse si esto vuelve a pasar.
El autor es director de Poliarquía Consultores
fuente lanacion