Pero tampoco sectores del sindicalismo argentino han quedado a salvo de las estrategias oficiales y hoy el discurso de algunos líderes sindicales parece el discurso del jefe de campaña del partido gobernante.
Aparecen cada tanto algunas expresiones que oscilan entre el apoyo incondicional y demandas que van cerrando el círculo en torno de un espacio cada vez más reducido, en donde los intereses de algunos sectores sindicales parecieran quedar reducidos a los intereses de su líder.
Como intento de justificación se desempolva cada tanto la letra peronista que creó una alianza casi indestructible entre el justicialismo y los trabajadores, por haber sido Perón el artífice del reconocimiento de los derechos de los trabajadores.
Pero el justicialismo de Perón, no es el justicialismo de hoy. Es más, Perón casi no aparece ya como el motor que impulsa la lucha sindical y por el camino que vamos, no es ilógico pensar que poco a poco, su imagen se vaya diluyendo a la sombra de un nuevo credo que se intenta gestar desde el oficialismo.
En ese escenario, aparece un discurso errático en el que hoy se critica la inseguridad y mañana se dice que es menos que en otros países, hoy se dice que la inflación es un problema y mañana se intenta justificarla en el consumo, hoy se reconocen problemas que mañana intentan borrarse con algún razonamiento complejo que permita dar algún viso de coherencia a la contradicción.
Es necesario que se resguarden los principios de la lucha de los trabajadores y que con tal objetivo inclaudicable, se mantengan siempre las manos libres para actuar y libre la conciencia para poder hablar. A tales fines se impone que el sindicalismo representado por algunas organizaciones redefina sus principios y resuelva construir sobre la base sólida que trasciende a los actores políticos del momento.
totalnews