Archivo de Notas TotalNews Agency
No Result
View All Result
No Result
View All Result
Archivo de Notas TotalNews Agency
No Result
View All Result

“Cristina para las fotos es barbara”

Redacción TN by Redacción TN
4 enero, 2010
in Opinion
0
0
SHARES
0
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

—Mirá –explica Pinti–, yo pienso 24 horas por día pero escribí esta obra sólo en una semana y media. Tenía el libreto absolutamente en claro. Imaginate: 24 horas por día durante cinco o seis meses de pensar y pensar y pensar. Estas cosas se hacen antes de que uno entre en el túnel del tiempo, que parecería como que a uno no le va a tocar pero esa enfermedad es tan fea, en realidad ninguna enfermedad es buena, pero quiero decir que es tan traicionera y tan artera que, de pronto, gente brillante como Groucho Marx, que siempre tenía una contestación ingeniosa a flor de labios hasta más de los 80 años, de pronto se volvió gagá y quedó en manos de una enfermera que le robó parte de su fortuna y lo arrastró por el fango. Una cosa espantosa. Que a Groucho le haya pasado eso te pone en guardia. Del otro lado, Ronald Reagan, que había sido una persona con tanto cerebro, a mi juicio para el mal, no supiera quién era y se hubiera olvidado de que cagó a media humanidad por ejemplo por no atender el sida de entrada y haber dicho que total era una enfermedad de homosexuales, con ese pretexto no financió ninguna investigación y en esos cinco años esto permitió que la enfermedad matara a millones de personas. ¡Ese tipo que tuvo ese cerebro para el mal, al no recordar luego quién era, se convierte en un inocente! ¿Qué querés que te diga? Pero vuelvo a Groucho. El Rey. Entonces te das cuenta de que nadie está exento de esa horrible enfermedad de Alzheimer. En esto no hay ninguna burla a la enfermedad pero lo que yo he escrito es una vuelta de tuerca macabra, humorística, acerca de que uno ya no tiene tanto tiempo. No solamente por el Alzheimer sino por un problema biológico natural.

—Por supuesto. Cuando te ofrecen algo a los 30 años.

—Claro. Por ahí no es exactamente lo que uno quiere pero total, escuchame, “tengo toda la vida por delante!”. En cambio, cuando te ofrecen algo a los 70 y vos decís “tiene cosas que no me gustan pero lo voy a hacer porque si no…”. Ya no queda tanto tiempo para prepararse y esperar otra oportunidad. Entonces, creo que este espectáculo nació no solamente de los olvidos que uno toma en broma pero que son serios cuando te empezás a olvidar de todo, sino que partió también de decirme: “Si no lo hago ahora ¿cuándo lo voy a hacer?”. Mucha gente me dice: “Espero que sea otra Salsa criolla y yo le contesto: “Espero que no”. Cuando hice Salsa criolla tenía 45 años, toda la vida por delante, y entonces a pesar de haberlo hecho durante diez años no importó nada porque sólo tenía 55. En cambio, esto hace que la vida vaya tomando otro cariz.

—Pero no te privaste de hacer un éxito como “Productores”.

—Por supuesto. Tampoco dejé de hacer Hairspray porque también me gusta mucho la ficción, la comedia musical. Entonces me lancé. En otras épocas hubiera dicho: “No, no, no. No lo sigo”, pero tuve la gran suerte de que me ofrecieron las dos veces una oportunidad como la de Productores y Hairspray. Imaginate lo que es conseguir un personaje de mi edad en un musical. Productores lo tenía y cuando vino el otro pensé: “Es tirar mucho de la cuerda”. Entonces, volví ahora al género pero antes de que uno se olvide de todo.

—Nunca entendí tu proceso de trabajo: no tenés computadora ni celular. ¿Qué pasa ahí? Das los lineamientos y otro lo escribe?

—No. Yo hago todo. Por ejemplo, como te dije, pienso en el punto de partida. Es la piedra de toque: te olvidás de tu número de teléfono, estás llegando a un momento especial. ¿Y si, alguna vez, yo me olvido de la historia y alguien me pregunta por Perón y yo digo: “¿Ehhh?”. Si me preguntan por Isabel o por los militares y digo: “¿Ehhh?”. Y esto puede pasar. Entonces, como ahora hay medios técnicos como los DVD, todo lo que vos has dicho y pensado queda registrado. Como para que la gente no se olvide de lo que uno pensó. Este es el punto de arranque de este espectáculo. Yo me dije: es el Bicentenario, buena época para hacer un recuento histórico y yo vengo haciendo recuento histórico hace 35 años. Entonces el público sabe perfectamente lo que yo hago. Tengo esas características. Algunos podrán decir que son límites. Yo digo que son características. Cuento la historia argentina, la recuento y la vuelvo a contar con pequeñas variantes. Lo que sí cambia es mi edad, mi estado de ánimo y lo que ocurre en el país que, aunque siempre termina en lo mismo, tiene matices muy diferentes. Entonces, yo dije: primero el Bicentenario, hay que contar la historia. ¿Cómo la voy a contar? ¿Como un señor de setenta años? La voy a contar “antes de que uno se olvide”. A partir de ahí empezás a pensar particularmente en cómo puede ser el espectáculo. Porque ¿qué es la cabeza de uno? La cabeza de uno puede ser un prostíbulo o un banco o una computadora. Y si uno es artista, la cabeza de uno también puede ser una orquesta que tiene que sonar afinada. Yo empecé a pensar en el comienzo del espectáculo como un director de orquesta que está organizando los instrumentos dentro de su cabeza. El clarín para la alegría, la percusión para el ritmo, el piano (que es la base) viene a ser la memoria, los violines para la lágrima, el minué para la finura, la puteada a tiempo con el platillo que remarca los chistes malos como si decís que la inflación es del 0,7. Ahí, claro, platillo. La batería… entonces se va armando esa orquesta para empezar. Pero cuando uno cree que está bien afinada, de pronto aparece un coro de tiroleses alemanes que dicen que no, que tu memoria es demasiado frondosa, demasiado excesiva, que bajás demasiada línea y que, en el fondo, a nadie le importa nada y que lo mejor que te puede pasar es que te olvides de todo así no jodés más. Ahí empezás a ver en el espectáculo al viejo alemán, los tiroleses y el desorden. ¿Viste? Cuando uno cree que está bien y empieza a contar la historia para el culo. Todo mal y finalmente uno se ordena y empieza todo.

—¿Ahí se evoca el Centenario de 1910?

—Desde ya. Pero también se evoca un futuro en 2050 a través de un mago andaluz que aparece y al que la bola le va diciendo (a este pobre personaje mío) cómo va a ser el mundo en 2050. ¿Sabés? Tipo esas aproximaciones de la película Metrópolis de Fritz Lang, que adelantaba cómo iba a ser el mundo en el año 2000. Y la verdad es que el alemán no le erró mucho. Exageró un poco algunas cosas pero mostró una humanidad deshumanizada, valga la redundancia, llena de rascacielos de cemento sin ningún sentimiento. Como robots. Y más o menos. En general el artista siempre termina siendo como el viejo refrán “piensa mal y acertarás”, y la verdad es que hay un grado de pesimismo y cinismo que nos caracteriza a todos los humoristas. Pero también, en algunos casos como el de Chaplin, hay un rayito de esperanza y la esperanza es el ser humano, la mente del hombre, que no es capaz de dejar que todo se destruya. Siempre habrá algo que se puede reconstruir. Y esto es lo que, más o menos, vengo tratando de explicar desde hace treinta años. Mirá: Salsa criolla, El infierno de Pinti, Pinti canta las 40. Son todos espectáculos muy diferentes en su visualización pero con un mismo mensaje. Alguna gente puede llamar a esto monotonía.

—Pero las cosas nunca son iguales.

—Nunca y a la vez siempre es lo mismo. Yo a veces me pregunto si hay vida en Marte porque envidio a la gente que piensa que existe y que una vez que se solucione este problema, ya está. Yo también pensaba lo mismo pero, con los años, no. Entonces, quisiera estar en el club de la gente que dice: “Se van los Kirchner y esto se arregla en seguida”. Yo pertenecí al club de los pelotudos que decían: “Acá lo sacás a Menem y el país se arregla”. Y esto no ocurrió. Entonces, si no ocurrió, aunque vos odies o detestes una determinada forma de gobierno, a un gobernante o a un gabinete, esto no se soluciona destruyéndolos sino construyendo otra cosa mejor. Si los que están construyendo algo son los que ya estuvieron y destruyeron todo menos a uno. Entonces, yo quiero saber si hay vida en Marte porque si fuera un optimista nato, diría: “Se terminan los Kirchner y se arregla todo” y estaría bailando en una pata. Pero como ya me pasó eso con otros gobiernos y no ocurrió, entonces me digo: “Me voy a Marte porque acá evidentemente parecería como que las cosas no están bien”. Y el mundo… Por eso digo, Marte. No es que me voy a España, donde están todos puteando contra Zapatero diciendo que es el peor gobierno que han tenido… y si me voy a Italia, donde le rompen la cara a Berlusconi.

—Era un desequilibrado.

—Sí, un loco. Pero le rompe la cara porque hay toda una repulsa general. Por eso se atrevió y, como buen loco, dijo: “Eeehhh, aquí está el que tiene la culpa de todo” y le pegó. Por supuesto que ésa no es la solución y nadie puede estar de acuerdo con semejante barbaridad pero, evidentemente, uno ve que, por ejemplo, Rusia está manejada por droga, por mafia. Que México está abarrotado de narcotráfico y que la inseguridad es terrible. Hay un video espantoso, casi me muero al verlo. Aparecen unos narcos con dos bolsas de residuos y resulta que, en cada una, había siete cabezas. Son cosas funambulescas al lado de las cuales el Conurbano nuestro parece Disneylandia. Por lo menos acá te cortan un dedo y no la cabeza. Entonces, realmente, el horno no está para bollos. Por eso te hablo de Marte. Porque ya vimos España, Italia, Rusia, México. Cuba sigue con una dictadura de la puta madre que lo parió. Ni hablar de Venezuela. Entonces qué. Izquierda, derecha, pobres, ricos. Todo es un desastre. Entonces, Dios. Uno termina diciendo: “A lo mejor aquí todavía queda alguna esperanza”. Por otro lado, también decimos: “No veo la luz por ningún lado”. Y todas esas cosas lo atacan a uno en su cabeza y uno hace un espectáculo agridulce que no tiene nada que ver con Salsa criolla, que era la exaltación de la democracia.

—La vida es agridulce… Por eso tenés tanto éxito.

—Uno cree personalmente que con la democracia se come, se educa, se caga, se mea, toda esa historia en la que creemos, pero también nos damos cuenta de que sólo eso no sirve. Ni es tampoco la decepción por la supuesta estabilidad de Cavallo y Menem del año 1995 de El infierno de Pinti. Ni tampoco es el quilombo del año 2002 con Candombe nacional ni tampoco hablamos del comienzo del kirchnerismo en 2007 con Pingo argentino. Los climas, entonces, tiñen el espectáculo y siempre hay nuevos matices que los diferencian.

—Te das cuenta, Enrique, de que nunca tuvimos una pareja reinante. Es medio como de Inglaterra, ¿no?

—Nunca, nunca. Por eso yo digo que cada uno viene con una cosa nueva. Te preguntás: ¿pero cómo es posible? Hasta aquí habíamos llegado y ahora… y no es que siempre es peor sino que es distinto. Absolutamente negativo. O sea, las cosas que ocurren son o dictaduras espantosas o un viva la Pepa en el que no se cuida la economía y se termina en una hiperinflación impresionante. O si no, una falsa paridad cambiaria que luego provoca el corralito, viene una devaluación que después trae la violencia, Kosteki y Santillán y después viene como un puente. Ah, bueno, ahora se va a arreglar todo porque la economía con el viento de popa y el viento de cola y qué sé yo y después un autoritarismo medio salvaje pero constitucional. Autoritarismo total, te digo. Y cuando vos creés que la señora de Kirchner va a ser más atemperada, que tenía cintura política cuando era senadora, bueno, ahora parece que no. Resulta que es peor y que va para otro lado.

—Como senadora no parecía tan preocupada por su físico.

—No. Parecía una señora mona que, justamente por ser mona, no tenía necesidad de exaltar ese aspecto, ¿no? Parecería que hay una especie de mala lectura de Evita. Porque Evita lo dijo: “Yo me tengo que poner todas estas joyas porque tengo que triunfar por la imagen”. Había sido actriz toda la vida. Era también una mujer muy hermosa, pero no era la presidenta. Era la primera dama. Entonces, se sabía que la primera dama peronista tenía que joderlas bien a las damas de beneficencia que decían que era grasa. “No soy grasa y me visto en Christian Dior. Soy más distinguida que vos”. Había una razón, un resentimiento social. Lo que sea. Evita necesitaba ese brillo. En cambio, aquí hay una especie de locura galopante que llama la atención. Por ejemplo, no leer los datos de la realidad. Cuando el país no aguantaba más la paridad, Menem decía que era el mejor gobierno. También lo decía un montón de gente. Hoy, éstos perdieron las elecciones del 28 de junio y dicen que las ganaron. “Vamos a reafirmar el modelo”, dicen. Pero si lo acaban de rechazar. “Por pocos puntos… unos puntitos”. Pero en la democracia los puntos sirven porque si no, no hay sistema. Hay que dialogar y ver cuáles son los puntos por los cuales no te han vuelto a votar.

—¿Vos creés que pueden dialogar?

—No están habilitados para dialogar. Yo pensé que sí. No hablo de Néstor pero creí que ella sí. Justamente por haber sido senadora pensé que era capaz de dialogar. Aparentemente, si vos ves la foto. Ella para las fotos es bárbara porque Néstor no disimula ni para la foto. Cara de orto y mira para otro lado. En cambio ella, hasta cuando se reúne con la mesa del campo, está divina. Les ofrece café y “hola, ¿qué tal?” Después los manda sabés dónde. En fin, es un personaje muy contradictorio. Es lo que faltaba. Esto es un zoológico. En serio. En este espectáculo hay un momento en el que pasan halcones, palomas, los fondos buitre, “el tigre de los llanos” y también el mono de los llanos pero con una valijita. Pasa el pingüino con otra valijita con los colores de Venezuela. La pingüina con el bolso Vuitton, los gorilas, la tortuga. Los gorilas arrastrando a la tortuga. O sea que es el zoológico completo y siempre cuando me falta un animal, viene solo.

—Vas a hacer una especie de sesión de psicoanálisis.

—Exacto. Y es un análisis formado de distinta manera que en otras épocas que estaban teñidas de alegría, de optimismo o de pesimismo, de bronca, o de esperanza. Todo junto. Es el estado caótico del supuesto Alzheimer. Estás un día bien. Un día mal. Un día en que entendés todo y otro en el que absolutamente nada. Yo creo por ejemplo que la tragedia de los Pomar es el papelón oficial de muchos años pero también es la prueba de que, cuando a una sociedad se la vuelve loca, y esto se hace entre todos (aquí nadie es inocente), también entra la boludez loca cuando gritan: “¡Cuidado! Hay algo atrás suyo. Su sombra es un asesino”. La gente entonces ya no cree en la teoría del accidente y empieza con el narcotráfico, el canibalismo… qué sé yo! Pero, ¿por qué? Simplemente porque está en una cosa sensacionalista tremenda donde la gente no empieza a pensar en lo más lógico. Entre que la Policía es inepta y la gente está loca, los que tienen que informar empiezan a decir: “Pará, pará un poquito”, y esto demuestra muchas cosas. Por ejemplo que, cuando se le quiere dar poder ilimitado a una Policía como ésta, mucha gente, empezando por Macri, piensa que con esos poderes ilimitados se arreglan todos los problemas. Antes que nada hay que sacar a los ineptos y a los corruptos porque si vamos a estar con esa seguridad tampoco va a servir que la Policía tenga poderes absolutos y totales. Tiene que ser una Policía racional.

—Veo que Macri tampoco se salva.

—Claro que no se salva. Muchas metidas de pata. Pero lo que tiene Macri a su favor es que él no está en el gobierno. De alguna manera es una víctima (y así se presenta) de la ineptitud del Gobierno nacional, que le pone piedras en el camino. La gente que votó a Macri odia tanto el modelo kirchnerista que, aunque Macri nombre al bisnieto de Hitler como jefe de Policía, tiene tendencia a perdonarlo por aquello de: “Bueno, ¿y si no qué hay?”. Para mí ya no hay opciones válidas de lo que veo. Yo envidio a esa gente que dice: “No, no… Macri es mejor”. O también: “Al lado de esto, Menem era un nene de teta”. Te repito que los envidio porque aquí “nenes de teta” no hubo nadie. ¿Me entendés? Es una mezcla rara de incapacidad con falta de sentido común y falta de lectura de la realidad y una total y absoluta picardía política. Por ejemplo, la gestión cultural de la Ciudad está mal pero se está reconstruyendo el Colón fantásticamente bien, con artesanos de primera, y parece que es maravilloso. Pero, ¿por qué? Porque el Colón es conocido en el mundo entero, uno de los grandes coliseos mundiales. Por lo tanto, si se arregla, como fue un problema que venía de otras administraciones, si Macri vuelve a ponerlo como la gente, resuena en todo el mundo. El San Martin, el Regio, el Presidente Alvear y el de la Ribera están hechos bolsa. No tienen ni papel higiénico ni presupuesto. Nada. Pero, ¿a quién carajo le importa el teatro Regio? El Colón, en cambio, es el teatro al que va la familia de la mamá de Macri y tiene que estar arreglado. Yo también quiero que se arregle porque es nuestro orgullo y forma parte de la cultura que le corresponde a la Ciudad, al ayuntamiento… lo que corno sea. Y la picardía política llega a eso: “Arreglemos el Colón. Lo demás…”. Entonces, estamos siempre en la misma: lo que hicieron otros se hace igual con distintos discursos. De izquierda, de derecha. No importa. No hay plata, entonces… hagamos lo que suene mejor. Eso sí: muchos canteros porque cuesta menos, hago un canje con vivero y… ¡chau!

fuente perfil

Tags: 24 horasclaroen realidadenrique pintiesafangofeaflorgroucho marxhumorimaginatelibretomagdalena ruizmdashronald reagantorrentetraicionera
Previous Post

AMIGOS SON LOS AMIGOS

Next Post

RADIO 10 AM 710 – Programa: Cada Mañana – 04/01

Next Post

RADIO 10 AM 710 - Programa: Cada Mañana - 04/01

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No Result
View All Result
  • Activity
  • Archivo TotalNews
  • Búsquedas
  • celp exchange details(Advanced Design)
  • cmc exchange details
  • Members

© 2025 Totalnews Agency