Habitualmente, el marcar diferencias le ha servido al sindicalismo para obtener rápidamente una respuesta favorable, una palabra de contención, una promesa o alguna señal que de modo inequívoco le permita concluir que el gobierno finalmente le concederá lo solicitado. Claro, el precio de no hacerlo es restarle apoyo a un gobierno debilitado que por estas horas presenta frentes diversos y pocas probabilidades de dar respuestas.-
El poder del gobierno no se cimenta en el respeto ganado, en la legitimidad reconocida en sus prácticas como un estilo natural, sino que por estas horas proviene de las alianzas frágiles que logra construir con los grupos en los que supo sembrar la conciencia que el país es un gran teatro de notorias injusticias y que en ese escenario hay culpables de ello, de los que el gobierno se hará cargo.-
Busca convencer de la existencia de enemigos del pueblo que atentan contra los derechos de todo a base de especulaciones y afanes ambiciosos de dinero, y a quienes la fuerza del proyecto de redistribución de la riqueza impulsado desde el oficialismo, logrará vencer.-
Un mensaje confuso que solo logra dividir y enfrentar a los argentinos con antiguos discursos clasistas en los que se atribuyen valoraciones éticas a las clases sociales y en donde por supuesto los que mas tienen son los malos y los desposeídos son los buenos.-
Pero este poder construido a base de alianzas entre quienes se necesitan mutuamente para sus propios intereses, comienza a resquebrajarse cuando el gobierno empieza a reducir la atención de sus reclamos.- Así, los mismos movimientos sociales que otrora apoyaron al gobierno, han estando de manera recurrente cortando arterias céntricas y efectuando manifestaciones en reclamo de la justa distribución de los planes sociales.-
Restan dos años a este gobierno. Y es el momento de un replanteo importante y de fondo que le permita corregir el rumbo y planear un proyecto de país en el que se incluya a todos los que vivimos en el, y cuando decimos a todos, nos referimos a los oficialistas y a los que no lo son, a los que adhieren al gobierno y a los que no, a los que piensan como ellos y a quienes defienden ideas contrarias sin que ello implique un delito.-
Necesitamos un gobierno para todos los argentinos entendiendo por todos, una totalidad en la que no se hace ninguna excepción.- Estamos acostumbrados a interpretaciones sesgadas de algunos vocablos como por ejemplo “todos” y “pueblo”.- Cuando el discurso oficial, emplea estas palabras, la percepción colectiva es que nunca esta realmente hablando de todos, y que no se esta refiriendo por pueblo a todos los argentinos.-
El gran desafío que tiene en estos momento el gobierno es el de aprender a convivir con las diferencias y a ejercer un liderazgo que provenga de la legitimidad de sus actos y de la razonabilidad de sus decisiones, y no de las alianzas vulnerables que se construyan por otros motivos.-
Pero no hay demasiado tiempo para este proceso, por lo que sería oportuno que con el comienzo del 2010, el gobierno resolviera finalmente, dejar de gobernar para los amigos y con los amigos y hacerlo para todos los que viven en suelo argentino.-