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Expectativas empresariales y decadencia del estatismo fofo

Redacción TN by Redacción TN
18 octubre, 2015
in Jorge Raventos
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… una etapa que atravesó  tragando amargo y escupiendo dulce,  aplaudiendo en  el Salón Blanco y murmurando  tardías quejas en las entidades o (en otros casos)  aceptando de buen grado la cooptación  oficial que abría puertas a contratos  y subsidios.
 
Los sectores más competitivos de la producción hace tiempo que empezaron a tomar distancia del  “modelo” , y en los últimos años las reuniones de IDEA testimoniaron  el  paulatino crecimiento de esa postura crítica.
 
Gradualismo o shock
 
El encuentro de  esta semna, en vísperas de la elección presidencial, permitió proyectar  la atención sobre los postulantes a suceder a la señora de Kirchner. De los tres mejor ubicados, Daniel  Scioli fue el menos  premiado con aplausos, pero se le adjudicó en las encuestas  internas una virtud significativa: sería el  mejor para garantizar gobernabilidad. A Sergio Masa le celebraron sus propuestas más enérgicas (combate al narcotráfico, imprescriptibilidad de los delitos de corrupción) y sus equipos. A Mauricio Macri lo trataron como  un candidato propio.
 
Aunque no se encuentra en la grilla de presidenciables, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey  fue especialmente atendido por los empresarios. Se lo visualiza como “el ala sensata”  del equipo  que está constituyendo  Daniel Scioli: es el que se ha enfrentado sin pelos en la lengua con Axel Kicillof y Aníbal Fernández y quien en  Nueva York  afirmó que hay que resolver rápidamente el diferendo con los fondos buitres  (un tema que irrita a la Casa Rosada y que, por ahora, Scioli  define como “no prioritario”).  A Urtubey  y  a Diego Bossio (a quien el gobernador bonaerense  le ha prometido el ministerio de Planeamiento) se los  considera  parte de  la apoyatura  peronista  que puede sostener  el curso pragmático de la eventual presidencia de Scioli frente a un acoso  del kirchnerismo  que se considera inevitable.
 
Los  empresarios  esperan  más  schock que  gradualismo del próximo Presidente; estiman que el cambio de gobierno  genera  muchas expectativas y  las primeras semanas serán vitales para empezar a recuperar la confianza de los mercados:  una estrategia que no  defina rápidamente los cambios  indispensables  puede frustrar  las esperanzas  y  naufragar.
 
Scioli –quizás para contener las expectativas y seguramente para tranquilizar, de paso, a  sus custodios ultrakirchneristas- habla como un  profeta del gradualismo. Ese discurso no satisface a los empresarios, que tampoco le aprueban la elección de Silvina Batakis (su ministra de Economía en la provincia) para encabezar el Palacio de Hacienda. La consideran de peso  muy liviano para afrontar la herencia que deja el ciclo K.
 
Definiciones tardías
 
En cualquier caso, la reunión de IDEA  dejó entrever la confianza que las empresas  tienen en las posibilidades del país. Más allá de la  relativa insatisfacción  con  los candidatos, les atribuyen a  los tres principales la cualidad de  escuchar, dialogar y buscar los consensos en lugar de la confrontación y la pelea. No es poco después de  una década de presiones  y proverbial intolerancia.   
 
Ya en la recta final de las campañas, aún  nadie  puede asegurar  si la elección presidencial quedará consumada el próximo domingo o demandará una segunda vuelta.  Los estudios de opinión pública hacen en estos días  los ajustes que  les exigen  la  realidad y la preservación del prestigio profesional. Salvo dos o tres firmas conocidas por su  dependencia excesiva de los gustos del cliente,  la mayoría  coincide en estimar que Scioli va primero con una ventaja  apreciable, pero no llega al mágico 40 por ciento, indispensable para  evitar el balotaje. La mayoría  coincide también en que Macri  supera  hoy a Massa por el segundo puesto (aunque  hay divergencias sobre la ventaja: entre 3 y 7  puntos). Hay coincidencia también en que el único que  ha evolucionado hacia arriba desde las primarias es Massa.
 
En la sociedad todavía no parece haber llegado el momento de la definición, evidentemente demorado hasta el último instante, quizás a la espera  de las definiciones  que la campaña  no ha conseguido aportar.
 
Estado fuerte y estatismo bobo
 
Una de las asignaturas prioritarias de la política argentina –en principio, un desafío que deberá encarar el próximo gobierno- es la regeneración de un Estado sólido y eficiente. Las declamaciones estatistas de los últimos años (en rigor, coartadas para justificar el discrecionalismo gubernamental) se concretaron en un derrumbe de la calidad de las prestaciones del Estado. La Argentina destruyó su sistema estadístico y las estructuras de control, se ha quedado virtualmente sin dispositivo de defensa, retrocedió enormemente en materia de seguridad,  vio transformarse el anterior autoabastecimiento en déficit energético y dilapidación de divisas, en el campo educativo decayó y retrocedió a las últimas posiciones en las evaluaciones internacionales, se estancó en materia de salud. Esa enumeración –que podría continuar- debería incluir pocas honrosas excepciones, como algunos campos de la investigación científico-técnica (en particular la aeroespacial). 
 
Como telón de fondo de esa catastrófica performance se observa un proceso de colonización facciosa de la administración pública que incluye la marginación de personal profesionalmente formado, la instalación de jerarquías digitadas (sin concursos o con competencias amañadas), la creación de infinidad de puestos en reparticiones directa o indirectamente sufragadas con fondos públicos. La única franja de empleo que crece es la del trabajo en el Estado, y lo hace en paralelo con la decadencia de la calidad de sus prestaciones.
En los últimos días han trascendido algunas iniciativas postreras del gobierno destinadas a batir sus propios registros en materia de empleo público:  medio centenar de cargos en el ministerio de Justicia y 755 en Relaciones Exteriores.
 
Profesionalizar versus igualar hacia  abajo
 
En este último terreno, la  Asociación Profesional del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación (Apsen, la entidad que agrupa a los diplomáticos de carrera) ha denunciado que el ministro Héctor Timerman dispuso que más de la mitad de las 351 posiciones de esa convocatoria correspondientes al cuerpo diplomático puedan ser ocupadas por personal administrativo, sin formación específica. Se trataría de un nuevo ejemplo de  erosión de la calidad del Estado.
  
El personal diplomático argentino es probablemente el sector mejor formado de toda la administración pública. Está constituido en altísimo porcentaje por graduados universitarios, con (al menos) un posgrado especializado en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación, que manejan varios idiomas, son reclutados con criterio federal y provienen de un a amplio arco de carreras iniciales.
 
Los profesionales diplomáticos tienen dedicación exclusiva al servicio público; no pueden desarrollar otras actividades rentadas, con excepción de la docencia, deben intervenir y asumir responsabilidades en asuntos de una enorme variedad y gravedad: desde cuestiones que hacen a la integridad soberana del país (asuntos de límites, diferendos territoriales, defensa de recursos actuales y potenciales de la nación, etc.) hasta la negociación de acuerdos comerciales o cuestiones de paz y guerra, pasando por la protección de derechos de ciudadanos argentinos en el exterior.
 
Resulta evidente que  igualar para abajo, encogiendo los requisitos para ocupar cargos que entrañan altas responsabilidades actuales o potenciales, sólo responde a pequeños intereses clientelísticos. El estatismo verbal se traduce en más gasto público para la creciente incapacidad e impotencia del Estado nacional.
 
Entre los temas que los candidatos no han abordado  específicamente están el manejo del aparato estatal, su profesionalización, la creación y respeto de normas permanentes que rijan la carrera administrativa, la formación permanente y la evaluación periódica de los agentes.
 
En una sociedad mundial que cambia vertiginosamente y que pivotea sobre el conocimiento y la tecnología, un Estado cuyas únicas transformaciones sean engordar y disminuir sus exigencias y saberes, lejos de ser un instrumento de soberanía y desarrollo, es un lastre para el país: lo sofoca, impide la liberación de sus energías.
 
Probablemente el debate de este asunto ya no se producirá antes del comicio, pero quien sea que gane (con o sin balotaje) inevitablemente tropezará con el tema cuando le llegue la hora de gobernar.
 
Tags: Expectativas empresariales y decadencia del estatismo fofoPolítica
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