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Diario de la pandemia: la pesadilla de engriparse en tiempos de coronavirus

Redacción TN by Redacción TN
22 mayo, 2020
in Internacionales
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Para aquellos que vivimos en una región en la que los estallidos de violencia son un riesgo del oficio, hacer frente al coronavirusparecía bastante simple: quedémonos en casa y

vamos a estar bien.

En general, así ha sido. Fuera de sacar al perro a dar una vuelta, me he quedado en casa, trabajando en forma remota y esperando que pase la peste.

Qué es el CoronavirusCómo se contagia y cómo son sus síntomas

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El 6 de abril, finalmente salí para informar sobre los voluntarios israelíes que ayudan en la línea de frente de la pandemia. Después empecé a tener dolor de garganta. Y una tos molesta. Y me faltaba un poco el aire.

Razoné que era sólo un resfrío que me había contagiado una de mis hijas o una gripe “común”. Sin embargo, el clima de pánico imperante ante el aumento de los casos de coronavirus me dejó una duda persistente luego de mi expedición solitaria al mundo exterior.

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Una breve llamada a la línea directa nacional de consultas por el coronavirus dejó en claro que el mío era un caso de baja prioridad. No había salido del país recientemente, no había estado en contacto con un caso confirmado de coronavirus y no tenía una temperatura superior a 38 grados.

Como el Ministerio de Salud de Israel estaba siendo duramente criticado por ofrecer una disponibilidad de tests muy por debajo de lo prometido, rápidamente fui rechazado.

Estando el país en una cuarentena virtual, a la gente también se la desalentaba de hacer una visita al médico por temor al contagio. Por eso, después de una consulta telefónica, empecé a tomar un antihistamínico y un esteroide inhalado para la dificultad de respirar, mientras continuaba con la medicación para el resfrío y la gripe.

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Durante la siguiente semana, esto en general funcionó. Pero los síntomas no se iban.

Finalmente, después de dos semanas, fui a la clínica local. El médico me revisó y recomendó que también usara un spray nasal antialérgico. Le pregunté por un análisis para detectar el COVID-19 pero en cambio me derivó a un especialista. Una enfermera profundizó mi confusión al sugerir que verificara si no tenía el coronavirus.

“Pero no tengo fiebre”, expliqué.

Eso no tiene nada que ver, respondió. Muchas personas jóvenes, dijo, eran asintomáticas, y mi tos y dificultad para respirar hacían de mí un candidato excelente.

Yo cada vez me sentía peor y tenía dolor de cuerpo y de pecho. Para peor, mi hija de 1 año empezó a tener fiebre alta. Me enfureció mi vacilación y temí no sólo haber descuidado mi salud sino también haber expuesto a mi familia. Con la cabeza que me estallaba, llamé nuevamente a la línea directa del coronavirus para pedir un test. Después de un largo intercambio, fui rechazado otra vez.

Al día siguiente, fui al otorrinolaringólogo quien, tras una minuciosa revisión, pareció resolver el misterio. Tenía una importante sinusitis. El diagnóstico -¡cualquier diagnóstico!- me dio una sensación de alivio.

Pero, después de varios días de antibióticos, me sentía peor. Por momentos transpiraba profusamente y luego temblaba de frío. Tenía picos de fiebre y los dolores me dejaban en cama durante horas.

No sabía qué estaba pasando. ¿Realmente podía tener sinusitis y la peor gripe de mi vida al mismo tiempo? Me puse en cuarentena en la habitación de una de mis hijas por temor a que estuviera ocurriendo algo más grave.

Llamé a la línea directa del coronavirus por tercera vez. Finalmente, cedieron.

Al día siguiente, una mujer joven con un traje de protección que la cubría por completo y un visor amenazante llegó a mi casa, me hizo un hisopado en la garganta y las fosas nasales y dijo que tendría el resultado en tres a cinco días.

Afortunadamente, la fiebre de la bebé había bajado y nadie más de la familia estaba enfermo. Poco a poco, comencé a recuperarme y el 29 de abril por primera vez me desperté sin dolores. Salí de la cama y revisé el teléfono.

Había un mensaje de texto del Ministerio de Salud.

“El test de coronavirus que se le practicó”, decía, “dio negativo”.

Aron Heller, Tel Aviv. Associated Press

Traducción: Elisa Carnelli

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TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

  • Coronavirus

  • Tel Aviv

  • Israel

  • Gripe

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