
“Esto es discriminación, ¿ves? Yo estoy trabajando en Capital y tengo que pasar por esto. Una hora de fila”, dice a Clarín un conductor que escuchó cuando esta cronista presentaba su
credencial del medio en un control de acceso a la Ciudad de Buenos Aires, justo debajo de la General Paz, en Liniers. Es real que en el primer día del cierre de los 56 accesos a Capital para intentar evitar la propagación del coronavirus, los 13 pasos que quedaron disponibles generaron kilómetros de cola.
En la General Paz, también, mucha impaciencia. Los bocinazos eran imparables a las 8.15 de la mañana. Se escuchaban desde Ciudadela, donde comenzaba la fila de autos, sobre la avenida Rivadavia, para cruzar.
El control en Liniers era tanto para entrar como para salir de Capital Federal. “Si me lo exhibe mejor, por favor”, le dice un policía de la Ciudad a un conductor. Prefiere no tocar el DNI ni el permiso para circular que le muestra el conductor. Eso no es parte del protocolo. Es una decisión individual. Lo “uniformado”, sí, es el uso del barbijo y los guantes. A la Policía no le falta, a Prefectura, tampoco.
El acceso por puente La Noria, colapsado. Foto: Maxi Failla
En general Paz, a la altura de Donado, directamente cruzado en los carriles, aparecía un gigante móvil del Grupo de Acción Motorizada (GAM). Esos oficiales, todos de negro, también tenían barbijos negros. Primero, controlaba un oficial de GAM y, después, una policía de la Ciudad, de nuevo con la chamba bordó. Era un trabajo en equipo.
En el acceso por la Riccheri, el panorama era exactamente igual que en Liniers. Antes del peaje de Dellepiane, el tránsito estaba frenado como en la peor hora pico. La imagen, más temprano, había generado indignación en el vicejefe de Gobierno porteño. “No puede ser tanta gente”, dijo Diego Santilli.
Con barbijo. Un agente en un control de la General Paz. Foto: Maxi Failla
“Ayer 9 de cada 10 se habían quedado aislados, ¿por qué hoy? Eso entorpece a las enfermeras, enfermeros, médicos que tienen que ir al hospital. Reflexionemos qué nos está pasando. Si hay personas puede haber contagio y puede haber más muertos. Dejen que solo los que tienen que trabajar para cuidarnos, protegernos, abastecernos o comunicar estén en la calle”, sostuvo Santilli en declaraciones televisivas.
Para cruzar por Riccheri, antes de las 9 de la mañana, la demora promedio era de 40 minutos. Los controles estaban ubicados en los peajes y tanto en el del Mercado Central como en el de Dellepiane, se concentraban entre dos y cuatro ventanillas mientras el resto estaban vacías, lo que generaba el gran embudo de autos.
Un conductor, también con barbijo. Foto: Maxi Failla
En Puente La Noria, el control era igual de intenso, pero se podía pasar a Capital en unos 35 minutos. Pero después, en el medio de la General Paz, de repente, aparecía otro control.
Este diario también vio que en los puentes peatonales se controla el acceso de peatones. Respecto de los vehículos, en la mayoría circulaba una sola persona, pero también hubo autos con dos ocupantes. Y la segunda persona estaba en el asiento del acompañante y no atrás, en diagonal al conductor, como se recomienda para cumplir con él distanciamiento social.
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