
El plan estratégico para el sector automotor nació en realidad hace poco más de un año. Para entonces la industria se encaminaba a su segundo año con una
producción de medio millón de unidades y los pronósticos para este año eran aún peores. De hecho, un año más tarde, la producción se encamina a cerrar 2019 con 350.000 unidades, el peor desempeño desde 2005.
Pero además, fue hace un año que también se derrumbaron las ventas: las concesionarias concesionarias locales estaban inundadas de autos brasileños que ya no podían vender (las tasas de interés ya se habían disparado) y las fábricas comenzaban con suspensiones masivas, porque tampoco se podían exportar autos a Brasil. Fue en ese contexto que el titular de Smata, Ricardo Pignanelli, comenzó a conversar con los titulares de las terminales automotrices, con los autopartistas y las concesionarias.
La presentación que este martes hizo todo el sector en la sede del Smata, con el presidente Alberto Fernández elogiándolos (“ustedes han dado el puntapié inicial del nuevo contrato social argentino”, les dijo), pide que haya una ley especial para el sector, que no sólo les baje la carga tributaria sino que garantice la estabilidad tributaria, con el formato de la recientemente sancionada Ley del Conocimiento (una norma que contó con el aval de todos los bloques parlamentarios).
La iniciativa propone declarar a la industria automotriz como un sector estratégico para el desarrollo de la economía argentina y crear un Instituto de la Movilidad que diseñe políticas que tiendan a la modernización y a la mejora de la competitividad de la actividad.
“La Argentina es una de las 28 economías mundiales que cuentan con esta industria, que tiene una participación del 6,6 por ciento en el PBI industrial”, plantea el proyecto.
El Plan Estratégico proyecta incrementar hacia el año 2030 la producción a 1,8 millón de unidades anuales. Hoy la industria argentina tiene una capacitad instalada de 1,2 millones de unidades y va a cerrar el año con algo más del 25% de utilización de esa capacidad. Pero para llegar a 2030 con 1,8 millones de unidades harían falta inversiones que multipliquen por dos o por tres los 5.000 millones de dólares que las terminales vienen desembolsando desde 2017 hasta la fecha.
Según los datos del plan, si este objetivo de 1,8 millones de unidades se pudiera alcanzar, permitiría la exportación de 1,4 millón de unidades (desde las 225 mil actuales) y la generación de 1,3 millón de empleos directos e indirectos (desde los 650 mil actuales).
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