Albert Einstein predijo qué es un agujero negro, pero murió sin confirmar su teoría

Aunque se empezó a especular acerca de su existencia en el siglo XVIII, no fue hasta hace poco que se confirmó la existencia de los agujeros negros. Una de las pruebas

más robustas fue el experimento LIGO, gracias al cual en 2016 se pudo anunciar la identificación de una fuente masiva de ondas gravitacionales, muy distante, que se correspondían a dos agujeros negros que se fusionaban en el espacio profundo.

Recordar esa experiencia es clave para entender la novedad de este miércoles, cuando el Observatorio Europeo Austral (ESO) y el equipo del sistema sincronizado de Event Horizon Telescope (EHT) difundieron una fotografía de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo situado en el centro de la Vía Láctea. La noticia supone una verdadera revolución en la astrofísica, ya que se trata de la primera imagen conocida de un agujero negro.

Fotografía facilitada por el CSIC de la primera imagen obtenida de un agujero negro, uno de los grandes misterios del Universo. Foto: EFE/CSIC

Fotografía facilitada por el CSIC de la primera imagen obtenida de un agujero negro, uno de los grandes misterios del Universo. Foto: EFE/CSIC

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Pero en esos días de 2016, el objetivo de LIGO estaba lejos de cualquier pretensión fotográfica: buscaban detectar ondas gravitacionales, es decir, oscilaciones en el tejido que compone el universo, el espacio-tiempo, ocasionadas por masas en aceleración.

“Fue la primera vez que se demostraba de manera directa que los agujeros negros existen”, afirmó Cristina Ramos, astrofísica observacional e investigadora Ramón y Cajal del Instituto de astrofísica de Canarias (IAC), España.