Molière, el dramaturgo que con humor y acidez se convirtió en uno de los grandes del teatro

El doodle de este domingo celebra la vida y obra del actor y dramaturgo Molière, considerado el mejor entre los autores de la comedia dramática y quizás el artista más grande

en la historia del teatro francés.

Sus sátiras, entre la locura humana y el ballet, se convirtieron en un nuevo género que transformó el bufón en una ingeniosa crítica social.

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El 10 de febrero de 1673, Molière estrenaba su obra final. Le Malade Imaginaire (El Enfermo Imaginario), una comédie-ballet de tres actos que satirizaba la profesión de la medicina. Molière era la estrella en el papel de Argan, un hipocondríaco grave que trata de convencer a su hija para que abandone a su amor verdadero y se case con su doctor, así ahorra en gastos médicos.

En estos clásicos, Molière lleva los diálogos, los vicios y las aspiraciones de sus personajes hasta el punto del absurdo. El Doodle de hoy ofrece un vistazo a las escenas más memorables del dramaturgo,de El Enfermo Imaginario y otros clásicos como La Escuela de las Mujeres, Don Juan y El Avaro.

Bautizado en París en 1622 como Jean-Baptiste Poquelin, Molière era el hijo de un importante carpintero y tapicero de la la corte real. Tras rechazar el ofrecimiento de su padre de tomar la posta de ese trabajo familiar, empezó a llamarse Molière y a adentrarse en el mundo del teatro de la década del 1640. Tapado por las deudas, a punto de ser encarcelado por morboso, su vida cambió en 1658, cuando su compañía actúo frente a una audiencia real en el Louvre.

A pesar del apoyo de la realeza, la implacable pluma de Molière ofendió poderosos intereses que intentaron censurar su trabajo. Su sátira religiosa Tartuffe se presentó por primera vez en 1664 e inmediatamente después fue prohibida por el tribunal del rey Luis XIV. Cinco años más tarde, se levantó esa prohibición y Tartuffe llegó a ser considerado una de sus obras maestras.

Inspirador de comediantes de las generaciones futuras, el espíritu de Molière aún vive en el trabajo de artistas y humoristas que comparten su modo de acabar con la hipocresía social de la manera más cruda y ácida posible. Como escribió en el prefacio de Tartuffe: “El deber de la comedia es corregir a los hombres divirtiéndolos”.

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