Paseos tradicionales como la peatonal San Martín y la Rambla fueron ocupados por cientos de vendedores ambulantes y manteros que aprovecharon la falta de control del Municipio para ofrecer ropa, calzado, lentes, choripanes o souvenires a vecinos y visitantes.
Los pastos altos en parques y plazas, la acumulación de basura en monumentos y en fuentes vacías desde hace semanas, y las dobles y triples filas de autos estacionados en zonas no permitidas se transformaron en postales del arranque del verano.