Peregrinación a Luján: emoción, satisfacción y cansancio en la llegada a la Basílica

Está oscuro. Son las cinco de la mañana. El termómetro indica 15 grados. En la Plaza Colón, a cinco cuadras de la Basílica Nuestra Señora de Luján, chicos de 20 años

esperan para entrar a bailar. Al mismo tiempo, cruzando el parque, jóvenes de la misma edad caminan con dificultad en busca de un símbolo de paz. Llevan banderas, pecheras con el nombre de su congregación y pequeñas medallas de plata que van besando a cada paso.

A 400 metros de allí, sobre la calle 9 de Julio, una columna larguísima de personas se alienta para llegar hasta la plaza Belgrano. Las calles los van juntando a todos en el mismo punto y el número de peregrinos comienza a crecer a medida que aclara el día.

Cansancio y a la vez satisfacción en los fieles que llegaron a Luján (Foto: Alfredo Martinez)

Cansancio y a la vez satisfacción en los fieles que llegaron a Luján (Foto: Alfredo Martinez)

Los caminantes lloran al ver la basílica. Se abrazan con sus compañeros. Mandan mensajes por teléfono agradeciendo en medio de un ataque de lágrimas. Apenas pueden andar. Están rengos, doloridos, doblados por el cansancio, con sueño, hambre y hasta frío. Tienen callos en los pies y inflamación en las rodillas. Algunos se ayudan con un bastón. Otros directamente se tiran al piso, agotados.

La escena resulta conmovedora. La plaza Belgrano está acampada. Carpas y gente durmiendo en el suelo, tapados con mantas, se expanden por todo el espacio. A un costado, un escenario con luces y parlante los acompaña con canciones religiosas, palabras de aliento y bendiciones. “Viva la Virgen de Luján”, sale el grito de los parlantes. “Viva”, responden los peregrinos.

Los pedidos se multiplicaron en la Basílica de Luján (Foto: Alfredo Martinez)

Los pedidos se multiplicaron en la Basílica de Luján (Foto: Alfredo Martinez)

Abundan los puestos con collares, rosarios y estatuillas de la virgen, que rodean la plaza creando el ambiente de una feria espiritual. El tránsito de gente es constante. Todos lucen cansadísimos, pero al mismo tiempo enteros, como si el poder de la fe los dotara de una energía trascendental.

“Venimos a agradecer. A pedir por la salud. Tenemos familiares enfermos”, cuentan Cristian y Roxana, después de caminar 53 kilómetros desde Haedo y satisfechos por haber logrado llegar a Luján por tercera vez consecutiva. “Estamos muertos, con los pies hinchados, pero nos vamos contentos”, rematan.

Miles de fieles salen de San Cayetano para la peregrinación a Luján. (Foto Jorge Sanchez)

Miles de fieles salen de San Cayetano para la peregrinación a Luján. (Foto Jorge Sanchez)

Dentro de la basílica se respira un aire místico. Ahí el tiempo parece retroceder 1500 años hasta la época de los primeros cristianos en la antigua Roma. Personas peregrinando por los pasillos del templo; otras paradas frente a la Virgen, absortas en sus pensamientos; gente durmiendo en el suelo; pecadores confesándose a un grupo de sacerdotes que atienden sin parar a sus fieles, quienes a su vez esperan su turno, parados de un cartel que dice: “Confesiones. Hacer una sola fila”.

Mario Aurelio Poli, actual arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires y Primado de la Iglesia católica en Argentina.(Foto: Alfredo Martinez)

Mario Aurelio Poli, actual arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires y Primado de la Iglesia católica en Argentina.(Foto: Alfredo Martinez)

En un costadito, donde están los médicos curando a los dolientes, está Berta sentada. No puede más del dolor. Se acaricia las rodillas constantemente. Los ojos se le cierran y espera que alguien la atienda. Salió a tres de la tarde de Liniers y llegó a las cuatro de la mañana a Luján.