El descubrimiento fue responsabilidad de un equipo de astrónomos dirigido por Tom Seccull, de la Universidad de la Reina de Belfast (Reino Unido), que logró medir la composición del objeto anómalo denominado 2004 EW95, y determinar que se trata de un asteroide carbonáceo.
“Esto sugiere que se formó originalmente en el interior del Sistema Solar y, desde entonces, debe haber migrado hacia el exterior”, indicó el ESO en un comunicado.