La instancia había actuado en conformidad con el Derecho estadounidense. Entonces, Eugenio Zaffaroni decidió no sólo criticar el fallo de la Corte Suprema de USA sino también la historia del colectivo judicial estadounidense. Es todo tan delirante como presentar una encuesta de CEOP para certificar que los argentinos apoyan el incumplimiento de deuda. Entonces, no hay que cumplir los fallos de la Corte que el condenado cuestione y no hay que honrar las obligaciones financieras… Peligroso el país que proponen los K en retirada, que vuelve con el tema del Código Penal.
El impulsor de detestables reformas al Código Penal ha regresado en su perfil más kirchnerista: Eugenio Zaffaroni apuntó contra el juez estadounidense Thomas Griesa y toda la Corte Suprema de Justicia de USA.
Lo entrevistó el diario Página/12, que no tuvo mejor idea que, además, exhibir una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP, de Roberto Bacman) como la prueba de que el incumplimiento de deuda es popular.
¡CEOP! ¿Qué le pasa a Raúl Kollman, periodista K del super K Página/12? CEOP quedó tan cuestionada luego de la derrota de Néstor Kirchner, en 2009, que nunca volvió a aparecer entre las referencias de tendencias de opinión pública a las que apelaba el mundo K para hacer acción psicológica.
Pero Kollman desempolvó al CEOP, demostración que no consiguió una consultora más prestigiosa para sostener el apoyo la nota que le pidieron de exhibición de apoyo popular al incumplimiento de deuda pública.
Por lo tanto, ya lo saben los lectores: es posible prestarle dinero y no devolvérselo a Zaffaroni, a Kollman y a Bacman…
Acerca de Kollman/Bacman:
“6 de cada 10 personas considera que en la negociación con los fondos buitre “el Gobierno está haciendo las cosas de manera correcta y responsable”. Y en la misma proporción mayoritaria, los ciudadanos afirman que “los fallos del juez Griesa demuestran los vínculos entre el capital financiero y la Justicia norteamericana”. (…)
Las conclusiones surgen de una encuesta realizada en forma exclusiva para Página/12 por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que encabeza el sociólogo Roberto Bacman. En total se entrevistaron 437 ciudadanos en la noche del jueves y durante el viernes, en Capital Federal y los 19 distritos del Gran Buenos Aires, respetándose las proporciones edad, sexo y nivel económico-social. Bacman sostiene que la muestra es representativa de la opinión pública a nivel nacional porque agrupa casi a la mitad del electorado y combina dos distritos que en 2013 tuvieron comportamientos distintos en las urnas. (…)”.
Todas las consultoras afirman que Cristina mejoró un poco su imagen con el tema externo pero… ¡6 de cada 10! Mmmm. El país que es anti K de pronto se volvió K… Con estos números, habría re-reelección. Con estos números, Cristina tendría que haber ido al default antes y así ganar los comicios de 2013…
Pero lo más grave es lo de Zaffaroni, porque él todavía es ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Y él decidió ahora embestir contra la Corte Suprema de USA. Insólito pero es lo que ocurre en el país K.
Zaffaroni:
–Como jurista y no como ministro de la Corte, ¿qué reflexión le merece la situación que plantean los llamados fondos buitre?
–Veo esto con un poco de miedo. Para decir la verdad, con mucho miedo. Como diría Galeano, todo parece patas arriba. Si trajésemos a alguien que hubiese dormido unas décadas, no podría entender nada. Tengo miedo por el mundo, esa es la verdad. El poder político, el de los Estados, está sobrepasado por el poder económico de oligarquías, de pequeños grupos de personas que manipulan a su gusto los medios de comunicación y el poder económico, que hacen lobby y pagan honorarios a profesionales de altísima especialización en estas maniobras. Lo digo más claramente: siempre ha habido y es inevitable que haya vínculos y acuerdos entre los poderes político y económico, pero ahora el primero tiende a desaparecer o a ser manejado completamente por el segundo transnacionalizado. Este mundo comenzó hace cien años cuando un adolescente con una pistola mató a un príncipe aprovechando el error del chofer, que se metió por la calle equivocada, y eso sirvió de pretexto para que las industrias bélicas destrozasen la opereta de uniformes vistosos y coronas y sacrificasen a decenas de millones de jóvenes y población civil en una guerra de devastación de Europa. Como cantaba Gardel en “Silencio”, se mataron y nació un mundo nuevo, en donde el poder económico, después de un siglo, va ocupando por completo al político.
–¿Se refiere a que la decisión del juez Griesa está condicionada y al margen del gobierno de Estados Unidos?
–Aquí está la cuestión. ¿El gobierno de Estados Unidos es Obama? Se trata de un país cuyo gobierno conserva la separación de poderes de Montesquieu. Tuvo el mérito de hacer hace doscientos años lo que los europeos habían pensado y no habían hecho: la república. Bien. Griesa parece ser un personaje omnipotente, cuando en realidad es un juez casi municipal, de trocha muy angosta. No es un juez federal siquiera, sino algo así como un juez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y salta a la fama mundial como el único ogro de la historia. Esto plantea dos cuestiones diferentes. Primero, el actor principal de todo esto no es Griesa, sino el Poder Judicial norteamericano, en última instancia, su Suprema Corte. Fue la famosa y muchas veces citada Suprema Corte de Estados Unidos la que hizo el despropósito jurídico de patear una cuestión que pone en jaque a un país entero. Ni siquiera tuvo el coraje de darle la razón a Griesa, sino que simplemente, en el equivalente a lo que nosotros en la jerga llamamos “un 280”, dijo “esto no me interesa tratarlo”. ¿Cómo me explica alguien que la famosísima Corte, tan respetuosamente citada porque siempre “queda bien”, haya dicho que no le interesa el destino de una negociación de muchos miles de millones de dólares que compromete a un país y quizá el destino de unos cuantos más? Esto es un escándalo jurídico. Si lo hubiese hecho la Corte argentina nos insultarían en todos los tonos y con razón. Nos dirían que somos una burocracia irresponsable. Y, por cierto, la Suprema Corte norteamericana es parte del gobierno de los Estados Unidos.
–¿Considera que los lobbies han operado sobre la Corte norteamericana?
–No conozco ni puedo afirmar nada al respecto, pero tampoco me extraña nada, porque la Suprema Corte norteamericana no necesita muchos lobbies para incurrir en despropósitos jurídicos. Tengo la suerte de pertenecer a una Corte Suprema que en su historia se ha equivocado muchas veces, pero ni de lejos alcanzó el nivel de aberraciones de la Suprema Corte norteamericana. Por suerte, nuestra Corte nunca declaró constitucional la esclavitud y precipitó una guerra civil, tampoco y mucho más cercanamente declaró la constitucionalidad del apartheid, ni dijo que estaba bien que los negros fuesen en un vagón y los blancos en otro, ni consideró adecuada a derecho la prohibición de matrimonios entre negros y blancos, ni tampoco legitimó –con el voto del famosísimo juez Holmes– la esterilización de discapacitados. Seguramente esa no es la jurisprudencia de esa Corte que suele citarse con reverencia, pero está. Es un tribunal cuya historia tiene más sombras que luces.
–¿Cómo se explica que nos hallemos hoy en esas manos?