
En los años 40 del siglo pasado, la escasa productividad agrícola de algunas zonas dedicadas al cultivo de cereal en la sierra de Madrid hizo que muchos municipios optaran por transformar los
montes como explotación forestal. En Robledo de Chavela y Zarzalejo las repoblaciones de pinos con intención de sacar rédito de su madera cubrieron zonas como el Haza de Buenavista, una de las zonas más afectadas por los incendios que han asolado este verano este rincón junto al puerto de la Cruz Verde. Un monte consorciado –propiedad de los vecinos de Zarzalejo– que atraviesan las carreteras M-505 y M-503 que ha quedado gravemente dañado por el fuego. Árboles que llegaron hasta nuestros días gracias a que el negocio maderero y resinero no alcanzó las cotas deseadas inicialmente y que ahora ven parcialmente reducidos a cenizas sus orgullosos vecinos. Por suerte, solo 14 de las 154 hectáreas de ese monte se vieron afectadas en esta zona especialmente castigada por los incendios. «El enorme valor ecológico de este lugar llevó a la Comunidad de Madrid a realizar tratamientos selvícolas para mejorar su masa arbolada, logrando que crecieran con una mayor calidad por el aporte de nutrientes, el espacio entre individuos y el aporte de energía solar», explican fuentes de la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Sostenibilidad que empezará este otoño con los trabajos de recuperación de aquellas áreas que no sean de titularidad privada. Los primeros y más urgentes son la corta y saca de la madera quemada. «El objetivo es reducir el riesgo de aparición y propagación de plagas forestales en la primavera de 2021», explican desde el departamento que dirige Paloma Martín. Una buena noticia, según los expertos es que, dada la reducida superficie afectada, no parecen necesarias por el momento labores de control de erosión de suelo. «Una vez retirada la madera quemada se realizará el seguimiento de la regeneración natural que surja y en caso de ser muy escasa, se repoblará la zona, ya en el otoño de 2021», apuntan. Desde dicha consejería explican que, tras estudiar los estragos ocasionados por el último gran incendio los efectos del entorno forestal afectado han sido variados. «Se mezclan los ecosistemas de matorral –compuesto por jaras y retamas principalmente– y de pastos, rodales de pino resinero, manchas de enebrales, y de encinar y zonas de fresnos», explican. No obstante, aseguran que la mayor superficie afectada se correspondió con zona de matorral, –alrededor de un 47% del total–, y de pastos –casi otro 45%–. Los expertos celebran que apenas haya existido erosión por lo que confían en que la regeneración natural sea el mejor medio para recuperar esta zona. «Si no se repoblará. Habrá que esperar aún un año», dicen. Un largo año por delante en el que los vecinos, hastiados de los fuegos que han machacado este paraje –en 2003, 2012 y, los dos últimos este mismo verano–, esperan que la naturaleza logre obrar el milagro. «Es una verdadera lástima. No nos va a quedar nada verde. En las dos últimas décadas vivimos los veranos con el corazón en un puño. Cuando no es un pirómano es un accidente de moto», opina Fernando, vecino de una de las urbanizaciones –Río Cofio– que, en el pasado, han visto al fuego quedarse casi a las puertas de las casas. «El paisaje ya no vuelve a ser el mismo y, aunque la naturaleza quiera, crece a regañadientes», señala desde un apartadero de la carretera M-505, muy cerca del lugar del accidente de moto que originó el incendio que arrasó el pasado mes de agosto 1.073,22 hectáreas, según los datos aportados por la dirección general de Emergencias. Ese incendio afectó también a los municipios de Santa María de la Alameda y Fresnedillas de la Oliva, igualmente castigados por esta catástrofe ecológica. La estribación sur de la Sierra de Guadarrama vio en una horas cómo el viento extendió el fuego hasta la cota más elevada de la zona, en el Cerro de San Benito (1.625m), el barranco del Santo, el arroyo Valsequillo y hasta los cerros de Las Umbrías y La Gargantilla, cercanas al límite entre Robledo y Fresnedillas. Árboles singulares Afortunadamente el fuego se quedó a las puertas de otros montes públicos como el «Cerro Robledillo» de Robledo de Chavela y la «Dehesa de Navalquejigo» de Zarzalejo. «Por fortuna no se vieron afectados por el fuego y gracias a ello se han salvado algunos árboles de gran valor, dos de ellos incluidos en el Catálogo de Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid. Algunos son verdaderas rarezas que se han adaptado al terreno y al clima que la gente del campo cuida como joyas que son», explica a ABC Javier Cantero, uno de los expertos de Medio Ambiente que trabaja ya en la zona. Por su parte, la zona sur afectada por el incendio se encuentra dentro de los espacios protegidos Red Natura 2000, la Zona Especial de Conservación (ZEC) «Cuencas de los ríos Alberche y Cofio» y la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) «Encinares del río Alberche y río Cofio». Estos espacios, con una protección de nivel intermedio dentro del plan de Protección y Mantenimiento de Usos Tradicionales, han sufrido los efectos devastadores del fuego en 394,41 de sus hectáreas, lo que supone un 36,8% de la superficie total de los últimos incendios. De izquierda a derecha: Pino negral de San Antonio, Sabina de Portacho y mesto híbrido de rebollo y quejigo – Comunidad de Madrid Tres «milagros» entre el desastre Entre los ejemplares que se han salvado de las llamas de los incendios que ha sufrido Robledo de Chavela se encuentra el conocido como «Pino negral de San Antonio» ( Pinus pinaster ), incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid en 1992. Está ubicado en las cercanías de la Ermita de San Antonio, a la altura del Kilómetro 28 de la carretera M-521. Cuenta con una circunferencia en la base de 3.80 metros y una altura cercana a los 20 metros. Otro de los árboles singulares que se han salvado, tras quedarse el fuego a las puertas del monte en el que se encuentra, ha sido la conocida como Sabina de Portacho ( Juniperus thurifera ). En este caso se trata de un árbol de titularidad privada, incluido en el Catálogo regional en 2015. Está ubicado en la finca «Las Aleguillas». Los expertos destacan que se trata de un soberbio ejemplar con una circunferencia en la base de1.30 metros y una altura cercana a los 4 metros. Además de estos árboles catalogados, expertos como Javier Cantero, desde Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, detallan a ABC la presencia de singularidades botánicas que también se han salvado en la zona, como alcornoque y quejigos híbridos. En concreto destaca la presencia de una rareza: mesto ( Quercus x welwitschii ), un híbrido de rebollo y quejigo, en la Dehesa de Navalquejigo, un monte de titularidad pública perteneciente a los vecinos de Zarzalejo.
FUENTE DIARIO ABC: