
De todo el patrimonio industrial que queda en desuso, los puentes presentan la mayor paradoja de conservación. Al despojarlos de la función para la que fueron construidos, su propia pervivencia se pone
en entredicho: ¿qué se hace con un puente que no salva ningún obstáculo? El Puente de Hierro, un artefacto de 200 toneladas de acero, que salvó la dársena del Guadalquivir entre 1926 y 1992 es un ejemplo perfecto de la triste existencia que sucede a la vida útil de estas estructuras. Arrinconado en la margen izquierda de la corta hidráulica que contribuyó a salvar durante 66 años, el acuerdo que firmaron ayer la Autoridad Portuaria de Sevilla y la Consejería de Cultura viene a rescatarlo algo del olvido… Ver Más
FUENTE DIARIO ABC:
