
El antisistema Rodrigo Lanza (36 años) será finalmente condenado por asesinato por el conocido como «crimen de los tirantes». Es a lo que conduce el veredicto que este jueves emitió el tribunal
del jurado, tras el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza. Es el segundo juicio que se ha celebrado por ese crimen. El primero, que tuvo lugar en noviembre del año pasado, fue anulado tras apreciarse gruesas anomalías que condujeron a una polémica sentencia en la que Lanza fue condenado por imprudencia homicida, en vez de por asesinato. Aquella sentencia finalmente anulada le impuso 5 años de cárcel por matar a Víctor Laínez, de 55 años. Ahora se enfrenta a una condena de hasta 25 años de prisión por un delito de asesinato agravado por motivación ideológica. Los hechos ocurrieron en la madrugada del 8 de noviembre de 2017. El antisistema tenía en aquel momento 33 años y ya había tenía en su haber otra condena previa: siendo un veinteañero, fue condenado a cinco años de cárcel por dejar tetrapléjico a un policía local en Barcelona en 2006, durante unos disturbios entre okupas y fuerzas de seguridad. Lanza, de origen chileno, es nieto de un alto mando de la dictadura del general Pinochet. El 8 de noviembre de 2017 se cruzó en un bar de Zaragoza con Víctor Laínez (55 años), al que le gustaba vestir tirantes con los colores de la bandera de España. No se conocían. Cruzaron unas palabras y, poco después, Lanza lo golpeó, lo dejó sin sentido y, cuando estaba inerte en el suelo, le pateó el cráneo. Lo abandonó agonizando. La Policía detuvo a Lanza tres días después y su víctima murió en el hospital. El tribunal del jurado ha considerado probado que Rodrigo Lanza atacó a su víctima por la espalda, a traición, sin posibilidad alguna para defenderse. También considera probado que la víctima se desplomó tras recibir un primer golpe en la cabeza y que, cuando yacía en el suelo totalmente indefenso y semiinconsciente, Lanza le propinó puñetazos y al menos una fuerte patada en el cráneo. El jurado también ha visto probado que Lanza, tras dejar agonizando a su víctima, se desentendió de ella y se marchó del bar. Laínez quedó ahogándose en su propia sangre, con la cabeza destrozada y el rostro deformado y hundido. El jurado ha descartado de plano la versión esgrimida por Lanza de que actuó en defensa propia porque su víctima llevaba una navaja que jamás apareció. Esta versión ya la descartó en su día la Policía que llevó el caso, y el jurado ha concluido que efectivamente no hubo tal navaja y que Lanza atacó consciente e intencionadamente a su víctima, en ningún caso actuó en defensa propia.
FUENTE DIARIO ABC: