
El gabinete de Iñigo Urkullu celebrará hoy el primer Consejo de Gobierno de un nuevo curso político condicionado por las urgencias del coronavirus. Lo hará estando todavía en funciones, pues, pese al
contexto de crisis sanitaria, la última semana de agosto ha sorprendido a PNV y PSE con los deberes por hacer. El acuerdo de coalición, aunque se da por seguro, sigue sin cerrarse cuando faltan apenas nueve días para el pleno de investidura. Desde el ala nacionalista apuntaban la pasada semana que apenas faltan «flecos» para culminar ese pacto, mientras que sus hasta ahora socios en el Ejecutivo autonómico, más cautos, insisten en no dar nada por sentado. Ningún indicio invita a pensar que la alianza pueda romperse, pero la cercanía de la sesión de investidura fuerza a ambas partes a acelerar las negociaciones con el autogobierno y el reparto de carteras como principales escollos. El del autogobierno fue de hecho uno de los puntos de mayor fricción entre nacionalistas y socialistas a lo largo de la pasada legislatura.Dichas diferencias les impidieron consensuar un texto único en el seno de la Ponencia de Autogobierno, destinada a renovar el Estatuto de Autonomía —fueron insalvables cuestiones como la del derecho a decidir o la del encaje del País Vasco en España, aunque el PNV se distanció finalmente de los preceptos maximalistas de Bildu—. En el año 2016, PNV y PSE solventaron por la vía rápida estas discrepancias incluyendo en su acuerdo una referencia a la necesidad de «promover un proceso que culmine en la actualización del Pacto Estatutario Vasco». En cualquier caso, incidieron en la libertad de cada partido para defender su posición. Paralelamente, hubo también discursos enfrentados en el marco del debate sobre las transferencias de competencias, en especial la referida al régimen económico de la Seguridad Social. Una de las mayores reivindicaciones del nacionalismo vasco que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ya se ha comprometido a negociar. La incógnita del PSE Tema aparte es el del reparto de carteras. La formación que lidera Idoia Mendia quiere exprimir sus posibilidades a fin de incrementar su peso en el futuro Gobierno vasco. En la pasada legislatura solo gestionó tres departamentos —Turismo, Medio Ambiente y Trabajo— que manejaban un 4% del Presupuesto autonómico. Por el momento siguen abiertas distintas hipótesis que varían en función del papel que adquiera el PSE en el que será el tercer mandato de Iñigo Urkullu. Una de las mayores incógnitas recae sobre la posibilidad de que entre en el Ejecutivo la propia Mendia, que según avanzó El Correo podría llegar a ser vicelendakari. Una opción que genera cierto recelo en el seno del PNV. El tiempo juega a favor del Partido Socialista, que quiere sacar rédito de los diez escaños que obtuvo en los comicios autonómicos. Los nacionalistas los necesitan para alcanzar la mayoría absoluta que se les escapó hace cuatro años por un solo parlamentario. Son estos últimos matices los que más están complicando un acuerdo que se daba por cantado incluso antes de la celebración de las elecciones del 12 de julio. Ni PNV ni PSE escondieron durante la campaña electoral su predisposición a reeditar la alianza de Gobierno de la pasada legislatura. Los socialistas, que se encontraron cómodos ejerciendo un papel secundario en el segundo Ejecutivo de Urkullu, desecharon desde el primer momento la oferta que pusieron sobre la mesa Bildu y Elkarrekin Podemos, que trataron de cortejar Mendia con la idea de un Ejecutivo «de izquierdas» y «progresista». Se agotan los plazos El calendario apremia, y el acuerdo puede ser inminente. Fuentes del Partido Socialista auguraban ayer que la negociación se alargará algunas jornadas más, de forma que el anuncio del pacto podría retrasarse hasta el miércoles o incluso el jueves, un día antes de que finalice el plazo para la presentación de candidaturas a lendakari. Una vez los equipos negociadores de PNV y PSE acerquen posturas y sellen un programa de Gobierno, ambas formaciones deberán ratificar el pacto a nivel interno. La Ejecutiva nacionalista abordará esta cuestión en la Asamblea Nacional del próximo lunes, 31 de agosto. Por su parte, los socialistas darán voz a su militancia y someterán el acuerdo a una votación vía telemática. Presumiblemente, Urkullu no será el único protagonista de la sesión de investidura, prevista para el 3 de septiembre. Este mismo viernes, EH Bildu desvelará en un acto en Navarra si presentará también a su candidata, Maddalen Iriarte. Por el contrario, desde Vox aseveraron a este periódico que «en ningún momento se ha contemplado» la opción de someter a la votación a su única parlamentaria, Amaia Martínez. El PP vasco tilda de «grotesca» una negociación «escenificada» Algunos partidos de la oposición han desvelado ya cuál será el sentido de su voto en el pleno de investidura de la próxima semana. Entre ellos, Elkarrekin Podemos, que ha anunciado que se abstendrá. Iñigo Urkullu no contará tampoco con el apoyo del Partido Popular, que lamenta que PNV y PSE anden más preocupados por la «escenificación» de su acuerdo que por la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. Su portavoz en el Parlamento, Carmelo Barrio, considera que esta situación es «grotesca»: «Tienen que hablar de empleo, de salud, de actividad económica o de educación», denunció en la Ser. El líder de Bildu, Arnaldo Otegui, lamentó que el debate vaya «de vicepresidencias» cuando se desconocen cuestiones como cuándo comenzará el curso escolar o si se harán pruebas PCR en el conjunto de la comunidad educativa.
FUENTE DIARIO ABC:
