
El Gobierno pondrá en marcha, a partir de este martes, una ronda de consultas con las empresas automotrices para llegar a acuerdos de cantidad de unidades a importar. Los
directivos de las automotrices definirán junto con el secretario de Industria, Ariel Shale, la cantidad de unidades que exportarán a lo largo de este año y, en consecuencia, cuál será el tope máximo de importaciones de unidades que podrán realizar.
Ese esquema será replicado empresa por empresa, con lo cual la estimación es que cada una tendrá un tope diferente. También habrá una reunión con la cámara que las agrupa, la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA). Pero no se espera que de estas conversaciones salga un acuerdo por escrito, sino de palabra.
Si bien dentro del sector todos hablan de “cupos”, esa palabra será cuidadosamente evitada de manera oficial por todas las partes, para sortear roces diplomáticos con Brasil, el socio clave de la Argentina en este sector. El comercio automotor entre los dos países se rige por un “flex” que le permite a cada país importar hasta 1,8 dólar por cada dólar exportado. No hay cupos máximos entre los dos países.
Pero a la vez, el “veranito” cambiario está generando una demanda impensada cuando comenzó la cuarentena, a mediados de marzo. Desde fines de abril, cuando se disparó la cotización del dólar blue, también se dispararon las ventas de unidades cero kilómetro, en un país donde siete de cada diez modelos que se venden en las concesionarias son importados. Se trata de un repunte moderado, en el marco de la actual pandemia, con una expectativa de ventas totales de unas 280.000 unidades para este año, contra 470.000 del año pasado. En 2017 se había llegado a las 900.000 unidades.
Aun así, la fuga de dólares que representarían esas importaciones alcanzó para activar las alarmas en el Ministerio de Producción, del cual depende la secretaría de Industria. Se trata en realidad de una situación que excede al actual “veranito” cambiario. Históricamente, el sector automotor local es deficitario en el intercambio de dólares, y no sólo porque el mercado interno consume más vehículos importados que nacionales. Además, cada vehículo de fabricación local tiene más de 70% de autopartes importadas.
De todas maneras, las negociaciones entre las empresas y el Gobierno no involucrará la importación de autopartes. “El sector productivo va a tener los dólares que necesita para producir”, dijo el ministro de Producción, Matías Kulfas, en una entrevista con el diario La Nación. Por omisión, Kulfas también dio a entender que el ajuste pasará, precisamente, por limitar la cantidad de vehículos que se puedan importar.
Las conversaciones con las terminales automotrices no comenzaron ahora, sino que se vienen dando desde fines de mayo. Ocurre que las importaciones de vehículos ya están frenadas desde hace varios meses, tal como adelantó Clarín, sólo que la situación había sido negada desde el Gobierno.
De modo que la decisión de aplicar números concretos a la cantidad de unidades a importar, y sobre todo la potencial reducción de discrecionalidad por parte de los funcionarios públicos a la hora de autorizar cada importación, fue recibida con una dosis no menor de alivio.
“A nosotros sí nos dan la razón, pero en privado. De hecho, de cada cinco reuniones que tenemos con la gente de Industria, te diría que cuatro reuniones completas y la mayor parte de la quinta reunión son exclusivamente para conversar sobre el freno a las importaciones “, dijo el directivo de una de las automotrices más vendedoras.
En ese contexto, un acuerdo con números concretos sobre la cantidad de unidades que podrá importar cada terminal le daría al sector un marco de previsibilidad que hace ya bastante tiempo dejaron de tener.
“Lo que necesitamos saber es el volumen de nuestro negocio en el país. El Gobierno dice que quiere llevar adelante estos acuerdos para asegurar inversiones y me parece bien. Y desde nuestro lado, es precisamente el volumen del mercado el que nos sirve para salir a discutir las inversiones con nuestra casa matriz”, agregó otro directivo.
Desde principios de año, las importaciones de autos dejaron de ser un trámite automático y deben contar con el visto bueno que representa el Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI). Pero si bien en los primeros meses del año el trámite funcionaba de manera fluida, con la mayor parte de las SIMI emitidas al comienzo de cada mes, a partir de mayo, en coincidencia con la suba del dólar blue y el incremento de las ventas, las SIMI se comenzaron a atrasar.
“Hasta ahora venimos trabajando a ciegas, nadie nos dice qué es lo que está pasando”, se quejaba la semana pasada un importante concesionario de autos que le echaba la culpa al Gobierno, pero también a la terminal que lo abastece por la falta de información.
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