
La Academia practicó un fútbol auspicioso durante veinte minutos, aprovechando el afán algo desordenado de Luqueño, traspasando con filo las trincheras de los volantes del cuadro de Hernán
Rodrigo López. Este, en gran parte del partido, ubicó su última línea defensiva cerca del círculo central y la falta de relevo en la pérdida de pelota dejaba mal parado al equipo luqueño en los primeros minutos. Por eso Cristian Riveros marcó a los 9’ un gol de gran factura: remate de primera intención desde fuera del área, con tres dedos y una comba súbita para decretar la ventaja.
Todo el resto del primer tiempo vimos a Luqueño mover la pelota a ras del suelo, con Paulo Lima abocado, en lo posible, a la salida clara. El izquierdo fue el principal flanco de ataque auriazul. Allí Gaona Lugo ganaba el fondo.
En la segunda parte, la tesitura fue la misma. Por eso tampoco extrañó que Pitta empatara de penal, ni que Armoa desnivelara cuando faltaban poco más de un cuarto de hora. Entonces Nacional apostó al viejo libreto: la altura, los centros y el azar. Ninguno lo salvó de perder.

