
«Para que vuelva el presidente, hay que votar al presidente». Este eslogan de la campaña de Carles Puigdemont para las elecciones catalanas del 21-D -cuando ya se había fugado a Bélgica- persigue
al dirigente independentista desde 2017. Nunca volvió a Cataluña, tampoco lo hizo tras las elecciones europeas de 2019, cuando volvió a deslizar esa idea. Ayer, en una entrevista en TV3, el exalcalde de Gerona prometió de nuevo su regreso, pero con condiciones. «Si yo me presentara y el Parlamento me invistiera, claro que iría. (En 2017) no era fácil, pero era muy posible», explicó en una conversación emitida en horario de máxima audiencia y que obligó al directo de la cadena catalana, Vicent Sanchis, a desplazarse hasta Bélgica, donde Puigdemont reside desde hace casi tres años. Según detalló el expresidente, tras el 21-D Junts per Catalunya propuso una «investidura telemática» que ERC descartó. «Yo habría tomado posesión en el Palau de la Generalitat», aseguró. Los planes del dirigente neoconvergente, tal y como reveló, pasaban por ser investido a distancia y desplazarse hasta Cataluña en secreto, para luego resistir en las dependencias de la presidencia de la Generalitat. «No era fácil, pero era muy posible», apuntó antes de resaltar que la «potencia» de ese gesto consistía en que un presidente escogido por un Parlamento democrático acabara detenido «en tiempo real y en directo». «Además yo habría tenido mis estrategias en el Palau de la Generalita», apuntó. Ahora, dijo, la situación es diferente, pero no enterró su promesa de regreso. «Hoy ir al Estado español es ser encarcelado inmediatamente con la posibilidad de que al cabo de dos años te den la razón», aseveró antes de condicionar un eventual regreso a la «unidad estratégica» que el independentismo sea capaz de tejer a su alrededor. «Si el Parlamento de Cataluña no tiene capacidad para investirme a mí de forma telemática, no tiene ningún sentido», advirtió antes de recordar que no ha estado dos años «en el exilio» para ser detenido.
FUENTE DIARIO ABC: