
Con el inmejorable sabor de boca de la cuarta mayoría absoluta aún en los labios, y la vista puesta ya en la próxima legislatura, Miguel Tellado, secretario general del PPdeG, analiza con
ABC el resultado del 12-Jy sus consecuencias. Gonzalo Caballero vaticinó un «tsunami electoral» que barrería a Feijóo. Acertó con el tsunami, pero erró el color político. Los gallegos apostaron claramente por la estabilidad y por la experiencia de Gobierno. El hecho de que el 48% de los votantes otorgasen esta mayoría al PP y a Alberto Núñez Feijóo deja claro que una inmensa mayoría de gallegos querían una apuesta por la confianza, por un Gobierno solido, único y unido, y que probablemente el resto de partidos que concurrían en estas elecciones no fueron capaces de plantearse como alternativa. Ya no individualmente, ni siquiera uniéndose todos. El PP ganó en las cuatro provincias, en las siete grandes ciudades, en 298 de los 313 concellos. Ganamos a todos los partidos y ganamos a todos juntos. ¿Preocupa el ascenso del BNG? Ha sido capaz de recuperar votantes que en elecciones atrás se habían ido a otras formaciones políticas, especialmente a las Mareas de Podemos. Pero el ascenso del BNG se explica también por una precampaña y una campaña en la que hemos visto a una Ana Pontón muy mesurada, muy autocontrolada y autocensurada, de formas muy amables y escondiendo la ideología que ha tenido a lo largo las últimas décadas el BNG, muy dominado por la UPG. Queremos saber qué BNG es el que va a representar a partir de ahora Ana Pontón, si un nacionalismo moderado, responsable y constitucionalista, o si por el contrario es el BNG de siempre, socio de los nacionalismos más radicales, como es ERC o Bildu. Si es así, a nosotros nos preocupa. Hay lecturas a nivel nacional. Hay una lectura ineludible, y es que los partidos que conforman el Gobierno de España, PSOE y Podemos, han obtenido 15 de los 75 escaños en juego. Eso debe hacerles reflexionar. Las Mareas de Podemos pasaron en 4 años de liderar la oposición a convertirse en una fuerza extraparlamentaria y en el caso del PSOE de Gonzalo Caballero ha perdido 270.000 votos desde las elecciones de abril de 2019 hasta hoy. Deberían hacer una lectura importante porque han recibido un duro castigo. Un Gobierno que no ha querido ser interlocutor de Galicia. Parte del resultado electoral se debe a que hemos establecido claramente que nuestra prioridad es la pandemia sanitaria y la crisis económica y social. Nos preocupa que en una crisis como la que nos toca enfrentar ahora el Gobierno no solo no centre todos sus esfuerzos en esto sino que además se permita el lujo de adoptar decisiones contrarias a la economía y a la industria gallega. El Gobierno está muy mal encaminado. El domingo pasado no solo se elegía a un Parlamento que elegirá a un presidente de la Xunta, sino que además se elegía a quién debe enfrentarse al Gobierno de España para exigirle lo que Galicia necesite y Galicia merece durante los próximos cuatro años. Los gallegos que han apostado por Feijóo lo han hecho no solo por su capacidad de gestión, sino también como ese interlocutor inflexible en todo lo que tiene que ver con lo que afecta negativamente a Galicia. Han elegido a quien mejor nos puede defender ante el Gobierno; que, por lo menos hasta ahora, se ha mostrado claramente insensible con los problemas de Galicia. El lunes aseguró Feijóo que hará todo lo que esté en su mano «hasta el final de la legislatura». ¿Esto debería disipar cualquier duda sobre sus planes? Lo hemos dicho muchas veces. La realidad es que Feijóo, siempre que tuvo que elegir, eligió Galicia; y lo cierto es que el domingo pasado Galicia correspondió eligiéndolo a él nuevamente, y firmando un contrato en vigor durante los próximos cuatro años. Que alguien pueda creer que para Feijóo pueden ser más importantes otras responsabilidades que la de presidente de la Xunta, creo que al final lo que demuestra es que tenemos un gran líder, y que para ese presidente su compromiso con Galicia es lo primero. Una vez más se disipan todas las dudas, y por si alguien las tuviese nuestro lema de campaña era bastante claro: Galicia, Galicia, Galicia, y por cuarta vez, Galicia. Cualquier pregunta, insinuación, ha quedado perfectamente respondida. ¿Incomoda que desde Madrid se interprete lo que ocurre en Galicia como un mero trampolín a la capital? En el PP de España, en el conjunto del partido, se considera a Feijóo como un activo fundamental para el partido. Es un referente. Y creo que Feijóo hace política nacional desde Galicia, no solo se hace política nacional desde el Congreso o el Senado, también desde las comunidades autónomas. Nadie debe ver a Feijóo como una amenaza sino como un baluarte, un baluarte de lo que siempre ha sido el PP y de lo que debe volver a ser el PP de España. Feijóo es un referente por muchas cuestiones. En primer lugar por la experiencia política que posee, en segundo lugar porque esa experiencia ha quedado respaldada, validada, por cuarta vez en las urnas, y por tanto cuenta con el refrendo ciudadano. Eso deben ser elementos que pongan en valor todo lo que puede aportar a este partido, en un momento donde el centro-derecha español ha tenido la amenaza de partidos que irrumpen en el mismo espacio electoral y a lo largo de los últimos procesos electorales han hecho algún daño al resultado de nuestro partido. Daño en algunas citas electorales bastante importantes. Ante el comité ejecutivo central, volvió a apelar Feijóo a un PP «centrado». El hecho de que en Galicia Vox apenas supere el 2% y Cs esté por debajo del 1%, asimilado a poco más que el PACMA, acredita que la línea que el PP debe seguir a nivel nacional es la línea que se ha seguido en el PP de Galicia de forma exitosa en los últimos años, en las últimas citas electorales. Hay un camino dibujado para que el PP en España pueda volver a ganar elecciones, y pueda no solo ganarlas, sino construir amplias mayorías que nos permitan gobernar. Fundamentalmente porque España necesita un cambio de Gobierno y un Gobierno que establezca como su principal prioridad la recuperación económica y la creación de empleo. Nadie debe sentir el más mínimo temor por los resultados de Feijóo, sino que nuevamente se acredita cuál es el camino. Y el camino es la centralidad, la moderación y anteponer los intereses generales a los intereses partidistas. Tal vez cueste un poco convencerle para afrontar un quinto mandato. Es un debate en el que no tiene sentido entrar. Sobre todo porque estamos viviendo un momento político de máxima intensidad, derivado de una pandemia sanitaria, y la crisis económica y social que se ha derivado de ella, y por lo tanto me parece una frivolidad que entremos en ese tipo de cuestiones. La ciudadanía no entendería que nos pongamos a especular sobre el futuro político de Feijóo. «Es inmoral buscar un cambio pidiéndole a la gente que no vote» La oposición, con su discurso del miedo en campaña, ¿demostró estar dispuesta a todo? Es bastante inmoral pretender un cambio político pidiéndole a la gente que no vote, y eso es lo que han hecho los partidos de la izquierda. Afortunadamente vivimos en una democracia madura y sólida y los gallegos se han dado cuenta de cuál era la estrategia de PSOE y Podemos y han votado normalmente, con plenas garantías democráticas y sanitarias. Hubo incluso una campaña para amedrentar en las redes… Los partidos de la oposición no han sido capaces de articular un discurso de crítica a la gestión del Gobierno de Feijóo y, a falta de un discurso sólido y ante su incapacidad para erigirse como alternativa, optaron por una campaña de ruido, de desprestigio general de las instituciones, de ataque indiscriminado a una sanidad pública que ha superado el mayor test de estrés de las últimas décadas. El sondeo de TVG también añadió tensión al recuento, como publicó ABC Sí. Lo cierto es que ese sondeo no coincidía con ninguno de los que conocíamos todos los partidos y fue un poco desconcertante. Efectivamente introdujo una situación incierta cuando todos los sondeos lo que apuntaban es que, si la ciudadanía acudía a votar, Feijóo ganaría las elecciones. Fue una encuesta inquietante durante un tiempo pero no coincidía en absoluto ni con estudios que nosotros teníamos, ni siquiera con las sensaciones que desde el partido podíamos tener sobre la respuesta que a lo largo de toda la campaña íbamos percibiendo en la ciudadanía, en el contacto con la gente. Una respuesta muy positiva. Chocaba bastante. ¿Cómo eran las sensaciones? Las elecciones del 12-J tenían varios ingredientes. Nosotros nos enfrentábamos a todos los partidos, porque todos se presentaban contra Feijóo, pero teníamos además de todos esos rivales políticos, dos enemigos: el miedo a que acudir a las urnas no fuese seguro; y el exceso de confianza. Había una sensación generalizada de que Feijóo tenía las elecciones ganadas, pero si la gente no acudía a votar, de nada servía. Era una combinación peligrosa para que se pudiese producir un vuelco político.
FUENTE DIARIO ABC: