
El 20 de marzo nos dijeron que sería hasta el 31, pero el 29 nos anticipaban que sería hasta el 13 de abril. El 10 de abril que sería hasta el
El 8 de mayo nos anunciaban que sería hasta el 24, pero el 23 de mayo nos anticipaban que sería hasta el 7 de junio. El 4 de junio nos anunciaban que sería hasta el 28 pero el 26, mediante mensaje grabado, nos dijeron que será hasta el 17 de julio.
¡Si! Ocho, 8 anuncios, en letras y números, anuncios con picos de rating de 53,6 puntos. Un país mirando y escuchando para poder proyectar y organizar “mínimamente” la vida cotidiana.
Cuando el 3 de abril el título de la columna “Perfil” fue “Cuarentena para rato” si bien dimensionaba el fenómeno, era inimaginable que algo “excepcional” se convirtiera en habitual; la cuarentena se prolonga, nuestros movimientos se limitan y nuestra vida transcurre entre prórrogas y paréntesis.
Los días se suceden, las tensiones se van acumulando, el miedo y las preocupaciones no decrecen, la curva de estrés asciende y emociones que estaban “ahí” y que parecían desconocidas irrumpen con fuerza y se traducen en lágrimas, angustia, discusiones y hasta depresión.
¿Cuánto tiempo más llevará? ¿Habrá barbijos con motivos navideños y brindis virtuales? ¿Cómo afrontar este confinamiento que se extiende más de lo imaginado?
Transitamos el mes de julio y llevamos más tiempo “coronados por el virus” y todo lo que el mismo implica que la normalidad conocida. Las series maratónicas ya no se disfrutan tanto, los chistes y memes que circulan por las redes “son molestos”, y la etapa inicial en la que había aplausos, canciones y mucho contenido emocional, va quedando atrás.
No es momento para grandes planes, lo más “saludable” es intentar organizar cada etapa, pues esta pandemia está íntimamente ligada a la incertidumbre y quien pueda lidiar con lo impredecible tiene más posibilidades de resultar ileso emocionalmente.
Si bien varios países han atravesado esta problemática, en nuestra sociedad y hasta por una cuestión climática “pinta” de manera diferente, por ende tal vez la clave resida en poder conciliar actitudes espontáneas y flexibles para poder atravesar esta crisis sanitaria con gran impacto social y económico.
Desde la Psicología afirmamos que más allá del tiempo que puede insumir la solución del Covid-19, máxime cuando estamos sujetos a la solución provista por una vacuna, la clave está en “qué se hace con ese tiempo”, cómo se lo transita, a qué se destina, en definitiva cómo se vive.
Es imposible pretender controlar todo, por eso en lo posible habrá que ocuparse de aquello que solo esté a nuestro alcance, de centrar la energía en lo que sí puede ser resuelto por cada uno de nosotros.
Por lo que se avizora y mientras las solución siga siendo conductual (barbijo y distancia) el desafío está en desvincular las emociones negativas de la pandemia, pues en este tiempo muchos hemos aprendido de la importancia de un abrazo, de lo innecesaria que son algunas posesiones y de lo que sí es imprescindible y esencial.
Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo