
Las elecciones autonómicas vascas y gallegas, primeras de la era Covid en España, están aparentemente llamadas a ser intrascendentes en la medida en que parecen asegurados, respectivamente, el reforzamiento del PNV y
del PP y la invariabilidad de sus gobiernos. En Galicia, con la cuarta mayoría absoluta que prevé revalidar Alberto Núñez Feijóo. Y en el País Vasco, donde los pronósticos demoscópicos apuntan a un incremento del voto nacionalista, con las facilidades que prevé tener Íñigo Urkullu para gobernar con el apoyo externo del Partido Socialista de Euskadi. La revalidación de ambas fórmulas de gobierno no alteraría de momento ningún mapa electoral, a la espera de que Joaquim Torra decida convocar comicios en Cataluña, tal y como se comprometió el pasado febrero. El peso real del constitucionalismo, en juego Sin embargo, sí son elecciones trascendentes. Las urnas emitirán mensajes relevantes para interpretar el grado de desgaste –o refuerzo– que pueda experimentar el socialismo tras la gestión de la crisis pandémica realizada por Pedro Sánchez. Pero sobre todo, para determinar el calado del deterioro que puedan sufrir Podemos y sus distintas marcas de extrema izquierda porque ello incidirá directamente en la figura de Pablo Iglesias; y en cascada, en su debilitamiento o solidez como socio de legislatura de Sánchez. A su vez, los resultados que obtenga el PP en el País Vasco tras presentarse, por primera vez, en coalición electoral junto a Ciudadanos, ofrecerán indicios sobre el éxito o el fracaso de esta formulación política para ser repetida en futuros procesos electorales, por ejemplo en Cataluña. Allí Ciudadanos continúa siendo la primera fuerza política pese a que no gobierna y el PP corre el riesgo de ser residual. En el País Vasco, Ciudadanos nunca obtuvo un solo escaño, y el PP llegó a obtener un máximo de 19 hace ya tres lustros. Ambas formaciones –el constitucionalismo de centro-derecha, conviene no olvidarlo- arranca a la baja, y la obtención de siete escaños (ahora el PP dispone de nueve) sería considerada por ambos partidos como un mal resultado, pero no como una debacle humillante. Obtener menos sería un problema preocupante para Pablo Casado e Inés Arrimadas. También se vota la gestión de la pandemia En la medida en que PP y PNV tienen asegurado el triunfo incontestable en ambas autonomías, lo que ocurra con el PSOE y con Podemos adquiere un morbo político añadido porque en cierto modo será una primera prueba objetiva para conocer hasta qué punto la opinión pública aprueba su gestión de la crisis, y en qué medida confía en el Gobierno de coalición con Podemos para superar la recesión en que está inmersa España, especialmente tras el varapalo sufrido en Bruselas por Nadia Calviño al no ser elegida presidenta del Eurogrupo. Un doble riesgo para Sánchez Sánchez asume un doble riesgo con estas elecciones. En Galicia, porque a la aparente debilidad de su candidato frente a Feijóo, Gonzalo Caballero, algunos sondeos le sitúan en un plano idéntico al renovado nacionalismo del BNG, que podría incluso ser segunda fuerza política. Perder la hegemonía como segundo partido gallego sería un golpe severo que necesariamente sería interpretado como un fracaso de Sánchez. Y en el País Vasco, porque aunque no peligra el socialismo como tercer partido tras PNV y Bildu, su crecimiento en votos y escaños apunta a ser mínimo. Y rentabilizar un crecimiento de dos o tres escaños como único bagaje de estos dos procesos electorales sería un consuelo pírrico. De hecho, a media campaña el PSE ya ha dejado claro que no aspira a competir, sino a renovar su alianza con el PNV con el único objetivo de reforzar el apoyo nacionalista a Sánchez en el Congreso de los Diputados para la aprobación de unos hipotéticos presupuestos generales. El soterrado acercamiento durante estos meses de pandemia de cuarenta presos de ETA a cárceles del País Vasco demuestra que los gestos del PSOE con el PNV –y desde luego con Bildu– permanecen intactos. Que Sánchez recurra también al reclamo electoralista de plantear un debate constitucional –imposible a día de hoy porque tendría que pactar con el PP y después convocar elecciones generales– demuestra también que, a priori, no va a ser premiado por las urnas. ¿Iglesias perderá peso en Moncloa? Probablemente, la clave determinante de estos comicios sea evaluar los resultados de Podemos en las urnas. Cualquier diagnóstico de las encuestas resulta demoledor para Pablo Iglesias y la previsión es que muchos de sus votantes tradicionales sustituyan ese voto, bien por la abstención, bien por su fuga hacia el PSOE. De producirse ese trasvase, las consecuencias internas en la coalición de gobierno en Moncloa pueden ser notables porque con certeza obligarían a Iglesias a replantearse su estrategia, aunque nadie prevé que a corto plazo puedan romperse sus acuerdos con Sánchez. De cualquier modo, Iglesias tendrá que replantearse hasta qué punto Podemos continúa siendo un proyecto firme y con futuro, o si empieza a ser visto por el electorado de izquierda como un partido a la desesperada, caduco y condenado a ser fagocitado por el PSOE. Cortinas de humo en las «cloacas» Iglesias arrancó esta campaña con múltiples denuncias internas de «pucherazos» en las primarias del partido, con una profunda fractura interna por la imposición de candidatos en distintas direcciones regionales, y por el modelo autoritario de partido que ha instaurado. Y, desde luego, las urnas revelarán hasta qué punto su electorado avala las cortinas de humo creadas por Iglesias para encubrir una hipotética imputación en el «caso Dina», y su campaña de acoso y derribo a la Monarquía. Incluso, su señuelo para unir al PSOE, Bildu y Podemos en una alternativa al PNV fue desactivado por los socialistas antes de ser lanzado. La hegemonía de partidos tradicionales Desde esta perspectiva, la hegemonía de partidos tradicionales parece asegurada, con un refuerzo tanto del PP y del PNV como del propio PSOE, o incluso del BNG y Bildu, frente a partidos considerados «emergentes» hasta hace dos años como Ciudadanos y Podemos. La «nueva política» se difumina, y solo Vox resulta una incógnita. En Galicia, porque aspira a lograr un escaño allí donde nunca lo obtuvo, con la intención de que Núñez Feijóo quede al límite de la mayoría absoluta para depender de Santiago Abascal; y en el País Vasco, porque obtenga el resultado que obtenga, causará un daño difícilmente reversible al PP. Vox, ¿éxito o ilusión óptica? Es posible incluso que los votos que obtenga Vox no se traduzcan en ningún escaño, y sin embargo eso castigue al PP y a Ciudadanos notablemente. La fragmentación de la derecha seguirá siendo otra clave en el futuro que, como mínimo, continuará beneficiando electoralmente a Sánchez. Por eso Vox se juega el éxito de acceder a dos Parlamentos en los que aún no está y lograr un relevante altavoz, o el fracaso de ser una ilusión óptica en dos autonomías relevantes, donde se han impuesto en el espectro de la derecha la moderación y el pragmatismo frente a la radicalidad del discurso inflamado de Abascal para presentarse como el azote del nacionalismo. El reto de Casado para seguir creciendo Internamente, el PP de Pablo Casado también deberá hacer una lectura sosegada de los resultados. Núñez Feijóo se presenta en Galicia con su «marca personal», incluso por encima de las siglas, y con estrategias que a menudo fueron discrepantes con la dirección nacional del partido. En este caso concreto, no sería tanto una mayoría absoluta lograda por la capacidad de «arrastre» de Casado como líder nacional, sino por la propia figura política de Feijóo y su constante apelación –casi obsesiva– a la moderación frente a cualquier exceso dialéctico en campaña. Casado es consciente. No obstante, la obtención de la cuarta mayoría absoluta también debería ser interpretada en la misma clave de recuperación electoral que el PP viene experimentando desde las elecciones de noviembre, y de la unanimidad mostrada por los sondeos durante la pandemia. Más abstención, pero pocos cambios La superación de roces entre Feijóo y la dirección nacional es notoria, y es en el País Vasco donde el centro-derecha aspira solo a «aguantar y salvar los muebles». A priori, quedará lejos la opción deseada por Génova de que el PNV necesitase los votos del PP-Ciudadanos para revalidar la lendakaritza. O que el resultado de ambos fuese tan satisfactorio, que el PNV manejase como mínimo la alternativa de no verse forzado a recurrir al PSE, y que el nacionalismo pudiese iniciar un giro hacia el PP, cuyo entendimiento quedó destruido con la moción de censura contra Mariano Rajoy. Sin embargo, esta opción parece tan remota como que la abstención prevista del 35 ó 40 por ciento –otra clave para ser interpretada hoy durante la jornada electoral– altere los resultados inicialmente previstos.
FUENTE DIARIO ABC:
https://www.abc.es/espana/abci-urnas-miden-si-sanchez-sufre-erosion-y-202007120229_noticia.html