
Lázaro Báez fue el primer acusado notorio de la corrupción kirchnerista que fue a la cárcel durante el gobierno de Mauricio Macri. Fue apresado el 5 de abril de 2016 en
un operativo cinematográfico, cuando el juez Sebastián Casanello lo detuvo al bajar de un avión privado en el aeropuerto de San Fernando, por la causa de la Ruta del Dinero K. Desde ese día, a diferencia de Cristóbal López, Carlos Zannini o Amado Boudou, nunca salió de la cárcel.
Hijo de un policía correntino que llegó a comisario en Santa Cruz, Báez conoció a Néstor Kirchner en reuniones del peronismo santacruceño en los ’80 pero se hizo amigo de él en los ’90, cuando era gerente en el Banco de Santa Cruz. Ese banco se hundía en sus propias deudas y Báez era un buen contacto para el gobernador. Las constructoras preferidas de Kirchner necesitan cobrar los certificados de obra pública de la provincia y acceder a créditos sin muchas preguntas.
En ese esquema, el gerente se volvió clave. Báez se ganó la confianza de Kirchner y la simpatía de Gotti, la constructora más beneficiada por contratos de obra pública santacruceña en esos años.
Báez terminó quedándose con la empresa Gotti. Nueve días antes de la asunción de Kirchner a la presidencia, el 16 de mayo de 2003, Lázaro Báez se asoció con Sergio Gotti y ambos crearon Austral Construcciones. Con Kirchner en la Casa Rosada, Austral se convirtió en un imperio.
Para dimensionar qué tamaño tiene esa estructura que armó el hombre que comenzó como empleado bancario, se puede recurrir al juicio de divorcio que le lleva adelante su ex esposa, Norma Calismonte. Allí figura una tasación de 205 millones de dólares para las 1.420 propiedades que fueron investigadas en la causa por lavado de dinero que se le sigue a Báez. A eso hay que agregar cuentas en paraísos fiscales que figuran en la causa de la Ruta del Dinero K y la red de constructoras que armó con el dinero que recibió por las obras públicas de la provincia de Buenos Aires y luego de la Nación en las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner.
A pesar de que su entorno lo insinuó varias veces, nunca declaró en contra de los Kirchner, ni siquiera en los momentos en que el desdén de Cristina Kirchner por el amigo de su marido se volvió evidente.
Esa fidelidad a Kirchner tiene un hito. Báez no se separó de él hasta el final: estuvo con él hasta las nueve de la noche del 27 de octubre de 2010, el último día que pasó en vida. Incluso, le construyó el mausoleo en el que descansan sus restos. El año pasado, producto de su distanciamiento con la hoy vicepresidenta, mandó a su gente a dejarle las llaves del monumento mortuorio que se destaca en el cementerio de Río Gallegos.
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