
Mientras la Argentina se debate en un tire y floje con sus acreedores en el noveno default de su historia, la ola de emisiones de bonos en la región toma impulso
para dar batalla a la emergencia del coronavirus.
Honduras fue el último caso, mientras la Argentina mira con la ñata contra el vidrio. Se convirtió en la nación de América Latina con la calificación más baja en vender bonos en dólares en medio de esta pandemia.
El Gobierno hondureño vendió US$ 600 millones en bonos a 10 años con un rendimiento de 5,6 % en su primera oferta internacional en más de tres años, según Bloomberg.
La calificación está dentro de la categoría que se conoce como “bono basura” y está en el escalón más bajo de los que hasta ahora salieron a buscar fondos al mercado.
Podría ser un buen indicio de mayor apetito de riesgo en un mundo inundado de hiperliquidez por la emisión monetaria de los países desarrollados.
Entre los países de la región que ya salieron a emitir deuda a 10 años están Colombia, Perú, Chile, México, Guatemala, Brasil y Paraguay (recaudaron algo así como US$ 20.000 millones).
El soberano que coloca a menor tasa es Chile (2,5 %), lo que implica es percibido como la inversión menos riesgoso. Brasil, por ejemplo, pagó 4 %.
Pero también hubo varias emisiones entre otros emergentes, como Serbia, Egipto y Albania. Para poder dimensionar el fenómeno, Egipto logró la mayor emisión en su historia al colocar US$ 5.000 millones, tras recibir una demanda de US$ 22.000 millones.
Muchos mercados desarrollados recurrieron también a la financiación vía bonos como Israel, Arabia Saudita y Qatar y Emiratos Arabes ( que poseen “investment grade”, la máxima calificación). Sólo entre ellos obtuvieron US$ 500.000 millones.
De acuerdo con la información recopilada por el Institute of International Finance, el flujo neto acumulado de inversión de cartera de no residentes hacia mercados emergentes durante los primeros nueve días de junio totalizó US$ 11.500 millones, el mejor registro para el comienzo de un mes desde enero de 2018.
La trascendencia de esta reversión se vuelve evidente ante el desempeño de los útimos cuatro meses en los que se registraron salidas netas. En marzo, de hecho, se produjo la mayor salida neta de capitales registrada hasta el momento, US$ 73.000 millones, según destaca un informe de FMyA.
Se está abriendo una ventana de oportunidad para que los Gobiernos obtengan recursos para financiar los explosivos gastos a los que los enfrenta la pandemia, sin tener que abusar de la emisión monetaria. En la medida en que la región está en otra fase de la curva del coronavirus, hoy el foco está puesto en la reactivación de la actividad en economías que todavía buscan el piso.
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