
Suecia se ha despertado hoy pegada a la televisión. En una comparecencia histórica, el fiscal Krister Petersson ha revelado este miércoles la identidad del que con casi toda seguridad asesinó en
Laspesquisas que se dilatan ya durante 34 años, tres meses y diez días. El asesinato de Palme la noche del 28 de febrero de 1986, un hombre controvertido, defensor de los derechos humanos e incómodo para muchos Gobiernos, a los que criticó abiertamente -como a Estados Unidos por la guerra de Vietnam, o al sudafricano por el régimen del apartheid contra la mayoría negra, entre otros-, sorprendió a todo un continente y conmocionó a toda la socialdemocracia europea.
Las expectativas están altísimas en el país escandinavo de alrededor de diez millones de habitantes. Las conjeturas y las hipótesis se han ido multiplicando durante las últimas horas. Incluso algunos medios locales se aventuraron ayer a asegurar, citando fuentes anónimas, que el Palme Group (el grupo policial dedicado desde el día siguiente a la muerte del socialdemócrata a dilucidar lo ocurrido) había hallado por fin el arma con el que dispararon doblemente por la espalda, a quemarropa, a Palme cuando salía del cine en el centro de Estocolmo, sin guardaespaldas y junto a su esposa Lisbet, que resultó herida: un revólver Magnum .357 Smith&Wesson. Otras fuentes señalan, sin embargo, que lo que el fiscal va a anunciar en unos instantes es la autoría del magnicidio. Y los servicios secretos sudafricanos están ahora bajo todas las miradas. “Durante 34 años la pregunta ‘¿Quién mató a Olof Palme?’ y ‘¿Por qué?’ ha invadido a la gente en Suecia. Sea cual sea la respuesta mañana [por hoy] veremos cómo muchos suecos sienten un gran alivio”, señalaba ayer por correo electrónico Ulf Bjereld, reputado politólogo en la Universidad de Gotemburgo y simpatizante del partido Socialdemócrata, la formación de Olof Palme.
La vía sudafricana
La teoría sudafricana ha sido siempre una vía abierta en la investigación del asesinato de Palme cuando salía del Grand Cinema y se dirigía al metro para regresar a su casa. El que fuera primer ministro de Suecia entre 1969 y 1976 primero, y 1982 y 1986 después, era un grandísimo defensor de los derechos humanos y se había opuesto fervientemente al régimen de segregación racial en Sudáfrica. Una semana antes de su muerte, pidió públicamente la abolición del sistema de apartheid y mostró su apoyo al Congreso Nacional Africano. “Apoyaba a los países del tercer mundo y su derecho a la independencia”, recuerda Bjereld.
El diario británico The Guardian publicaba este lunes una investigación en la que aseguraba, citando fuentes anónimas, que los servicios secretos suecos se habían reunido con sus homólogos sudafricanos el pasado 18 de marzo en Pretoria; y que estos le entregaron un dosier a los escandinavos. Se desconoce su contenido, pero podría tratarse de nuevas evidencias que inculpan de la muerte de Palme a los espías sudafricanos de aquella época, o simplemente podría ser más información de lo mismo, de lo ya recabado durante más de 30 años.
El hombre de Skandia
Pero también hay quién dice que las autoridades podrían mañana dar carpetazo al caso responsabilizando de la muerte de una vez por todas a Stig Engström, conocido como el hombre de Skandia (nombre de la empresa en la que trabajaba). Engström había mostrado su rechazo el discurso político de Palme días antes de su asesinato y la investigación sostiene que tuvo acceso a un revólver del mismo tipo y modelo con el que Palme fue tiroteado. Murió, sin embargo, hace 20 años. Engström ya fue señalado en el pasado como sospechoso, aunque nunca llegó a ser procesado.
Suhohen y algunos medios suecos han avivado estos días el debate previo a una comparecencia oficial que podría poner fin a 34 años de una investigación llena de descuidos y torpezas. Por ejemplo, no se acordonó con suficiente rapidez la escena del crimen; una de las dos balas fue hallada por una persona ajena a la investigación. Pero pese a todo el ruido previo a un anuncio oficial importante, la realidad es que impera la incertidumbre.
Muchos analistas, como el columnista del Aftonbladet Oisin Cantwell, sostienen que lo más lógico es que el anuncio tenga algo de sustancia. Apunta, en este sentido, a que las autoridades podrían mostrar el arma del delito y descarta, por otro lado, nuevas inculpaciones pues Cantwell sostiene que en ese caso ya habría habido detenciones, algo de lo que no tiene constancia. Hasta ahora, y pese a las innumerables pistas y 130 inculpados, solo una persona, un vagabundo sin mucho que perder, ha pasado brevemente por prisión. Fue reconocido por la esposa de Palme, pero poco después de su entrada en la cárcel, fue liberado por falta de pruebas.
Lo que está claro es que el magnicidio de Palme, puede cerrar una herida que ha envenenado la sociedad sueca durante más de 30 años. El magnicidio de un político carismático, tan popular como controvertido, tan respetado como detestado, supuso un trauma colectivo en Suecia porque la violencia política parecía algo totalmente ajeno a este país, cuna del estado de bienestar, donde un primer ministro podía ir en metro al cine un viernes por la noche sin escolta. La incapacidad de la policía sueca para resolverlo, la multiplicación de las hipótesis y de las teorías de la conspiración, han mantenido abierto un caso, que incluso llegó a investigar a fondo antes de su muerte el célebre novelista y periodista Stieg Larsson.