
Olazábal al 4500, Villa Urquiza. A las 11.30 en punto comienzan a sonar las sirenas del cuartel. Más precisamente del autobomba con patente FFI 408. Hay una formación de bomberos parada
sobre la avenida, de frente al edificio. En la comisaría que está cruzando la calle, un grupo de policías formados observan la escena sobre la vereda. Tienen los patrulleros subidos a la acera y sus sirenas se mezclan con las del camión rojo.
Al minuto y medio deja de sonar la sirena de los bomberos. La de los patrulleros sigue hasta los dos y medio. El perro triste desde el balcón del primer piso de un edificio aledaño, molesto o empático con el sonido agudo de las sirenas -cómo saberlo-, interrumpe antes su aullido.Termina la pequeña ceremonia y el puñado de vecinos que se había acercado para acompañar a los efectivos en este momento difícil se acerca a los uniformados. Algunos se acercan.
Algunos habían parado el auto en doble fila para poder estar presentes. Se habían bajado y permanecido allí durante la ceremonia, como si hubiera sonado el Himno. Y se sumaron a todos los que aplaudieron sobre el final.
Las sirenas de los bomberos imponen un dramatismo especial, siempre, cuando se las escucha a lo lejos en la Ciudad porque nos dicen que algo se está incendiando. Cuando suenan porque se murieron dos bomberos y se escuchan al lado, el dramatismo se multiplica.
Es el momento de desconcentrar, pero el dolor es más fuerte. Varios vecinos se acercan a los bomberos que están de pie en la formación y les dan un apretón de manos. Hay un olvido llamativo del distanciamiento, incluso para este cronista que observa.
La comitiva oficial con el traslado del bombero al cementerio de Morón. Foto: Andrés D’Elia
Hasta que uno cae en la cuenta de que la cuarentena no se terminó, que sigue, y que hay gente que por unos minutos olvidó la impostación de chocar el codo para darse la mano. Para apretarse la mano. Estábamos en cuarentena.
Los policías que estaban en la vereda de enfrente se acercan. Como si fueran dos selecciones de fútbol, se saludan uno a uno antes de que empiece el partido, se estrechan las manos en señal de solidaridad y camaradería. Hay un sentimiento de dolor que atraviesa a la sociedad y en este pequeño acto se hace palpable.
El desgarro atraviesa tanto a los vecinos -“Yo los amo”, les dice una mujer que se detuvo-, conmovidos con lo que ocurrió en el Pigmento de Corrientes y Scalabrini Ortiz, como al efectivo policial y de bomberos, que hace que eso que la sociedad aprendió a llamar y a cumplir, el distanciamiento, se vea interrumpido.
Pero ese impasse parece alcanzar también a los funcionarios gubernamentales. Uno de los bomberos fallecidos fue enterrado este jueves en el cementerio de Morón. Hubo cortejo fúnebre y una inhumación como la que las familias solían hacer hasta que se desató la pandemia por coronavirus.
Participaron funcionarios del gobierno de la Ciudad. El dolor, como es natural, embargó a todos. Sin embargo, en Morón sucedió algo que, por la cuarentena obligatoria, ninguna familia puede hacer desde hace dos meses: despedir a sus muertos.
Trasladan el cuerpo cajón al cementerio ante la presencia de mucha gente conmovida con las muertes ocurridas en Villa Crespo.
Desde el municipio de Morón aseguraron a Clarín que intentaron frenar el entierro y no pudieron. Y que “ante el hecho consumado se intentó mitigar la propagación del virus. Se repartieron barbijos y se buscó mantener la distancia social en la medida de lo posible”, afirmaron.
Según fuentes oficiales, hubo contactos con el Ministerio de Seguridad porteño para intentar impedir el entierro, reiterados llamados desde la jefatura de Gabinete de Morón, pero los intentos a la luz de los resultados habrían sido infructuosos. Fue más fuerte el dolor y la intención de acompañar a la familia de uno de los bomberos muertos en el incendio de Villa Crespo siguió adelante.
Desde Morón aseguraron que no hubo autorización para realizar el entierro, que fue una situación que se dio de hecho y que no la pudieron frenar. Que el protocolo que impide los entierros por la cuarentena sigue vigente.
Este diario se comunicó con representantes del Gobierno porteño para conocer el motivo de acompañar a la familia en este entierro multitudinario que observaron millones de argentinos conmovidos por televisión. “Entendemos que fue algo que motorizó la familia”, dijeron sin dar más detalles. Y se comprometieron a indagar en cómo se había gestado todo.
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