
En un país en llamas por las protestas raciales que se han extendido durante ya seis noches, por una treintena de ciudades, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene
“Tenéis que arrestar a la gente, y tenéis que procesarlos, y deben ir a la cárcel por periodos de tiempo largos”, ha añadido. “Lo estamos haciendo en Washington DC. Vamos a hacer algo que la gente nunca ha visto antes”. El presidente ha llamado “escoria” a los alborotadores y ha dicho que Minnesota, epicentro de las protestas tras la muerte a manos de la policía del afroamericano George Floyd, se ha convertido en “un hazmerreír por todo el mundo”.
Han atendido a la conferencia telefónica, además de los gobernadores, mandos policiales y del equipo de Seguridad Nacional. También ha estado el fiscal general William Barr, que desde hace meses ha asumido el papel de ejecutor de la agenda más dura del presidente. Barr ha explicado a los gobernadores, según Associated Press, que se desplegará a un equipo de agentes antiterroristas para localizar a los agitadores.
“Tenéis que ser más duros”, les ha dicho Trump. Y les ha presionado para desplegar a la Guardia Nacional, a la que ha atribuido la mejora de la situación el domingo por la noche en la ciudad de Minneapolis, donde empezaron las protestas por la muerte de Floyd. El mandatario ha defendido que ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Filadelfia, donde se registraron episodios violentos el domingo, deberían seguir el ejemplo.
Ya el sábado, antes de viajar a Florida para presenciar el lanzamiento del cohete de la compañía SapceX a la Estación Espacial Internacional, el presidente había presionado a los gobernadores de los Estados. “Deben ser más duros y siendo más duros honrarán su memoria”, dijo, en referencia a Floyd. En Twitter, Trump viene acusando a la extrema izquierda de los disturbios. “Son los antifascistas y la extrema izquierda. ¡No echen la culpa a otros!”, dijo.
El domingo por la noche, la sexta jornada de protestas contra el racismo en las fuerzas de seguridad, al menos 25 grandes ciudades del país decretaron el toque de queda ante el aumento en intensidad de los disturbios. Imágenes como las de una iglesia histórica en llamas frente a la Casa Blanca o el Ejército patrullando las calles de Santa Mónica sirvieron de símbolos de que la protesta está aún lejos de amainar.